Juan Bautista  

Jubadeal (376º) 

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Jubadeal
10:51 el 22 marzo 2016

¿Cómo influir en la inflación? Está el BCE usando todas sus armas?

Con la actual dependencia extrema de los mercados respecto a las acciones de los Bancos Centrales, no es de extrañar que todos los agentes económicos les hagamos un seguimiento tan intensivo, pero más allá de escuchar y apuntar, es nuestro deber el juzgar con espíritu crítico sus acciones. De esta manera, seremos capaces de tener un juicio independiente y, de paso, tal vez aprender algo por el camino.

Casi con total seguridad, si usted está leyendo esto, está interesado en dicho juicio crítico e independiente, y es por ello por lo que vamos a abordar a continuación no sólo lo que está haciendo el BCE para crear inflación, sino también por qué lo hace y, lo que es más importante, qué más podría hacer y por qué no lo hace.

El mandato del BCE hoy por hoy: crear inflación

Debemos empezar recordando que, al contrario que la FED, el BCE tiene un único mandato: el control de la inflación. En los últimos tiempos, dicho mandato de control, que en principio parece referirse a poner freno a la inflación, se ha dado la vuelta y el BCE trata de fomentar desesperadamente que haya algo de inflación en el actual entorno deflacionario en el que se encuentra sumida Europa. Efectivamente, como todos sabemos, el BCE está muy preocupado por crear inflación allá donde no la hay, y para ello ha puesto en marcha toda su maquinaria a pleno rendimiento: tipos al 0% y facilidad de depósito con tipos aún más negativos.

En primer lugar pongamos en tela de juicio si verdaderamente necesitamos crear inflación. Es un consenso hoy en día que el mejor entorno para la actividad económica es una inflación moderada. La deflación es desastrosa para el tejido empresarial, pues éste ha de luchar en un mercado que retrasa las decisiones de compra porque el precio dentro de seis meses será mejor que ahora. Además las empresas deben bregar con stocks de productos que se deprecian con el tiempo, provocándoles pérdidas económicas. Por no hablar de lo que significa que tengan que vender sus productos cada vez más baratos con unos costes fijos y rígidos.

¿Se puede vivir con deflación?

Es cierto que hay sectores como el de la tecnología que son deflacionarios por naturaleza, y las empresas han aprendido a generar beneficios en ese entorno. Pero este caso no nos sirve de ejemplo porque en el sector tecnológico la caída de precios se compensa con la innovación, que permite mantener los precios de venta y los beneficios empresariales a costa de una contínua carrera por ofrecer productos más avanzados. Esta capacidad de innovación no es aplicable por desgracia a la mayoría de los sectores económicos que se ven afectados en un proceso deflacionario generalizado.

Hay bancos centrales que acumulan un record de meses en deflación y no se preocupan lo más mínimo. Es el caso del banco central de Israel. El caso es que los israelitas ven que su deflación se debe a factores exógenos como la caída del petróleo, y que no es una deflación dañina porque su impacto en las empresas es más benévolo y, sobre todo, la economía israelita crece a tasas muy aceptables y el nivel de desempleo es muy bajo. Ambos factores en Europa se encuentran en el extremo contrario, por lo que el BCE no debe fijarse en esta forma de encarar la deflación.

Masa monetaria y velocidad del dinero

A estas alturas ya tenemos claro que en Europa ahora mismo es deseable tener una economía que sea capaz de generar algo de inflación, que no es lo mismo que perseguir la inflación en si misma. Pero pensemos un poco en qué es lo que se puede hacer para crear inflación. Primeramente se puede aumentar la masa monetaria. Esto el BCE lo está haciendo inyectando liquidez en el sistema con la compra masiva de deuda, y además poniendo unos tipos al 0% que permiten a los bancos pedir más dinero prestado al BCE porque las condiciones son más laxas.

Por otro lado, en segundo lugar, está la velocidad del dinero. Esto es, en términos sencillos, la de veces que un euro pasa de una mano a otra en un plazo de tiempo determinado. No sirve de nada aumentar la masa monetaria si ese nuevo dinero inyectado al sistema no se mueve un ápice. Y al revés, se puede inyectar muy poco dinero al sistema, pero con una velocidad del dinero muy alta, su efecto multiplicador será muy inflacionario, puesto que el dinero rota muy rápido y un mismo euro participa en muy poco tiempo en muchas operaciones de compra-venta.

La velocidad del dinero es un factor un poco más complicado de alterar, puesto que está muy relacionado con la efervescencia de los agentes económicos, lo cual es algo que tiene que ver con la psicología colectiva del momento. El BCE está intentando fomentar la velocidad del dinero llevando la facilidad de depósito al terreno negativo. No sólo quiere que los bancos y tenedores de deuda tengan liquidez, sino que quiere además que la muevan. Para ello nada mejor que penalizar el inmovilismo de la liquidez que los bancos depositan en el puerto seguro del BCE, favoreciendo que prefieran prestar el dinero.

La oferta y la demanda

Pero de nada sirve que los bancos estén dispuestos a prestar dinero si la economía no acompaña. El tercer factor que puede crear inflación es la ley de la oferta y la demanda. En economías de guerra o de países que sufren procesos de hiperinflación, se puede dar el caso extremo de que haya una escasez de bienes de primera necesidad que, con una demanda estable de, por ejemplo, el pan, hagan que, aunque los dos primeros factores de masa monetaria y velocidad del dinero permanezcan estables, si hay más demanda que oferta, se cree inflación.

Es en este factor de la oferta y la demanda donde el BCE pincha, y mucho, pero veamos por qué. Restringir la oferta no ha lugar en un libre mercado, y además sería un proceso abrupto que generaria escasez en el mercado y decrecimiento del PIB. En la ecuación nos queda pues únicamente aumentar la demanda. Para ello, se pueden aumentar los ingresos de los ciudadanos para que puedan comprar más bienes o servicios (sin más comentarios al respecto).

O bien se puede como alternativa bajar el nivel de desempleo, que en el fondo es una forma de conseguir lo primero. Aquí es donde la cosa se empieza a complicar para el BCE, porque las políticas necesarias para hacer descender el paro trascienden sus atribuciones, y chocan frontalmente con la disgregación y heterogeneidad política europea, además de con la tan predicada soberanía económica nacional. El BCE sabe que ésta es una solución, pero poco puede hacer por abrirle camino. De hecho lleva aconsejando reducir el nivel de desempleo desde hace años, con pocos resultados a la vista.

La solución más viable

La tercera vía para aumentar la demanda es la que verdaderamente tiene algo de viabilidad, con permiso temporal de los déficits nacionales. Se trata de bajar temporalmente los impuestos para dar un impulso a la economía que permita hacer saltar esa chispa que arranca el motor. El problema es que ya es tarde para esta medida, puesto que ahora los niveles de deuda ya son elevados en los países que más problemas tienen, y bajar los impuestos podría desatar una nueva tormenta financiera en los mercados de deuda.

La bajada de impuestos más inflacionaria debería ser a las clases medias y a las de menor poder adquisitivo, que son las que tienen más propensión al gasto de los ingresos extra. Si usted ya tiene un yate, un helicóptero, un jet privado y una mansión, por mucho que le bajen los impuestos, es más difícil que se compre “otro de cada”. Bajar los impuestos a las clases altas se haría para fomentar la formación de capital y la inversión, que no es el objetivo ahora mismo. Sin embargo, si las clases medias y las más humildes ven bajar su nivel impositivo, gastarán ese dinero extra en comprar una televisión nueva, en renovar el coche, en un viaje, o en hacer una reforma en casa. Y eso es literalmente crear inflación.

Pero puede ser que el BCE ya vea aquí la única salida coherente y efectiva. De hecho, recientemente se ha publicado que Europa pretende cambiar radicalmente la legislación del IVA además de que el BCE ha hecho ya un llamamiento a los gobiernos para que bajen los impuestos y hagan reformas estructurales. Parece ser que el BCE se nos ha adelantado en nuestros razonamientos. El riesgo de esta alternativa es alto en una Europa fragmentada políticamente y heterogenea fiscalmente, puesto que se puede desatar una guerra fiscal entre los diferentes países europeos cuando cada uno empiece a bajar el IVA más que el vecino.

Tal vez el giro se deba a que el BCE se ha dado cuenta de que bajar los impuestos puede ser más efectivo y menos peligroso que aumentar la masa monetaria. De hecho, ya tenemos la reciente experiencia, sobre la que algunos alertamos, de las múltiples burbujas que este exceso de liquidez ha provocado, sin solucionar el problema real que hay detrás de la deflación. La deflación es como la fiebre, puedes intentar bajarla con antipiréticos, pero eso no te va a curar. La verdadera enfermedad de Europa es el bajo crecimiento y la alta tasa de paro. Por si esto fuera poco, aunque a día de hoy el aumento de masa monetaria no cree inflación, si que puede ser que la liquidez de hoy la cree en un futuro.

Un peligro a futuro

Lo realmente crítico de aumentar la masa monetaria es que es algo lento de purgar cuando haga falta. El sistema actúa como un acumulador de esa liquidez, que ávidamente la retiene por lo que pueda venir, pero que, cuando la tormenta escampe, el día menos pensado los agentes económicos liberarán rápidamente esa liquidez pudiendo crear una espiral inflacionista. El problema entonces será la lenta capacidad de reacción que un drenaje de liquidez permite a los bancos centrales, además de lo difícil que es controlar la velocidad del dinero, y con la guinda de una oferta y demanda que, además de ser también difícilmente controlables por obedecer en parte a criterios de mercado o incluso psicológicos, también muchas veces en estas situaciones obedecen a unas necesidades más reales e inevitables de lo que a algunos gobernantes les gustaría. Un proceso inflacionario es un fuego que una vez encendido es difícil de apagar. Lo que ha pasado en el mundo económico es que han soltado a la bestia y se han quedado tranquilos porque ésta ha salido corriendo hacia el bosque: que no lloren cuando la bestia vuelva al pueblo.

Y dirán ustedes, ¿Y cuál es la solución en Europa para poder acometer esa bajada de impuestos que encienda el motor de la economía y que a estas alturas parece la única solución? Pues la tan necesitada unidad fiscal que predicamos desde hace años, y que sólo caló en los políticos europeos con su desorientación en los peores momentos de la crisis de deuda periférica. Una vez más, hasta que no reviente algo, no volverán a plantearse mejorar las cosas de verdad. En Europa, lo de aplicar sólo paños calientes adquiere otra dimensión.

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