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00:01 el 31 agosto 2015

Banca Privada. Efpa III EFP: EUROPEAN FINANCIAL PLANNING

Buscando patrones

Durante este mes de Agosto de 2015 la economía china ha hecho trastabillar a los mercados de todo el mundo. Es en estos momentos, en el caos que hoy llamamos presente y mañana historia, cuando numerosos analistas no se pueden resistir a buscar similitudes con las crisis anteriores. Sin duda este hecho es intrínseco al ser humano, empezamos por ajustar nuestra visión a la sorpresa y entonces le buscamos una causa y una explicación.

Aunque entre los hechos posibles, la crisis subprime y los problemas de la economía china tengan poco que ver entre sí, las comparativas tienen ciertamente éxito mediático.

En las circunstancias actuales me permito insistir en que la manida volatilidad vuelve a ser una falacia de medición del riesgo.Os conmino a recordar como períodos de baja volatilidad pueden generar una percepción de bajo riesgo en el futuro más o menos inmediato. En este sentido hemos tenido numerosos casos de lamentables consecuencias, como por ejemplo bonos que no tenían prácticamente alteraciones en su precio, hasta que una mala noticia ocasiona pérdidas irrecuperables.

Vale la pena entonces recordar, aunque solo sea por nemotecnia, la metáfora del pavo de navidad (sus días transcurren plácidamente, es engordado y tratado diligentemente hasta la víspera de Navidad, cuando en lugar de darle de comer le cortan el cuello...). Fijémonos que un solo dato en contra invalida la serie por completo y numerosos datos a favor no la verifican en su totalidad.

Asimismo períodos como el actual de alta volatilidad pueden generar una percepción de alto riesgo y paralizarnos, haciéndonos perder oportunidades.

Aclaremos de una vez por todas que alta volatilidad no es sinónimo de alto riesgo, ni baja volatilidad es igual a bajo riesgo, y que la volatilidad no tiene ningún poder predictivo.

Aunque como dijo Eintein “es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, intenten olvidar por unos momentos a Sharpe, Markowitz. Scholes, Merton, etcétera, o a quién les hable de ellos.

A pesar de que sabemos que descreer es una tarea fatigosa y difícil para nuestra mente, y que somos siervos de nuestros prejuicios, les animo a dudar. Porque paradójicamente hay teorías que sobreviven incluso cuando las pruebas empíricas las falsean, sean escépticos.

Entiendo que muchos prefieran tener un modelo de medir el riesgo a admitir aleatoriedad o incongruencia, pero solo sirve para dar respuestas a sus temores. Reducir la preocupación no es lo mismo que reducir el riesgo, reducir fluctuaciones no equivale siempre a reducir riesgos.

La complacencia de los mercados en los años anteriores a la crisis que se inició en 2007 no es comparable a la situación actual. No quiero decir que hoy no existan dudas, ni riesgos, ni desequilibrios macroeconómicos, pero como decía Daniel Lacalle en un reciente artículo: “si usted es value apague las pantallas y lea balances y estados de caja”.

Lo que creo que quiere decir es: ”sean ustedes racionales, inviertan por motivos sensatos y no se dejen llevar” así como dibujaba de forma más literaria Stendhal “uno de los rasgos del genio estriba en no seguir, en el pensamiento, el surco que haya trazado el vulgo”.

El primer paso para desconectar las pantallas debe ser reconocer que nuestros pensamientos están influidos por el entorno más de lo que desearíamos, que desconocemos los procesos que se generan en nuestra mente, y que mantener una constante vigilancia ante estos sesgos es una ardua misión (todo el mundo cree conocerse bien a sí mismo). Aceptemos que mantener una coherencia continuada en el tiempo requiere disciplina. El objetivo final es mantener las decisiones racionales que tomamos en el momento deliberativo, y en todo caso revisarlas pausadamente.

Debemos evitar correlacionar errores y así poder evaluar de forma independiente cada decisión. Estamos programados para buscar explicaciones causales (de causa), somos buscadores de patrones, nuestro pensamiento es bueno explicando historias y haciéndolas creíbles. Pero es complicado ser un buen notario de nuestras propias experiencias, el paso del tiempo va modificando los recodos de la memoria.

Además nuestros pensamientos son susceptibles de incurrir en errores sistemáticos y repetitivos provocados por sesgos difíciles de controlar. Y tenemos una atención y una capacidad limitada, de esta forma lo describía magníficamente Dickens: “este pensamiento, acuciándome al despertar, dejó a los demás alejados en confuso tropel”.

Y por último (por esta vez), huir del salto a las conclusiones prematuro nos alejará de fallos reiterativos. Darnos pausa y reflexión es primordial e ineludible para evitar errores. La intuición es buena para muchas facetas de la vida, pero en los grandes números y en la estadística es paupérrima. Los mercados y la economía en general suelen ser contra intuitivos.

 

 

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