Esteban (6º) 

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Esteban
10:57 el 14 enero 2013

Todo lo que les deberías decir a tus hijos sobre el dinero

Acabo de leer este artículo en Cotizalia y me ha parecido muy interesante :

 

Los padres se enfrentan a un gran número de dudas según sus hijos se van haciendo mayores. La mayor parte de ellas se refieren a la educación afectiva (¿cómo hablarles del amor?), a los cambios que afectan a su cuerpo o a las herramientas que han de adquirir antes de entrar al mundo de los adultos. En muchas ocasiones, los consejos proporcionados por la psicología suelen referirse en temas generales, pero hay diversos aspectos muy concretos que han sido tratados en profundidad. Uno de ellos, cómo hablar a los niños de dinero, ha gozado de un previsible boom durante los últimos tiempos, ocasionado por un contexto económico en el que saber qué hacer con nuestro dinero es condición sine qua non para no caer en los mismos errores que las generaciones que nos precedieron.

Existen dos grandes tendencias en lo que concierne a la manera de hablar a los niños sobre dinero, y que se resumen en la pregunta de si es preferible hablarles de manera más directa desde un primer momento, o explicar poco a poco y de forma más metafórica este tipo de cuestiones. Como siempre, la edad y la etapa del crecimiento son factores esenciales: según la habitual división establecida por Jean Piaget, no es hasta la segunda etapa del desarrollo, la preoperacional, que el niño empieza a entender el concepto de dinero como algo que trasciende las monedas y los billetes. Pero es en la tercera etapa, la de las operaciones concretas, entre los siete y once años, cuando comienzan a adquirir otra noción de las cantidades numéricas.

Muchos cuentos explican la importancia del ahorro y el trabajo duro. Por eso, el primer contacto con la educación financiera que reciben muchos niños se realiza mediante los cuentos. No tan solo los que están escritos con tal objetivo, en un mercado en continua expansión y en el que figuran pequeños libros como El mono hambriento de dinero de Paul Peters, pero también gran parte de los cuentos tradicionales, como los de Samaniego y De La Fontaine. ¿No es la moraleja de la cigarra y la hormiga, además de un recuerdo de la importancia del trabajo, una forma de recordar el valor del ahorro? Aunque quizá, otros relatos como El dinero llovido del sueño, de los hermanos Grimm, en el que una niña se hace rica de repente (gracias a dicho dinero caído de las alturas) después de haber dado todo lo que poseía a los demás, no hayan hecho más que refrendar la noción de que el dinero llega rápidamente a todos los que se comportan de manera moral. Ese tipo de mitos basados en nociones ilusorias son los que hay que intentar evitar que nuestros hijos aprendan. ¿Cómo?

¿De manera directa o con metáforas?

Cada vez son más los psicólogos que apuestan hablar del dinero de manera directa, sin ambages ni rodeos. La psicóloga autora de Money Doesn’t Grow on Trees Neale S. Godfrey señala que uno de los grandes errores en la educación financiera de los niños se ha originado por el hecho de considerar el dinero como “la raíz de todos los males”, y por ello mismo, un tema tabú a evitar hasta que la realidad se imponga y no quede más remedio que comprender cómo son las reglas del sistema. En muchas ocasiones, demasiado tarde. En otras, de manera incompleta. Los datos que la autora ofrece, en lo referente a Estados Unidos, hablan por sí mismos: el 56% de los padres de adolescentes que acaban de terminar el instituto creen que sus hijos no están preparados para manejar su propio dinero, el 78% de estos adolescentes no administran su capital y menos de la mitad de los progenitores consideran que son buenos ejemplos para sus hijos en lo que concierne al manejo del dinero.

El dinero requiere haber adquirido el pensamiento abstracto. En la serie de Money Matters for Kids, de Larry Burkett y K. Christie Bowker, dirigido a un público más pequeño, sus autores recuerdan que en muchas ocasiones, la complejidad de las ideas económicas son demasiado complejas para que los niños las entiendan, o simplemente, les interesen, especialmente los más pequeños. La perspectiva adoptada por los autores es profundamente cristiana, y señala que el dinero es un bien divino y que como tal, debemos administrarlo de manera correcta. Sin embargo, ese sentimiento de deuda implica la aceptación de una responsabilidad en la que ha de basarse el comportamiento económico de los niños.

La importancia de lo que no se ve

Uno de los problemas a los que han de enfrentarse los niños del mundo contemporáneo es, como señala el economista Martin Frost, que habitan en una sociedad donde la mayor parte del dinero es invisible, y la mayor parte de pagos y compras no se realizan con dinero en efectivo. Es un factor importante, ya que para un niño que aún no ha desarrollado de manera completa el pensamiento abstracto, pensar que cualquier objeto o servicio se puede obtener a cambio de firmar un cheque o entregar una tarjeta, puede hacerle relativizar la importancia del dinero.

El quid de la cuestión se sitúa, como en tantos otros ámbitos de la vida, en ser capaces de que el niño desarrolle una conciencia del dinero que le lleve a comportarse de manera responsable con él, al mismo tiempo que aprender de que el dinero no lo es todo. Encontrar el punto medio es el gran reto para cada padre. En ese sentido, la gran especialista sobre el tema, Janet Bodnar, autora de Raising Money Smart Kids y Dollars and Sense for Kids, afirma en las páginas de este último libro que el hilo conductor en el comportamiento de los padres debe consistir en “ser sinceros, ser congruentes y utilizar nuestro propio sentido común”.

Si no empiezas comportándote de manera correcta con tu dinero, tu hijo jamás lo hará. Lo importante, señala la autora, es comenzar desde abajo, a pequeña escala, ya que sus principios se trasladan fácilmente a otras consideraciones más generales. Por ejemplo, proporcionar una paga al niño, por pequeña que sea, le obligará a plantearse ciertas preguntas que no tendría que afrontar que si simplemente se le compra todo lo que pide. Por ejemplo: “¿Qué puedo comprar con este dinero? ¿Qué hago con lo que me sobra? ¿Qué puedo hacer para comprar eso que es más caro que mi paga semanal? ¿Cómo se obtiene el dinero? ¿Por qué otros chicos tienen más dinero?” Ese quizá sea uno de los puntos más difíciles de hacer entender a un niño: por qué la riqueza no está repartida de igual manera para todos.

Comprendiendo la desigualdad

Junto al momento en el que el niño se enfrenta por primera vez a la idea de muerte, seguramente el instante en el que el pequeño ha de comprender que el mundo es injusto sea el más complicado en su crecimiento. Será a través de los compañeros de clase como comenzará a darse cuenta de que quizá no todos los niños pueden vestirse con las mismas ropas, ir a los mismos lugares o salir a cenar a los mismos sitios. Neale S. Godfrey afirma en Money Doesn’t Grow on Trees, que lo importante es “hacer entender que el dinero es una medida de valor”. Es decir, que el dinero es una medida del valor del tiempo dedicado, del esfuerzo, o del precio que cuesta la producción de los objetos. Pero también hay que hacer comprender que no todo marcha bien y que hay ocasiones en las que el esfuerzo no tiene por qué acarrear necesariamente una buena situación económica. Como señala el emprendedor británico Michael Lewis, que acaba de poner en marcha un proyecto con el objetivo de hacer que la educación financiera forme parte del curriculum de la escuelas primarias inglesas, “la ausencia de educación financiera perpetúa las desigualdades financieras”.

En un artículo del Huffington Post, la propia Godfrey hace referencia a un tema del que no se suele hablar con mucha frecuencia pero que es cada vez más frecuente, el money bullying, es decir, el acoso escolar originado por el dinero. En este caso, no se trata de la marginación del niño de clase más baja por parte de los chavales con mayor poder adquisitivo, sino todo lo contrario: los matones del colegio que piden al joven con más recursos que les compre el almuerzo “porque tiene dinero”. ¿La solución? Entre otras, hablarles a tus hijos de la situación, hacerles entender que no hay que alardear de tener dinero, plantearles actividades alternativas de ocio que no impliquen gastar mucho o explicar la importancia de hacerse valer ante las demandas de sus amigos. Por supuesto, la mejor estrategia, como ocurre siempre con los niños, es dar ejemplo. Si no empiezas comportándote de manera correcta con tu dinero, tu hijo jamás lo hará.

Yo trato de hacerlo así con mis nietos , como antes lo hice con mis hijos y me ha dado muy buen resultado.

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