Ferran NAD  

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FerranNad
18:15 el 14 mayo 2015

3 Consejos para no destruir tu imagen financiera

La marca es el activo más importante de una empresa y lo que la diferencia de la competencia. El branding corporativo cuesta años construirlo y de la misma forma que tarda mucho tiempo en formarse, puede destruirse en muy poco tiempo. Una estrategia equivocada, basada únicamente en el corto plazo, o una mala gestión en un momento determinado pueden suponer el fin de una reputación y un prestigio de años. Otra causa, muy común en esta época, es transmitir una idea y comportarse de manera opuesta. Y es que el público en la actualidad no sólo se fija en el beneficio personal que le aporte una marca, sino también en los valores que transmite y lleva a cabo.

Causas que pueden llevar a la destrucción de una marca

Lo primero que hay que hacer al iniciar una empresa es crear una imagen de marca, que a largo plazo acabe convirtiéndose en reputación. Para ello, es fundamental empezar por la propia identidad que debe tener esa marca. La identidad de marca es lo que define quiénes somos y lo que nos hace diferentes de la competencia. Para ello, es necesario basarse en nuestra historia y valores para poder proyectarlos hacia el exterior. Pero, ¿qué ocurre cuando eso no se lleva a cabo?

  1. Perder la identidad supone dejar atrás el camino iniciado al comienzo de una marca. Diluir esa identidad, que nos hace singulares y que marca los cimientos sobre los que se ha erigido nuestra estrategia de marca, supone perder el objetivo final de la organización. Es decir, la guía para nuestros productos y servicios, y la guía que nuestros empleados deberían tener en nuestra empresa y especialmente en marcas corporativas.

  2. El segundo gran error es no mostrar una sólida consistencia de marca. Es decir, transmitir unas ideas y, a la hora de la verdad, actuar de forma totalmente opuesta. Aunque no lo parezca, los usuarios se percatan de este tipo de movimientos de las marcas y responden quitándoles su confianza. Por eso, es importante mantener el equilibrio entre nuestra identidad y lo que comunicamos con lo que finalmente ofrecemos a los clientes.

  3. Gestionar mal la experiencia de marca es, posiblemente, la forma más fácil de destruirla. Sobre todo en una empresa que ofrece servicios. Esa debe ser la obsesión principal para cualquier brand manager, procurar que la experiencia del cliente sea lo más satisfactoria posible. Primero porque mantener contentos a los usuarios supone fidelizar al cliente. Y segundo, porque también se crea imagen de marca.

En definitiva, conseguir hacerse un hueco en el mercado y construir una imagen de marca adecuada es difícil y es un camino que puede durar años. Por eso, hasta el más mínimo detalle forma parte de esa imagen: desde el diseño de packaging a la forma en la que tratamos a nuestros trabajadores. El branding corporativo, por lo tanto, es un activo que hay que cuidar diariamente. Y es que la destrucción de una marca puede producirse en cuestión de segundos.

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