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11:27 el 31 diciembre 2009

Crisis económica, es una oportunidad?

Se atisba un futuro marcado por la relación personal y la confianza entre el inversor y el asesor para la industria de la banca privada, mermando la confianza de muchos clientes en sus asesores.
Esta crisis de confianza que sufre el sector de la gestión de patrimonios en España responde a varios factores: coyunturales, como los escándalos de Lehman y Madoff –que han puesto en evidencia prácticas comerciales muy cuestionables y las grandes pérdidas sufridas de forma generalizada por las carteras y estructurales, como el conflicto de intereses provocado por la venta de productos propios y la falta de continuidad de asesores, donde las grandes fortunas han asistido a un cambio constante de caras y políticas.
Como colofón, además de la pérdida de confianza, ahora nos encontramos con la dificultad de la falta de crédito. Los bancos no se lo ponen fácil ni siquiera a las familias con un patrimonio importante, que están cancelando sus inversiones en inmuebles y activos financieros para destinar ese dinero a financiar sus empresas.
Hace apenas dos años la banca privada vivía su edad de oro en España, al calor de la fortísima creación de riqueza en nuestro país, proveniente en gran medida del boom del ladrillo y de la venta de empresas familiares. Hasta la caja de ahorros más pequeña creaba una división de banca privada y las entidades internacionales más prestigiosas abrían oficina en España, así como se cerraban compraventas de entidades a precios estratosféricos y se vivía una vorágine de fichajes de profesionales en un sector en el que los sueldos subían como la espuma.
No obstante, el escenario actual ya no justifica la sobrecapacidad del sector y las estructuras creadas durante el boom. Es inevitable observar los primeros procesos de concentración y reestructuración y, lo que es más importante, una revisión global del modelo que suponga la vuelta a los fundamentos de la banca privada tradicional, donde tres son los factores claves para el éxito de esta fórmula: un mayor enfoque del negocio hacia el cliente, incrementar la transparencia y saber transmitir confianza acerca de la profesionalidad del sector y de sus gestores.
¿Será capaz la banca privada de reinventarse?
Como dicen los chinos, toda crisis es una oportunidad. Actualmente en España menos de la mitad de los grandes patrimonios familiares es gestionado por entidades especializadas en banca privada, por lo que sigue existiendo un momentum amplio de oportunidad en este sector. Además, parece que la crisis será el detonante de cambios en la regulación internacional, presionando el modelo de banca privada offshore, dotando al sistema de mayor transparencia fiscal, lo que hará que la banca privada suiza de un servicio más similar al de las entidades españolas.
Este hueco será aprovechado por los verdaderos especialistas, los que estén mejor posicionados, fundamentalmente aquéllos que operan con identidad propia y alta especialización, y que son capaces de ofrecer a sus clientes un trato personalizado y la garantía y confianza de que cualquier necesidad que le surja en la optimización de su patrimonio será correctamente atendida a través de un enfoque integral del servicio.
En los últimos años, gracias al permanente proceso de internacionalización, innovación y eficiencia de los mercados financieros, las posibilidades de inversión y diversificación para un patrimonio elevándose han multiplicado. Pero mientras se rediseña el futuro, el presente de la industria pasa por no ofrecer productos de alto riesgo ni muy sofisticados, sino de volver a aquello de “si usted no lo entiende, no lo compre”. En este sentido, se trata de volver a los orígenes, volver a las cosas simples que se han hecho en los últimos 30 años, u na banca privada basada en el conocimiento del cliente y no en colocar el producto que toca en cada momento, donde no hay que innovar por innovar, sino sólo cuando tenga sentido.
Se atisba un futuro marcado por la relación personal y la confianza entre el inversor y el asesor, en el funcionamiento a través de un modelo de negocio basado en el cliente y no en el producto, y en la ausencia de conflictos de interés al remunerar el asesoramiento y no retroceder las comisiones. Pero esta apuesta debe venir acompañada por un cambio de mentalidad de los clientes en cuanto a las tarifas. El futuro pasa por la transparencia en los precios. El cliente debe acostumbrarse a pagar por el asesoramiento que recibe para evitar la colocación de productos.
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En España es muy dificil, conseguir que la gente pague por un buen asesoramiento prefieren, comprar fondos bien gestionados, que fiarse de unos asesores que hasta ahora, muy poco, salvo alguna excepción, han podido demostrar.
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