Josep Prats Orriols  

JPrats (20º) 

Este artículo ha sido marcado como molesto Deshacer
JPrats
09:34 el 12 julio 2013

Gestor de Abante European Quality

Bruselas y Basilea

12 de julio de 2013

Bruselas y Basilea. Dos ciudades de segundo nivel en Europa si no tuvieran burócratas. Pero como los tienen y, en el caso de la primera, acompañados de un buen número de políticos, hacen mucho ruido.

De Bruselas nos llegaba ayer la última de Dijsselbloem. Decía que no tenía ni idea sobre si los bancos necesitaban o no capital. No es tan mala señal, es un ignorante pero se reconoce como tal. Una breve biografía del personaje nos ilustra de quién estamos hablando. A los 19 años se afilia a un partido, tarda seis años en completar una carrera de cuatro y deja colgado un posgrado, a los 28 encuentra su primer trabajo como concejal de un pueblo de 38.000 habitantes, a los 34 es diputado y a los 46 ministro de finanzas de Holanda y presidente del Eurogrupo. Comparando el poder real que tiene un concejal de un pueblo grande (no digamos ya si es el de urbanismo), y el que, desgraciadamente, tiene todo un presidente del Eurogrupo podríamos decir, parafraseando a Groucho Marx que partiendo de la nada y gracias a su solo esfuerzo ha alcanzado las más altas cotas de la miseria.

De Basilea, donde se regulan los requerimientos de capital de la banca, ya hablaremos largo y tendido. De momento, y como introducción al tema, para aquellos que no estén muy familiarizados con la materia, les adjunto una nota que escribí con propósitos divulgativos y que es intemporal.

De Basilea 0 a Basliea 3, un tortuoso viaje hacia el punto de partida

Antes de 1988 la regulación sobre requerimientos mínimos de capital para la Banca era sencilla. Se exigía un mínimo de un 5% de capital en su acepción clásica (capital suscrito más beneficios retenidos), sobre el total de activos.

Con Basilea I se intentó adecuar mejor las necesidades de capital al nivel de riesgo teórico implícito en el activo. Se establecía una necesidad de capital equivalente al 8% de los activos ponderados por riesgo, con un mínimo del 4% integrado por capital de primera calidad (capital suscrito más beneficios retenidos por un 2% mínimo, y el resto se podía completar con deuda perpetua con remuneración subordinada a la obtención de beneficios), y un 4% por capital de segunda calidad (obligaciones subordinadas).

La ponderación del riesgo era simple. Los préstamos a las administraciones públicas se consideraban exentos de riesgo, los préstamos interbancarios tenían atribuido un 20% del riesgo estándar, los préstamos con garantía hipotecaria un 50% y el resto de préstamos un 100%.

Así, para prestar a una administración pública no hacía falta capital, para prestar a un banco un 1,6% de capital (20% del 8%), para prestar con garantía hipotecaria un 4% (50% del 8%), y para el resto de préstamos, a particulares o empresas, un 8% (100% de 8%).

Las argumentaciones de los bancos sobre lo absurdo que resultaba otorgar la misma ponderación de riesgo a un préstamo concedido a una gran compañía con excelente rating que a un préstamo para el consumo a un particular, contribuyeron a fraguar la primera reforma, conocida como Basilea II. La reforma entraría en vigor a partir de 2006. Con el nuevo sistema se establecían dos vías para la ponderación del riesgo de los activos.  

La primera o estándar, mediante la aplicación de unos coeficientes de ponderación de riesgos por tipo de activos, por lo general, menos exigentes que las de Basilea I. Así, la deuda soberana seguía ponderando al 0%, los préstamos interbancarios al 20%, los hipotecarios se reducían desde el 50% al 35% y los préstamos minoristas (de menos de 1 Mn€  a particulares o a empresas) del 100% al 75%.  Los préstamos de mayor cuantía, generalmente préstamos a empresas, irían en principio al 100%, en ausencia de rating explícito para el prestatario. Si lo tenía podía verse reducido (por ejemplo un 75% para un BBB, un 50% para un A  o un 20% para un AA). De esta forma, a igualdad de activos, los activos ponderados por riesgo podían verse reducidos, frente al modelo de Basilea I, en un rango comprendido entre un 30% y un 40%. En otras palabras, con el mismo capital se podía prestar un 50% más.

La segunda vía ofrecida para la ponderación  de riesgos por Basilea II era la que resultaba de la aplicación de sistemas internos de evaluación de riesgos elaborados por los propios bancos a partir de asunciones (basadas en experiencia histórica de diferentes categorías de créditos), de morosidad y recuperación. En principio se esperaba que solo los grandes bancos, con recursos técnicos disponibles abundantes, recurrieran a este sistema. Si lo hacían, y así lo hicieron los grandes, es de suponer que sería porque de la aplicación de sus propios sistemas internos de evaluación de riesgos resultarían unos requerimientos de capital inferiores a los que se obtendrían de la aplicación del método estándar.

En resumidas cuentas, tras Basilea II, sin ampliar capital ni retener un porcentaje de beneficios superior al que retenían con Basilea I, los bancos pudieron, a la vez, mejorar sus ratios de capital sobre activos ponderados por riesgo e incrementar el balance.

La realidad, tras la aplicación de Basilea II no era otra que la siguiente. A igualdad de composición de balance, los bancos que necesitaban 5 euros de recursos propios genuinos (capital más beneficios retenidos) por cada 100 euros de activos a finales de los ochenta, podían necesitar sólo 2 o 3 euros de capital total (apenas 1 euro  de capital más beneficios retenidos). En general, los bancos minoristas españoles e italianos siguieron contando con un capital tradicional importante, del orden del 4%-5% sobre activo total (tenían relativamente poco recurso a otras fuentes como preferentes y subordinadas) sobre activos totales, porque los activos ponderados por riesgo (a falta de aplicación de modelos propios y menor presencia en banca mayorista con prestatarios con rating). En contraposición, los bancos de inversión (británicos, alemanes y, en menor medida franceses), podían contar con un capital tradicional del orden del 2% al 3% sobre activos totales.

Con Basilea III no se tocan los criterios de ponderación de riesgos de Basilea II pero se elevan los requerimientos de capital y el peso del capital clásico (capital más beneficios retenidos) en el capital total. En concreto, se eleva el requerimiento mínimo de capital de primera calidad al 4,5% de los activos ponderados por riesgo (desde un mínimo del 2% anterior, puesto que el 4% de Tier 1 podía ser en su mitad cubierto por instrumentos como acciones preferentes), y se establecen dos colchones que pueden elevar la necesidad del capital de primera calidad, si no se quiere estar sujeto a restricciones en el pago de dividendos, hasta niveles del 9%. En todo caso, y para curarse en salud , se termina por apostillar con un criterio más simple. Sin ajustar los activos por riesgo, el capital más beneficios retenidos deberá ser, como mínimo del 3%. Una fórmula tan simple como la de 25 años atrás (5% recursos propios contables sobre activos), aunque un poco menos exigente.

Buen fin de semana

Josep

Publicar Ocultar ¿Quieres hacer públicos tus favoritos? Publicar No por el momento
2 comentarios
2 veces compartido

Gacias Josep, excelente post, que hay que guardar. Buen fin de semana.

Joaquín

Ironías bruselenses aparte, la verdad es que el proceso  de las sucesivas Basileas demuestra que , como se dice en las novelas negras la mente criminal nunca descansa. Tienen más contables y estadísticos los bancos que leguleyos los reguladores. Al final, si queremos que no haya problemas y tengamos bancos solventes, solo tenemos dos vías: que los dirigentes de la banca sean prudentes y honrados, y que los supervisores sean diligentes y asertivos. No es, básicamente una cuestión de regulacion. Alguien dijo una vez si no hubiera malas personas no habría buenos abogados. Más sentido común y menos estadística.

Gracias

Josep

 Comentar

Artículos relacionados en Finect

Carta a los inversores. Septiembre 2016.

JPrats


7 de octubre de 2016ABANTE EUROPEAN QUALITYCarta a los inversores. Septiembre 2016.Tras la recuperación registrada en los dos meses anteriores, los principales mercados bursátiles han mantenido un tono neutro en sept...

Colocar filiales

JPrats


3 de octubre de 2016Al final, el viernes pasado no resultó ser un día tan malo para las bolsas. La especulación sobre Deutsche Bank cambió de bando, recuperando al cierre un 16% desde los mínimos de la sesión, lo que...

Deutsche Bank

JPrats


30 de septiembre de 2016Tras la convulsión generada por el resultado del referéndum británico, los mercados habían recuperado, poco a poco, la calma durante los meses de julio, agosto y la primera quincena de septi...

Carta a los inversores. Agosto 2016.

JPrats


6 de septiembre de 2016ABANTE EUROPEAN QUALITYCarta a los inversores. Agosto 2016.Las bolsas han confirmado en agosto el buen tono del mes anterior. Con una volatilidad menor, los principales índices bursátiles han c...

Últimos artículos del blog de JPrats

La pioggia
0 Comentarios
Il quesito
0 Comentarios
Los picapiedra
4 Comentarios
Carta a los inversores. Octubre 2016.
1 Comentarios
Carta a los inversores. Septiembre 2016.
1 Comentarios
Colocar filiales
2 Comentarios
Deutsche Bank
6 Comentarios
Carta a los inversores. Agosto 2016.
2 Comentarios
Carta a los inversores. Julio 2016.
1 Comentarios
Pokemón
2 Comentarios

app version

Wed Nov 02 13:34:35 CET 2016

2221

79dd84889bae13e7769f41dc060a3ba472981ca5