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Gendaran
22:45 el 08 diciembre 2010

Dinámica carrera como responsable ejecutivo de operaciones y desarrollo de negocio, derivada de la experiencia en departamentos clave y con personas que toman decisiones.

El tigre enfermo: ¿Por qué Irlanda sigue sin ver la luz?

El país apodado en el pasado como el “Tigre Celta”, por la transformación económica experimentada que le llevó a niveles de crecimiento extraordinarios, atraviesa actualmente una fase impresionante de mala suerte. Aunque la tempestad económica de los últimos dos años no haya esquivado a ningún país, pocos sintieron tanto su ira como Irlanda.

Desde 2008 a finales de  2010, se espera que la economía irlandesa se contraiga un 11,6%, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). “Irlanda es un desastre”, dice Desmond Lachman, investigador residente de American Enterprise Institute of Public Policy Research (AEI), un think tank de Washington, D.C. “Llamar recesión a lo que está sucediendo en Irlanda es un eufemismo. El país está, en realidad, a medio camino de la depresión”.

El colapso, y el crecimiento vertiginoso que le precedió, fueron causados por una confluencia de factores. Colaboró también la entrada de Irlanda en la zona euro en 1999. Los bajos tipos de interés fijados por el Banco Central Europeo (BCE) alimentaron el boom inmobiliario en el país, que fue alegremente sostenido por el Gobierno. “El Gobierno quería que la explosión del sector inmobiliario y comercial siguiera adelante dada su importancia para el empleo, el consumo y otros indicadores económicos”, señala Mary O'Sullivan, profesora de Gestión de Wharton. “En algún momento, el Gobierno se convirtió en rehén de ese ciclo y arremetió contra todos los que decían que la prosperidad era insostenible”. Pero cuando el mercado inmobiliario se sobrecalentó, desmoronándose a continuación, arrastró a la economía irlandesa.

¿Será posible volver a aquellos días de gloria? “No creo que Irlanda pueda volver a los mismos niveles de crecimiento de los años de prosperidad”, afirma Melanie Bowler, economista de Economy.com, de Moody’s. “Ese tiempo ya no volverá”.

Tiempos de provocación

En los últimos 20 años, Irlanda fue testigo de dos momentos diferenciados de prosperidad económica. A finales de los años 80 y 90, la economía del país se alimentó, en gran medida, por la cuota reducida del impuesto a las empresas —hoy en un 12,5%— y también por montantes considerables de inversiones directas externas, principalmente de EEUU y de países europeos. De acuerdo con Economy.com, las empresas extranjeras empleaban cerca de un 15% de la fuerza de trabajo del país antes de la recesión y continuaban representando aproximadamente un 90% de las exportaciones, entre productos farmacéuticos, químicos y de alta tecnología.

Según observa Philip Nichols, profesor de Estudios jurídicos y de Ética en los negocios de Wharton, “Irlanda estaba en el sitio acertado, en el momento adecuado, ya que se trata de país de lengua inglesa y con instituciones fuertes y confiables; posee una fuerza de trabajo relativamente bien instruida que aceptó ganar salarios comparativamente bajos y que acogió al libre comercio de la Unión Europea. Junto con él, vino la industria de alta tecnología, de movilidad relativamente fácil y que buscaba un hogar”.

La segunda mitad del crecimiento, después del año 2000, fue obra del sector inmobiliario. El BCE mantuvo los tipos de interés bajos durante la década pasada mientras las grandes economías de la zona del euro, Alemania y Francia entre otras, crecían lentamente. El PIB de Irlanda aumentaba rápidamente, y el dinero barato era como gasolina en la hoguera. “La economía se sobrecalentó”, observa Diego Iscaro, economista senior de la empresa de investigaciones IHS Global Insight. “Eso llevó no sólo a un aumento enorme del gasto del consumidor, sino que también hizo prosperar al sector inmobiliario”.

El gobierno irlandés, con sus políticas fiscales, hizo muy poco para atenuar tales excesos. “Se redujeron los impuestos sobre ganancias de capital y el Gobierno dio incentivos a los inversores de bienes inmuebles”, dice O'Sullivan. “Si el Gobierno hubiera querido acabar con la burbuja inmobiliaria, debería, ante todo, haber puesto fin a las amnistías fiscales”. Con relación a las restricciones que la UE imponía a los gobiernos de los países, O'Sullivan añade: “No hay evidencias de que el Gobierno, si hubiera tenido control sobre la política monetaria, habría actuado con sensatez estallando la burbuja inmobiliaria”.

Esa burbuja es lo que Lachman, del AEI, llama “la madre de todos los booms inmobiliarios”. De acuerdo con un estudio publicado en diciembre de 2009 por Morgan Kelly, profesor de Economía del Centro de Investigación Económica de la Universidad College Dublín (UCD), en los años 90 la construcción de viviendas en el país aumentó del 4% al 6% del PIB— franja típica de cualquier nación desarrollada — hasta un 15% en 2007. Otros tipos de construcción contribuyeron con un 6% más a la renta nacional.

Los bancos prestaban con avidez y satisfacción, lo que ayudó a empujar los precios de la vivienda hasta niveles estratosféricos. En 1995, quien compraba una casa por primera vez contrataba, de media, una hipoteca equivalente a tres veces la media anual de ingresos de un trabajador irlandés. A finales de 2006, ese número se había disparado llegando a ocho veces el valor de los ingresos anuales de un trabajador, según datos del UCD.

La preparación de un desastre

Entre 2001 y 2007, el PIB de Irlanda creció una media del 5,5% al año frente a un 1,9% registrado en toda la zona euro. Todas las actividades de construcción, entre las que se incluyen impuestos sobre ventas de casas, ayudaron a llenar los cofres del Gobierno irlandés, que pasó a depender exageradamente de esos fondos. Esa mezcla de factores, junto con los aumentos de salarios concedidos a los funcionarios públicos, impulsó la renta per cápita, haciendo que el país se volviera cada vez menos competitivo.

Las señales de que algo no iba bien comenzaron a aparecer a principios de 2007. Las pérdidas de los bancos aumentaron, el crédito se contrajo y el desempleo se disparó. De acuerdo con el estudio de la UCD, los nuevos precios de la vivienda y de las propiedades comerciales podrían llegar, a fin de cuentas, a 2/3 del valor que tenían cuando estaban en auge. Con la caída en la recaudación de impuestos, el déficit del Gobierno se hinchó llegando a un porcentaje estimado del 14,3% del PIB.

Hoy, el país se prepara para una desaceleración prolongada y una recuperación frágil. Las repercusiones de la pérdida de la ventaja competitiva que tanto atrajo a los inversores han sido terribles. A principios de 2009, Dell, peso pesado de la industria de ordenadores, anunció que estaba cerrando una fábrica en Limerick, la mayor fuera de los EEUU. La empresa despidió a 1.900 trabajadores y transfirió las operaciones a Polonia, donde la mano de obra es más barata. Irlanda, que antes era un país barato para las empresas, hoy es el segundo más caro de la zona del euro después de Luxemburgo, según datos de un informe de 2009 del FMI. El porcentaje de capital extranjero invertido en la zona del euro cayó drásticamente de cerca de un 13%, en 2001, a aproximadamente un 6% en 2007”.

La gran interrogación que pesa sobre el país en el transcurso de los próximos 15 años, y que tiene que ver con su estrategia de desarrollo, es la siguiente: ‘¿Y ahora qué?’”, dice O'Sullivan. “Irlanda ha ganado fama de destino internacional de las inversiones y, en consecuencia, el país ha crecido en volumen de exportaciones y en productividad. Pero no ha sido fácil pasar de eso a convertirse en una economía extremadamente innovadora por mérito propio. Por lo tanto, a Irlanda le faltan los fundamentos de una prosperidad sostenible en lo que se refiere a los indicadores económicos que las personas valoran más, como empleo y salarios”.

La respuesta del Gobierno contrastó poderosamente con la de otros países debilitados. Mientras Grecia se movía despacio, el Gobierno irlandés recortó los gastos rápidamente. Los salarios de los trabajadores públicos cayeron entre un 5% y un 15%, y se redujeron los beneficios sociales. En cierta manera, el Gobierno irlandés no tuvo elección: si no ponían la casa financiera en orden, los costes de financiación de la deuda pública habrían llegado a niveles impensables y dejado al país al borde del impago.

Sin embargo, el Gobierno no actuó deprisa en lo que concierne a la introducción de un plan de rescate para los bancos necesitados. En 2009, el Gobierno nacionalizó el Anglo Irish Bank, invirtió 3.500 millones de euros en otras dos instituciones financieras y creó la Agencia Nacional de Gestión de Activos (NAMA) para la adquisición de préstamos problemáticos de los bancos irlandeses. El Gobierno anunció un paquete de medidas el 30 de marzo —apodado en el país “Rescate Financiero del Martes”— para controlar las acreedoras hipotecarias Irish National Building Society y EBS Building Society, inyectando al mismo tiempo 8.000 millones de euros en Anglo Irish Bank. Elevó también el capital que los bancos deben tener para hacer frente a pérdidas.

Con las manos atadas

Aunque Moody’s haya rebajado la deuda soberana de Irlanda el verano pasado, los mercados no parecen creer en un posible impago. Pero a medida que la situación en Grecia se hace más aguda con protestas y actos violentos en respuesta al plan de austeridad del Gobierno, los inversores están cada vez más nerviosos con el volumen de la deuda de los países en dificultades, como Irlanda. Jon Taylor, director-gerente de bonos globales e internacionales de Principal Global Investors, de Londres, resalta que con el empeoramiento de la situación de Grecia, las tasas referentes a los bonos a diez años del país subieron un 12% frente a cerca de un 5,8% para los bonos a diez años de Irlanda. Aunque los trabajadores públicos irlandeses estén protestando contra los recortes en sus salarios y beneficios, el país no parece, de momento, estar ante los mismos problemas observados en Grecia. “En Irlanda, se es consciente de lo que hay que hacer, y hay voluntad para llevarlo a cabo”, dice Taylor.

El trabajo, sin embargo, todavía es enorme. El plan de austeridad tal vez calme los mercados de crédito, pero prolongará y profundizará la recesión en el país. Mientras, el desempleo ha llegado al 13,3% a finales de 2009 y el FMI espera que se sitúe, de media, en un 13,5% este año.

Además de eso, los especialistas advierten que la NAMA no será la poción mágica que pondrá en orden el sector bancario, tal y como muchos esperan. El director de la institución reveló recientemente que el rendimiento de los préstamos que están siendo adquiridos por la agencia ha sido peor de lo que se imaginaba. La investigación de UCD muestra que aunque NAMA proporcione alguna estabilidad para los bancos, no será suficiente. A medida que otras fuentes de financiación que no sean depósitos —como títulos y préstamos interbancarios— vayan desapareciendo de los bancos, su balance patrimonial se reducirá aún más. Eso podría intensificar la caída del sector inmobiliario, elevando aún más las pérdidas por viviendas, creando lo que el informe llama bancos “zombies”, o instituciones totalmente dependientes de garantías gubernamentales y comprometidas exclusivamente con la reducción de sus deudas.

En muchas cosas, las manos del Gobierno irlandés están atadas. Aunque EEUU y otros países hayan recurrido a paquetes de estímulo para poner en movimiento sus economías, la UE limita el tamaño de los déficits a sus miembros, lo que hace que ese esfuerzo sea imposible para Irlanda. Al mismo tiempo, como país miembro de la zona euro, Irlanda no puede devaluar su moneda, lo que haría sus exportaciones más competitivas dando a los irlandeses el alivio económico tan necesario.

Sin embargo, formar parte de la UE es importante para Irlanda. El BCE proporcionó liquidez a las instituciones asociadas durante la crisis. La pertenencia a la UE permite también al país obtener préstamos a tasas menores que si tuviera que contratarlos por cuenta propia, ya que los acreedores saben que la UE no permitirá que un país miembro deje de cumplir con sus compromisos.

Pero la situación de dificultad por la que pasa el país —y por la que pasan también otras economías como Grecia, España y Portugal— está probando los fundamentos de la UE. John Kimberly, profesor de Gestión de Wharton, dice que la UE se pregunta actualmente hasta qué punto los países miembros que gozan de buena salud tendrán que esforzarse para ayudar los que se encuentran en situación financiera amenazadora, e incluso se pregunta: ¿esos países deberían ser expulsados de la zona del euro en caso de que no pongan sus finanzas en orden? Además de eso, él dice que la UE necesita encontrar una forma de equilibrar la necesidad de unidad con la realidad del ritmo de desarrollo de cada economía asociada. El mes pasado, la UE anunció un paquete de ayuda de 750.000 millones de euros para los países con endeudamiento elevado. “¿Dónde están los elementos de estandarización en los países miembros y a partir de dónde es posible crear elementos de adaptabilidad?”, se pregunta Kimberley. “La situación suscitó interrogantes serios en las mentes de muchos en lo que concierne a la viabilidad de una UE ampliada y, más aún, de su propia existencia. El paquete de ayuda propuesto tiene como objetivo, sin lugar a dudas, demostrar la creencia en la viabilidad de esa idea. El tiempo lo dirá”.

Mientras el paquete de ayuda se pone en práctica, hay datos positivos para Irlanda. La recesión y la caída de la renta personal ayudarán al país a recuperar parte de la competitividad perdida. La cuota reducida de impuestos continúa intacta, un factor que deberá atraer la inversión extranjera a medida que la economía se recupera. “Irlanda cuenta con una ventaja tremenda en relación a la mayor parte de las economías emergentes”, observa Nichols, de Wharton. “No hay barreras comerciales entre el país y la mayor economía del mundo. En la medida en que los consumidores y las industrias europeas vayan recuperándose, el país estará bien posicionado para satisfacer las necesidades de esos mercados”.

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