Juan Ramón Caridad  

JuanraCaridad (186º) 

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JuanraCaridad
12:27 el 31 enero 2014

Director del Master de Finanzas e Inversiones Alternativas FIA

Cómo afecta la crisis a la toma de decisiones de jóvenes & no tan jóvenes

¿Estamos en una crisis financiera, política, social o espiritual? ¿Se está terminando ya la crisis o llegó para quedarse y afectar a varias generaciones? ¿La crisis es para todos o para unos pocos? Muchos son los interrogantes abiertos pero hay dos hechos que irremediablemente van a condicionar la toma de decisiones a partir de ahora. Hoy debemos más que ayer pero menos que mañana y afrontamos un tsunami demográfico agravado muy seriamente por las altas tasas de desempleo juvenil.

Al considerar lo que debemos a nivel público y privado, entidades financieras, no financieras y hogares, observamos que muchos  países desarrollados debemos tres veces más que lo que somos capaces de producir. En un mundo donde el crecimiento es un bien escaso, nos vemos condenados a tener que afrontar una situación donde los incrementos de producción dificilísimamente van a superar el coste generado por nuestros enormes incrementos de deuda. La pesada mochila del endeudamiento,  el nuevo entorno regulatorio y una enorme presión fiscal  van a condicionar la toma de decisiones de los jóvenes y no tan jóvenes. 

El papel de los Bancos Centrales, y las impresoras del dinero trabajando prácticamente al máximo por no decir a tope para respetar que ahora las de la FED “sólo” imprimen 65.000 millones de $ en lugar de los 85.000 millones anteriores, nos están dando tiempo y suavizando las repercusiones sistémicas de la crisis que vivimos. No obstante, o las repercusiones en el mercado de trabajo, en los patrones de consumo y en nuestra cultura democrática o en el modelo de país son cada vez más que evidentes. 

Pero si el panorama financiero condicionará nuestra toma de decisiones, las expectativas demográficas no le van a la zaga. Si en la actualidad, donde nuestra pirámide poblacional es más densa en lo que a individuos en edad de trabajar, de contribuir y de generar importantes superávits para el sistema, vemos que hay que hacer uso del Fondo de Reserva, está claro que estamos ante un factor que va a condicionar nuestras decisiones sea cual sea la evolución de la inmigración y el empleo.  La siguiente generación (entre 15 y 25 años) son la mitad, empiezan a trabajar muchísimo más tarde, afrontan tasas de paro desorbitadas (superiores al 50%) y los que trabajan lo hacen con expectativas salariales y capacidades contributivas muy bajas.

 

 

 

Aunque los crecimientos mundiales, la recuperación de los mercados financieros y la coordinación de las autoridades monetarias nos permiten ser optimistas a futuro, la recuperación del empleo será más lenta de lo esperado. Le pondremos paños calientes de esperanza, basando la presentación de datos en amables términos relativos, pero en cifras absolutas la probabilidad de decepción es alta. Analizando todas las crisis de empleo y sus recuperaciones desde mediados del siglo pasado, hay una clara tendencia hacia un agotamiento en la capacidad de generación de nuestros puestos de trabajo por parte del “mundo desarrollado”. La tecnología y los modelos productivos de I+D no son especialmente intensivos en mano de obra y queda pendiente una enorme interrogante abierta, en forma de inquietante nubarrón que ya ha generado las primeras tormentas eléctricas a mediados del 2013, y es el de los efectos de la normalización de los tipos de interés.

Cuando uno calcula el total de impuestos en Euros que paga el ciudadano medio en España y lo compara con el valor a precios de mercado de los servicios que espera, y cree que tiene derecho a recibir del Estado, claramente se puede observar que hay una brecha de expectativas. Esta problemática crece exponencialmente cuando se observa que media Europa tiene un sentimiento de “austericidio” y la otra de complejo de “paganinis”. Siendo conscientes que dados los niveles de endeudamiento, ambos trenes van a tener que acabar circulando por la misma vía. Se requerirá mucho sentido común para evitar un incipiente resurgimiento de los radicalismos, el tema está como para dedicarle una reflexión.

Treintañeros y cuarentones tienen por delante que afrontar que el trabajo, en las sociedades desarrolladas del siglo XXI, es un bien escaso que probablemente exija cambiar el concepto de “puesto de trabajo” por el de “proveedor de servicios laborales”. Las carreras profesionales apuntan a estar constituidas por ciclos más cortos, de no más de tres años y con necesidades de reciclaje bianuales, por lo que el lema de “vista larga pero paso corto” se antoja un patrón a la hora de actuar.

Tendremos que adaptarnos a un modelo productivo que presenta limitaciones de acceso y con un mayor coste del crédito (y por lo tanto con importantes limitaciones para el ensalzado concepto de la emprendeduría), con mayores niveles de inestabilidad dadas las tasas de endeudamiento y tremendamente más globalizado. Una de las grandes oportunidades, para poder digerir y sobrellevar la pesada carga de la deuda, es afrontar con ánimo constructivo el proyecto de integración bancaria y fiscal de la Unión Europea. Ser verdaderamente europeos implicará una actualización de nuestra cultura democrática y cesiones notables soberanía, las cuales por cierto y por imperativo financiero, serán necesarias para poder “medio mantener” nuestra calidad de vida y ya las  estamos asumiendo.

Se antoja cada vez más relevante en nuestra toma de decisiones la necesidad de un enfoque más humanista, dejando voluntariamente o por necesidad, un materialismo que ha llevado a muchas generaciones a considerar la propiedad de una vivienda un axioma de vida y que cada vez tenderá más a ser considerado un bien de lujo. Tratar de mantener el grande, y no suficientemente valorado Estado de Bienestar, con una demografía adversa, va a cargar sobre nuestras espaldas una presión fiscal en ocasiones asfixiante. Para poder elegir y decidir, el que pueda, será básico que desarrolle de un plan de ahorro privado. Habrá que asumir que ya no basta con no vivir por encima de nuestras posibilidades, sino que habrá que hacerlo por debajo, y todo ello más para mantener que para mejorar.

Hay tiempo, hay opciones y hay medios para que “la generación bisagra” no termine siendo etiquetada como “la generación frustrada”. Su opinión, su implicación y su movilización, como parte de una sociedad civil cada vez más activa en los grandes temas de Estado, ha dejado de ser una opción para ser, por factores económicos y demográficos, una obligación.  Ya no basta sólo con esforzarse a nivel individual. Ha llegado el momento desde el respeto, la profesionalidad y el rigor, de dejarse oír y de opinar constructivamente.   Mi agradecimiento a la Fundación FIDE (www.fidefundacion.es) por su contribución, con medios técnicos y humanos,  y por la organización de foros tan interesantes como el que empieza hoy.

 

@JuanraCaridad

Juan Ramón Caridad, CAIA. Director del Master de Finanas e Inversiones Alternativas FIA.

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