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13:10 el 23 septiembre 2009

Finanzas personales, IT, MKT y Personas

Dejar de ganar es tan importante como perder

Hace una semana, Manuel Conthe comentaba en su blog un artículo del profesor Steven Kerr. Entre otras muchas cosas interesantes, hablaba de la asimetría de los errores médicos y su impacto en el sistema sanitario americano. Éstos pueden ser de dos tipos, (I) diagnosticar enfermedades inexistentes a pacientes sanos y (II) no diagnosticar enfermedades ciertas a pacientes que las sufren. A mí, este planteamiento me recuerda mucho a lo que ocurre en torno al mundo del asesoramiento financiero y la gestión de fondos de inversión.

Un gestor puede cometer el error de estar invertido cuando la bolsa cae, pero también sería un error nefasto estar en liquidez si la bolsa sube. Me temo que la valoración de los dos errores no es simétrica pero, ¿debería serla?

De todos es sabido que el peor de los errores sería cometer ambos, es decir, comprar en la cima del mercado y vender, en el momento de mayor sufrimiento, cuando los precios están por los suelos. Desgraciadamente, es más usual de lo que pueda parecer y el efecto del “paso cambiado” está a la orden del día en las decisiones de inversores particulares y, sí, también de los institucionales que, como humanos, toman decisiones irracionales. Cosas del espíritu animal del que hablaba Keynes en su Teoría General.

Encontrar el mejor momento para entrar y salir de bolsa, y actuar en consecuencia, es el reto perseguido por todos los inversores. La clave, además, es que se haga durante el tiempo necesario como para que resulte atractivo y valioso. Una vez iniciado este camino hay que estar preparado porque, hasta la fecha, nadie ha conseguido hacerlo de forma consistente, lineal y sostenida. Además, hay que tener presente que el riesgo de hacerlo mal es demasiado alto como para despreciarlo.

Nuestro cerebro más primitivo está diseñado para actuar en momentos de gran estrés sin mediar argumentos racionales. Cuando la tribu advierte la presencia del león, lo mejor es huir. Si un miembro se para a pensar, corre el riesgo de ser devorado, así que no es suficiente con escapar, sino que además conviene correr el máximo posible, más que tus compañeros de caverna. Este sistema nos ha permitido llegar hasta hoy, pero no resulta muy útil cuando se trata de tomar decisiones de inversión.

El partícipe expuesto a las pérdidas, no sólo acabará vendiendo, también tardará un tiempo (el que el mercado se tome para retomar niveles previos a la caída) en volver a invertir. Tengo por cierta una teoría sobre la exposición al sufrimiento que cuenta Dan Ariely en su libro Predeciblemente Irracionales. Ariely sufrió en un incendio quemaduras muy severas. Tras varios años de asistencia a sesiones de rehabilitación, sugirió a las enfermera de la Unidad de Quemados que, en contra de la práctica habitual de despegar las vendas de la piel dañada con un tirón seco y rápido, para aliviar el dolor de los pacientes, procurasen hacerlo lentamente y con suavidad. Lo que en una piel sana puede ser recomendable, en un miembro en carne viva, resultaba dolorosísimo.

La respuesta de la Enfermera Jefa dejó pensativo a Dan: “no está teniendo usted en cuenta que, al hacerlo de ese modo, el tiempo de exposición de las enfermeras a una experiencia desagradable aumentaba, lo que hacía de la cura algo penoso”.

Me parece que en muchos casos, el gestor o el asesor financiero, que vende o recomienda vender (y meter el dinero en cuenta) está yendo en contra de los intereses del inversor. Una cosa es la prudencia y la gestión eficiente y otra muy distinta el apoyarse en aquello de “mejor no me mojo no sea que me equivoque”.

Desde marzo las bolsas han subido más de un 50%, permitiendo ver muy de cerca los niveles previos a la caída de Lehman. Si además miramos cómo lo han hecho algunos gestores flexibles de renta variable, gracias a la selección de valores, a la rotación sectorial y al compromiso y coherencia con su modelo de gestión, estamos hablando de retornos de casi el 140%. Perderse estos momentos supone renunciar a buena parte de la rentabilidad de la bolsa y, lo que es peor, volver cuando la cresta de la ola este empezando a descender.

Ocurrió en 2003 cuando las campañas masivas de garantizados dejaron a los partícipes las migajas de la recuperación bursátil. Y mucho me temo, que esté pasando ahora. Y no sólo al inversor particular. La categoría de fondos que más patrimonio atrae en 2009 es la de garantizados de renta fija.

Es curioso, pero el pasado es sólo lo que hicimos y no lo que dejamos de hacer. Comportándonos así, es muy difícil tomar decisiones de inversión sensatas.

Nota: Este artículo fue publicado por su autor, Asociado €FA nº 48, en la edición de Mercados, el suplemento salmón de El Mundo, el domingo 20 de septiembre de 2009.

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1 comentario
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Hola Enrique. Bueno, o no sería tan categórico como suguere el título de tu post. Creo que en determinadas circunstancias dejar de ganar PUEDE ser tan importante como perder, cunado uno no consigue alcanzar los objetivos planteados. Es obvio que invertir en fondos monetarios con el objetivo de obtener una rentabilidad a largo plazo, digamos del 5% anual, es un error. Pero en términos generales, hay que reconocer que dejar de ganar es mejor que perder (más vale un empate que una derrota, por lo menos se consigue un punto). Luego, hay muchas circunstancias en las que dejar de ganar puede tener sentido. Supongamos que soy un asesor financiero que ha tenido la suerte de convencer a mis clientes de sobreponderar la renta variable en sus carteras a finales del mes de marzo. He conseguido una rentabilidad estupenda en ese periodo. Puede tener sentido reducir la exposición a mercado tras este rally extraordinario, aún sabiendo que las bolsas pueden seguir subiendo. Que el último duro lo gane otro, es una filosofía perfectamente válida... siempre y cuando estemos cumpliendo los objetivos planteados al cliente. Forma parte de la labor del asesor explicar el porqué de esta decisión si no corremos el riesgo de tener clientes constantemente insatisfechos: si la bolsa española sube un 20% y sólo has conseguido un 15%, te lo reprocharán; si has conseguido un 25%, te recordarán que la bolsa de Birmania se ha revalorizado un 300% y te preguntarán por qué no has invertido en ese mercado.
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