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17:04 el 05 mayo 2016

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El Silencio de los Conservadores.

Hace unos 4 años la situación de las economías europeas divergía tanto que los Mercados cotizaban defaults en casi toda la periferia. Las primas de riesgo arrojaban a media Europa en brazos de la insolvencia y Alemania le negaba a Draghi el permiso para inundar de billetes el sur del continente. La cuenta atrás para la ruptura de la UE estaba en marcha, y  así lo advertimos entonces en Gurusblog. Sin embargo, contra todo pronóstico (al menos el nuestro), Draghi desoyó las consignas de Schäuble y comenzó a ampliar el balance del BCE como venía haciendo la FED desde 2008. Ese fue el inicio del rumbo a lo desconocido del colectivo de economías desarrolladas.

Hoy, 4 años después y con el QE de la FED acabado o pausado, son ya mayoritarias las voces de analistas que proclaman que jamás se debió inundar el Sistema de dinero electrónico para ejercer esta represión financiera. Los efectos colaterales de la compra masiva de activos por parte de los bancos centrales y los tipos de interés negativos van más allá de la  condena a los inversores. Son efectos secundarios ya muy visibles que comienzan a perjudicar seriamente a aseguradoras y fondos de pensiones, entre otros agentes esenciales del Sistema financiero. El flight-to-yield de estos institucionales es tan temerario y devastador como la ausencia de rendimientos en sus inversiones si siguen con sus carteras de siempre. Pero eso es solo la punta del iceberg, la guerra de divisas está ya en modo 2.0, el efectivo se penaliza y sin embargo el dinero circula menos que antes, a pesar de que el precio de la renta fija siga en modo burbuja. Un despropósito irreversible sin caos.

En estos 4 años de QE cuasi global los inversores tradicionalmente conservadores están asumiendo unos riesgos que ni se imaginan. Muchos han seguido las directrices de gestores y asesores que simplemente no conocen alternativas conservadoras más allá de la tradicional renta fija. Otros sin embargo, sabedores del riesgo de insolvencia global, han seguido comprando los activos subvencionados directa o indirectamente por los bancos centrales por miedo a ir a contracorriente, a llevarle la contraria a quienes tienen el poder de fabricar dinero. Todos ellos han asumido, y están asumiendo un riesgo fundamental que combina insolvencia con (in)decisiones políticas. Es cierto que hasta hoy la apuesta les ha salido bien, puesto que los bonos de países y empresas insolventes han subido de precio hasta tan aberrantes niveles que generan rendimientos nulos o incluso negativos. Y ello les ha supuesto unos beneficios adicionales a los cupones, que religiosamente los bancos centrales se han encargado de que puedan pagar. Pero este perfil inversor, que navega a la deriva de las corrientes de bancos centrales y del Mercado en general, no se puede calificar de conservador por el simple hecho de no invertir en bolsa y haber salido airosos hasta el día de hoy.

Es cierto que los profesionales que advertimos del riesgo de invertir en insolvencia y política monetaria, y nos posicionamos evitando esos activos distorsionados, hemos soportado un cierto coste de oportunidad. Y que otros activos más solventes no han proporcionado en estos 4 años los rendimientos constantes que han tenido por ejemplo los tenedores de deuda periférica o los productos bancarios basados también en la benevolencia de bancos centrales. Pero el norte que ningún inversor debería perder de vista jamás es el Valor y la solvencia de los activos en los que invierte. No su rendimiento a corto plazo. En el escenario actual en el que los bancos centrales nos han metido, tanto la búsqueda despreocupada de rentas como la tozudez en la consecución de las mismas, son un billete de ida sin retorno hacia la pérdidas. Y hasta que no se purgue penosamente el Sistema, el inversor conservador debería centrarse más en preservar su capital que en incrementarlo, si no quiere asumir riesgos impropios de su perfil.

La política de la patada a seguir ha penalizado el dinero en favor de la deuda, ha perjudicado la solvencia en favor de la insolvencia, en definitiva ha ignorado los fundamentales en favor de la burbuja. Y la actual represión financiera está teniendo ya unas consecuencias insostenibles que nadie sabe cómo paliar, puesto que levantar el pie del acelerador (subir tipos en USA o reducir QE en Europa o Japón) derivará en turbulencias muy violentas en unos Mercados que cotizan irrealidad. Dichas turbulencias a su vez generarán desajustes inconmensurables en las divisas y exacerbaciones de las ya tremendas tensiones políticas y monetarias existentes a día de hoy. Un escenario que se les irá de las manos a los todopoderosos bancos centrales en cuanto intenten cualquier corrección de la deriva intervencionista. Y es que este panorama nos pilla en territorio apache, puesto que el Sistema Financiero jamás había estado tan distorsionado como hoy. Sus inercias y reacciones en cuanto se levante el pie del acelerador con tanto desbarajuste son absolutamente imprevisibles.

No sabemos cuánto tiempo más puede mantenerse el castillo de naipes que comenzó a levantarse hace ya casi una década. Pero es evidente que hace 4 años se aceleró su alocada construcción, y su altura e inestabilidad es más incontrolable cada día que pasa. Cuando las turbulencias comiencen a afectar los precios de los activos más inflados, serán precisamente las carteras de los mal llamados inversores "conservadores" las que  sufrirán más pérdidas permanentes, puesto que sólo otra burbuja igual de bancos centrales podría hacer volver las cotizaciones de renta fija a sus precios actuales. Por su parte, los inversores que hayan buscado Valor en renta variable, sufrirán también pérdidas, pero éstas serán sólo transitorias puesto que el dinero regresará razonablemente a valores que tengan suficientes beneficios, en cuanto el pánico se relaje.  Que la volatilidad no nos impida ver el bosque.

El resultado de esta demencial situación es que paradójicamente los más conservadores, que durante estos últimos 4 años balaban al unísono con sus activos sostenidos por los bancos centrales, pueden quedar en un silencio sepulcral en cuanto bata las alas cualquier mariposa y las turbulencias desestabilicen este equilibrio insostenible. Ese silencio de los conservadores sería tan macabro como el de los corderos de Jodie Foster en la oscarizada película del temible Hannibal Lecter.

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