secuoya23 (171º) 

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secuoya23
20:21 el 14 enero 2014

Socialdemocracia, un modelo perverso de sofisticado comunismo


 Cuando los mantras perrofláuticos mandan…amanece el new age socialista.

Las taras que está generando el actual modelo socio-político y económico en Europa, modelo que todos ... conocemos por el nombre de la socialdemocracia provocarán un daño mayor que el de cualquier otra dictadura que nuestro continente haya experimentado. ¿Y por qué lo creo? Porque es un modelo perverso que surgió tras ver que el comunismo tosco, bruto no funcionaba y los gestores estatales querían un sistema que les asegurara su perpetuidad en el poder y mejores niveles de control sobre los ciudadanos: es decir un comunismo sofisticado. Así pues, los políticos intervencionistas, deseosos de seguir siendo ingenieros sociales de los ciudadanos europeos pensaron en disfrazar su afán cincelador dejando en un segundo plano el uso directo de la violencia, de sus bastones, cuchillos y pistolas. Y tejieron su nuevo modelo de control absoluto a través de millones de nuevas normas convertidas evidentemente en obstáculos para que prácticamente todas las decisiones privadas del ciudadano se amoldaran al plan maestro del ingeniero social de turno. Así pues, empezaron a desarrollar esta otra versión del comunismo, versión que en apariencia sería un modelo de bienestar y libertades emanadas del Estado hacia los ciudadanos mediante esa famosa redistribución de la riqueza pretendida por su primitivo progenitor, el comunismo marxista-leninista, fallida entonces, y fallida ahora por lo aberrante y anti-humana sin entras siquiera ya a valorar la imposibilidad incluso física de tal actuación. En este nuevo modelo de comunismo new age, del comunismo sofisticado, las cabezas pensantes socialistas de todos los partidos colectivistas coincidieron en que había que generarle al ciudadano la sensación de cierta aura de libertad a la vez que le insuflaron una inseguridad patológica en sí mismo y una sensación falsa seguridad en la capacidad de protección que el Estado le daba a cambio de renunciar a las primeras dos. Por ello, dejaron en sus manos una parte de los medios de producción y de la riqueza. Eso sí, asegurándose en todo momento de que incluso lo que le dejaba tarde o temprano entraría de una forma u otra al alcantarillado estatal donde los “afables” gestores pillarían un poquito más cuando las cosas se complicaran en el sacrificado mundo del Gobierno y de paso para recordarle siempre quién mandaba.

Nuestros gestores estatales armaron su nuevo sistema dotándolo de herramientas que, a primera vista, no parecían muy violentas, aunque llevadas a sus últimas aplicaciones provocarían los mismos resultados que el régimen totalitario del comunismo o fascismo tosco del pasado siglo: muerte civil, económica y la desaparición del espíritu crítico contra quienes mandan. La burocracia asfixiante y las montañas de normas a seguir son ahora las herramientas favoritas de los ingenieros sociales con una clara intencionalidad de generarnos la inseguridad perpetua a los ciudadanos. Tampoco debemos olvidarnos, por supuesto, de otro efecto importante de tales regulaciones, el de asegurar de la manera más eficaz posible la contención de aquellos espíritus que se resisten a ser uniformizados, de esas ovejas negras, de los supuestos insolidarios que no quieren compartir los suyo con los demás por el bien común, es decir que se resisten a menospreciar SU vida a la vez que enaltezcan considerando superior la vida del mendigo estatal de turno. Y curiosamente, vemos año tras año a eso que llaman el interés general también se le puede llamar el pentahouse y el lujosos estilo de vida de tal y cual edil local, tal y cual líder o cúpula perteneciente a los nidos de incubación de gestores estatales. Sobre decir que generalmente a prácticamente ninguno de estos gestores se le conoce oficio, ni beneficio ligados a la generación de riqueza en el libre mercado, a la producción de bienes y servicios con clientes que deseen adquirirlos porque los suyos sean mejores que los de la competencia, a jugarse su capital -casa, ahorros…- para levantar de cero un negocio real, no de esos que se cuecen por los pasillos ministeriales al calor de las bulas parlamentarias mercantilistas. Ese bien común, concepto etéreo donde los haya y que nadie consigue identificar objetivamente sin embargo queda guay decirlo en las apariciones públicas sin importarle más que a una minoría pensante que detrás de ello está el robo institucionalizado, el saqueo constante a todos y la limitación de las libertades fundamentales individuales y demasiado a menudo hasta la violación de lo poco que nos queda de ellas.

Una vez decidido el sistema y sus herramientas, nuestros intervencionistas, los políticos socialdemócratas, sabían que si robaban toda la propiedad privada a la gente como hacían los regímenes comunistas toscos, acabarían igual que éstos últimos: en bancarrota y con sangre en las calles. Así que decidieron relativizarla, despojándola de su fundamento y convirtiéndola en mera posesión. De esta manera los ciudadanos nunca podrían sentirse del todo seguros que lo que es suyo, de su propiedad, es de verdad SUYO. Y por extensión nunca podrían actuar de forma independiente, según su propio juicio a menos que estuvieran dispuestos a arriesgar su vida y su propiedad, y por extensión su libertad como ser humano. Bien sabían nuestros ingenieros sociales que, al colgar la “espada de Damocles” sobre nuestras cabezas, a los ciudadanos no nos quedaría más remedio que agacharnos y cargar la losa estatal sin rechistar, o al menos a la mayoría de ellos. Porque igual que pasaba en los regímenes dictatoriales en abierto, los ciudadanos sabrían que si no se sometiesen a las normas de la socialdemocracia -esa montaña de regulaciones muchas veces de imposible cumplimiento incluso por imposibilidad de conocerlas todas- el Estado a través de sus gestores estatales, es decir los políticos, vendría y les reduciría un poco más su libertad, reduciendo su propiedad y controlando un poco más su vida. Así pues, nunca podrían estar tranquilos y siempre tendrían que rebajarse y caminar cabizbajo, por si acaso. Y así es como llegamos al momento actual donde esta especie de comunismo sofisticado que yo llamo socialdemocracia parece no darse cuenta que sus días están contados. Igual que un parásito hace todo lo posible por mantenerse agarrado al organismo anfitrión ya con desesperación, organismo que es la sociedad civil, todos nosotros, los ciudadanos, sin siquiera hacer un mínimo esfuerzo de contener su desmedida adicción a exprimirnos hasta el último esfuerzo, la última libertad, el último céntimo. Y esto, quizás sea bueno, pues como siga así acabará dando su última calada de ingeniería social antes de su implosión.

Mientras asistimos a los últimos retorcimientos de este engendro nacido al calor de la sopa socialista, esa sopa primordial de los totalitarismos sufridos en los últimos siglos, los defensores de las ideas de la libertad, minarquistas –liberales clásicos, objetivistas…–, libertarios y ancaps somos cada vez más y mejor organizados en todo el mundo. Hay esperanzas, pues cada vez más ciudadanos deciden levantar la cabeza, funcionar fuera del sistema y denunciarlo aun con el riesgo de enfrentarse al castigo de ser una oveja negra y de ser perseguido por el matón de turno del engendro colectivista. Algunos lo hacen simplemente por sobrevivir ellos y sus familias y otros porque tienen principios sólidos de respeto a su vida, a su propiedad y a su libertad aplicando la misma vara de medir cuando se trata de otra persona. Sea como fuere, todos ellos tienen algo en común. Saben o al menos intuyen que la socialdemocracia es perversa al despojarnos de nuestra personalidad, de nuestras ganas de prosperar por méritos propios, de nuestros aciertos y errores, en definitiva de nuestra individualidad y al fin y al cabo de nuestra humanidad pacíficamente civilizada.

A todos ellos, les invito a conocer el P-LIB, el único partido en España que contiene en su ADN el compromiso y la defensa de TODAS LAS LIBERTAD INDIVIDUALES, porque sin libertad no hay prosperidad, y sin prosperidad no puede haber ni paz, ni vida, ni posibilidad de experimentar el mayor número de momentos de felicidad de un ser humano.
http://www.roxananicula.com/politica/socialdemocracia-un-modelo-perverso-de-sofisticado-comunismo

Las taras que está generando el actual modelo socio-político y económico en Europa, modelo que todos ... conocemos por el nombre de la socialdemocracia provocarán un daño mayor que el de cualquier otra dictadura que nuestro continente haya experimentado. ¿Y por qué lo creo? Porque es un modelo perverso que surgió tras ver que el comunismo tosco, bruto no funcionaba y los gestores estatales querían un sistema que les asegurara su perpetuidad en el poder y mejores niveles de control sobre los ciudadanos: es decir un comunismo sofisticado. Así pues, los políticos intervencionistas, deseosos de seguir siendo ingenieros sociales de los ciudadanos europeos pensaron en disfrazar su afán cincelador dejando en un segundo plano el uso directo de la violencia, de sus bastones, cuchillos y pistolas. Y tejieron su nuevo modelo de control absoluto a través de millones de nuevas normas convertidas evidentemente en obstáculos para que prácticamente todas las decisiones privadas del ciudadano se amoldaran al plan maestro del ingeniero social de turno. Así pues, empezaron a desarrollar esta otra versión del comunismo, versión que en apariencia sería un modelo de bienestar y libertades emanadas del Estado hacia los ciudadanos mediante esa famosa redistribución de la riqueza pretendida por su primitivo progenitor, el comunismo marxista-leninista, fallida entonces, y fallida ahora por lo aberrante y anti-humana sin entras siquiera ya a valorar la imposibilidad incluso física de tal actuación. En este nuevo modelo de comunismo new age, del comunismo sofisticado, las cabezas pensantes socialistas de todos los partidos colectivistas coincidieron en que había que generarle al ciudadano la sensación de cierta aura de libertad a la vez que le insuflaron una inseguridad patológica en sí mismo y una sensación falsa seguridad en la capacidad de protección que el Estado le daba a cambio de renunciar a las primeras dos. Por ello, dejaron en sus manos una parte de los medios de producción y de la riqueza. Eso sí, asegurándose en todo momento de que incluso lo que le dejaba tarde o temprano entraría de una forma u otra al alcantarillado estatal donde los “afables” gestores pillarían un poquito más cuando las cosas se complicaran en el sacrificado mundo del Gobierno y de paso para recordarle siempre quién mandaba.

Nuestros gestores estatales armaron su nuevo sistema dotándolo de herramientas que, a primera vista, no parecían muy violentas, aunque llevadas a sus últimas aplicaciones provocarían los mismos resultados que el régimen totalitario del comunismo o fascismo tosco del pasado siglo: muerte civil, económica y la desaparición del espíritu crítico contra quienes mandan. La burocracia asfixiante y las montañas de normas a seguir son ahora las herramientas favoritas de los ingenieros sociales con una clara intencionalidad de generarnos la inseguridad perpetua a los ciudadanos. Tampoco debemos olvidarnos, por supuesto, de otro efecto importante de tales regulaciones, el de asegurar de la manera más eficaz posible la contención de aquellos espíritus que se resisten a ser uniformizados, de esas ovejas negras, de los supuestos insolidarios que no quieren compartir los suyo con los demás por el bien común, es decir que se resisten a menospreciar SU vida a la vez que enaltezcan considerando superior la vida del mendigo estatal de turno. Y curiosamente, vemos año tras año a eso que llaman el interés general también se le puede llamar el pentahouse y el lujosos estilo de vida de tal y cual edil local, tal y cual líder o cúpula perteneciente a los nidos de incubación de gestores estatales. Sobre decir que generalmente a prácticamente ninguno de estos gestores se le conoce oficio, ni beneficio ligados a la generación de riqueza en el libre mercado, a la producción de bienes y servicios con clientes que deseen adquirirlos porque los suyos sean mejores que los de la competencia, a jugarse su capital -casa, ahorros…- para levantar de cero un negocio real, no de esos que se cuecen por los pasillos ministeriales al calor de las bulas parlamentarias mercantilistas. Ese bien común, concepto etéreo donde los haya y que nadie consigue identificar objetivamente sin embargo queda guay decirlo en las apariciones públicas sin importarle más que a una minoría pensante que detrás de ello está el robo institucionalizado, el saqueo constante a todos y la limitación de las libertades fundamentales individuales y demasiado a menudo hasta la violación de lo poco que nos queda de ellas.

Una vez decidido el sistema y sus herramientas, nuestros intervencionistas, los políticos socialdemócratas, sabían que si robaban toda la propiedad privada a la gente como hacían los regímenes comunistas toscos, acabarían igual que éstos últimos: en bancarrota y con sangre en las calles. Así que decidieron relativizarla, despojándola de su fundamento y convirtiéndola en mera posesión. De esta manera los ciudadanos nunca podrían sentirse del todo seguros que lo que es suyo, de su propiedad, es de verdad SUYO. Y por extensión nunca podrían actuar de forma independiente, según su propio juicio a menos que estuvieran dispuestos a arriesgar su vida y su propiedad, y por extensión su libertad como ser humano. Bien sabían nuestros ingenieros sociales que, al colgar la “espada de Damocles” sobre nuestras cabezas, a los ciudadanos no nos quedaría más remedio que agacharnos y cargar la losa estatal sin rechistar, o al menos a la mayoría de ellos. Porque igual que pasaba en los regímenes dictatoriales en abierto, los ciudadanos sabrían que si no se sometiesen a las normas de la socialdemocracia -esa montaña de regulaciones muchas veces de imposible cumplimiento incluso por imposibilidad de conocerlas todas- el Estado a través de sus gestores estatales, es decir los políticos, vendría y les reduciría un poco más su libertad, reduciendo su propiedad y controlando un poco más su vida. Así pues, nunca podrían estar tranquilos y siempre tendrían que rebajarse y caminar cabizbajo, por si acaso. Y así es como llegamos al momento actual donde esta especie de comunismo sofisticado que yo llamo socialdemocracia parece no darse cuenta que sus días están contados. Igual que un parásito hace todo lo posible por mantenerse agarrado al organismo anfitrión ya con desesperación, organismo que es la sociedad civil, todos nosotros, los ciudadanos, sin siquiera hacer un mínimo esfuerzo de contener su desmedida adicción a exprimirnos hasta el último esfuerzo, la última libertad, el último céntimo. Y esto, quizás sea bueno, pues como siga así acabará dando su última calada de ingeniería social antes de su implosión.

Mientras asistimos a los últimos retorcimientos de este engendro nacido al calor de la sopa socialista, esa sopa primordial de los totalitarismos sufridos en los últimos siglos, los defensores de las ideas de la libertad, minarquistas –liberales clásicos, objetivistas…–, libertarios y ancaps somos cada vez más y mejor organizados en todo el mundo. Hay esperanzas, pues cada vez más ciudadanos deciden levantar la cabeza, funcionar fuera del sistema y denunciarlo aun con el riesgo de enfrentarse al castigo de ser una oveja negra y de ser perseguido por el matón de turno del engendro colectivista. Algunos lo hacen simplemente por sobrevivir ellos y sus familias y otros porque tienen principios sólidos de respeto a su vida, a su propiedad y a su libertad aplicando la misma vara de medir cuando se trata de otra persona. Sea como fuere, todos ellos tienen algo en común. Saben o al menos intuyen que la socialdemocracia es perversa al despojarnos de nuestra personalidad, de nuestras ganas de prosperar por méritos propios, de nuestros aciertos y errores, en definitiva de nuestra individualidad y al fin y al cabo de nuestra humanidad pacíficamente civilizada.

A todos ellos, les invito a conocer el P-LIB, el único partido en España que contiene en su ADN el compromiso y la defensa de TODAS LAS LIBERTAD INDIVIDUALES, porque sin libertad no hay prosperidad, y sin prosperidad no puede haber ni paz, ni vida, ni posibilidad de experimentar el mayor número de momentos de felicidad de un ser humano.
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4 comentarios
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Nunca hago comentarios de los articulos, pero es que el tuyo Secuoya, es que es muy gracioso.

Voy a ser todo lo breve que pueda, porque no vale la pena gastar demasiada energia contigo, viendo como tienes de desordenada la cabeza.

Me gusto especialmente eso de los totalitarismos sufridos en los ultimos siglos. Supongo que en lo que a España le toca, te referiras a las dictaduras de Primo de Rivera y de Francisco Franco no?. Por supuesto comunistas hasta la medula.

A lo mejor te referias a Hitler o Mussolini, que mala suerte tuvieron vaya por Dios con lo bien que nos iria con ellos verdad?

Creo que los llamaban Fascistas, pero no me hagas mucho caso.

Realmente eres impresionante, y lamento con esto tocarte el ego, que se ve perfectamente que lo tienes muy desarrollado. Pero es que ademas de no saber escribir y no saber de historia, ni de politica, es que tampoco sabes leer lo que escribes porque sino no se explica la cantidad de estupidezes inconexas que vas soltando.

Yo que tu cambiaria de dieta o iria dejando los porros, porque se te va la olla de una manera muy preocupante. Lo mas suave que se me ocurrre decirte es que eres un autentico burro, con problemas serios de egocentrismo. A ti lo de el estado social te la chufla, por que el unico estado que se te pasa por la cabeza, es el estado de tus cuentas, tu propiedad, tu ego, tu, tu, tu.... y lo que te fastidia seguramente es que lo tuyo no te debe de ir bien en estos momentos, y te encantaria que volviera un Franco, un Fraga, un Aznar, un Rajoy... y pegarte mucho a su vera, a ver si pillas un buen cacho de lo que tan bien supieron privatizar de lo publico. Esta claro que a ellos y a los proximos a ellos el sistema de la derecha les va genial. Y a los demas que trabajen para ti verdad.

Que es eso de tener derecho a una enseñanza "gratuita", a una sanidad "gratuita", a una justicia "gratuita". Lo de gratuita va entre comillas porque evidentemente es un gasto que costea la sociedad, a cambio de tener esos derechos.

A ti te dan absolutamente igual esos derechos, por que para ti tanto tienes, tantos derechos tienes. Es una ecuacion bien sencilla.

Y por ultimo,eso de la "sopa socialista, esa sopa primordial de los totalitarismos sufridos en los ultimos siglos..."

De verdad que Franco tomaba esa marca de sopa?

Eres un cachondo Secuoya, solo espero que al menos tu no te creas lo que escribes, por que es de hacerselo ver.


Menos mal que no hace comentarios @Monteferro...  pero sepa que coincido con usted.

Pero es igual lo que le diga usted a @secuoya, no creo que le responda, es su estilo,... en consecuencia no se si vale la pena decirlo algo, salvo que sea para "regarle" su ego, sino no hay nadie al otro lado.

Teniendo en cuenta que los afables gestores socialdemocratas a base de pillar un poquito mas, al pegarse a las esferas del poder, lo mas probable es que tengan una buena disponiblidad economica para poder invertir.

Creo que es una mala politica comercial ofender o molestar a potenciales clientes.... (saca tus propias conclusiones), mas teniendo tan claro que tienen hoy en dia el poder politico y por ende economico.

Un abrazo

Jose

La socialdemocracia, es decir los socialismos, nunca han renunciado al estado totalitario. Eso sí, el actual modelo de estado socialdemócrata europeo (defendido por todos los grandes partidos que lo conformaron, de derechas e izquierdas) tienen claro que a diferencia de los anteriores modelos totalitarios socialistas, ahora el estado totalitario ha de conseguirse "sin que se note" y previo adoctrinamiento de las masas a través de del control de las estructuras educativas y mediaticas existentes en dichos estados. Os dejo este Magnífico artículo (para que luego digan que Rothbard y Ayn Rand se pasaron criticándolo).

 

Estado minotauro

Bertrand de Jouvenel (1903-1987) [ 1] [ 2] en su obra  Sobre el Poder. Historia Natural de su Crecimiento definió un nuevo tipo de Estado que bautizó con el nombre de Estado Minotauro.

Empleó el mito griego de Teseo, para describir un Estado Minotauro que equivale a la bestia gigantesca, mitad toro y mitad hombre, que recibía como alimento a los jóvenes ciudadanos de Atenas que eran encerrados en un laberinto, como precio a pagar por los atenienses por haber perdido la guerra contra Creta: la pérdida de la libertad a cambio de la seguridad.

Forma política del Estado

La forma política del Estado moderno surgió a finales del siglo XV en Europa y, en España, fue con los Reyes Católicos. El Estado-Administración era incipiente y el Gobierno podía limitarse por el principio de consentimiento de los ciudadanos y, como argumentaban algunos autores escolásticos españoles, los derechos individuales están por encima de cualquier forma del poder terrenal.

Sin embargo, desde finales del siglo XIX con los derechos  "sociales" y, especialmente, a lo largo de los siglos XX y XXI surge el Estado Minotauro, que definió Bertrand de Jouvenel, con el crecimiento exponencial del tamaño del Estado-Administración.

Como explica el profesor Armando Zerolo  [ 3] [ 4] en su obra  Génesis del Estado Minotauro (2013), es la nueva forma de tiranía democrática y, también, es el último estadio al que llega un aparato burocrático-administrativo al servicio de una casta política o, si se prefiere, de una  oligarquía de élites extractivas, en una  involución institucional que se fundamenta en la resolución estatista de los problemas a partir de las revoluciones políticas desde 1789.

Inicialmente, durante la economía preindustrial, la forma política del Estado representaba entorno al  5% del PIB de los países en los siglos XVI, XVII y XVIII. A partir de la revolución industrial y, especialmente, desde la revolución francesa, el tamaño del Estado creció paulatinamente hasta alcanzar cerca del  15% del PIB después de la Primera Guerra Mundial.

Después de estallar en 1929 la crisis deflacionaria, conocida como Gran Depresión, los ciudadanos quedaron inermes ante las diversas soluciones estatistas para los problemas sociales que las oligarquías de élites extractivas fueron imponiendo en Europa, y el tamaño del Estado creció hasta los niveles máximos del nacional-socialismo de la Alemania nazi y del socialismo real o comunismo de la antigua URSS.

Si lo Político se expresó antiguamente de un modo natural con las formas políticas de la ciudad, el reino o el imperio, con las revoluciones guiadas por el racionalismo constructivista, el tamaño de la forma política  "artificial" del Estado ha aumentado exponencialmente durante los siglos XX y XXI pero, sin embargo, no parece que vaya a reducirse por el « consenso socialdemócrata» existente entre la oligarquía en el poder. Más bien, al contrario.

Después de estallar en agosto de 2007 la actual crisis deflacionaria, conocida como Gran Recesión, se observa un cambio en la percepción de los ciudadanos con gran descontento e indignación hacia la clase política. Sin embargo, como señala el catedrático  Dalmacio Negro, que exista una situación prerrevolucionaria, no quiere decir que, en caso de producirse una revolución, el Estado vaya a disminuir.  

Revolución Francesa (1789)

La Revolución francesa de 1789 fue el punto de inflexión y no retorno en el crecimiento del Estado. A partir de entonces, la legislación fabricada por el Estado-Administración se impone a los ciudadanos aplastando los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y la igualdad de trato ante la ley.

Desde entonces, los ciudadanos consienten todo aquello que legisle la supuesta autoridad política. Los derechos individuales están secuestrados por el estatismo imperante en el  "ethos" colectivo; significando la vida, la libertad y la propiedad lo que, en cada momento y en cada país, determine la oligarquía de élites extractivas por medio del derecho público, del derecho fiscal.

Con el crecimiento desbocado del Estado se impone la legislación positiva como formadora del Derecho con la  "ratio status" o la  "razón de Estado" imponiéndose por encima del uso y las costumbres, la  " common Law " inglesa o, si se prefiere, el  "derecho de gentes" que defendía la escolástica española de los siglos XVI y XVII.

El poder político reside en todos y cada uno de los ciudadanos. Sin embargo, cuando el  "ethos"colectivo deposita la toma de decisiones en una casta política, sin dispersión pluralista del poder y sin barreras institucionales (referéndum) frente al intervencionismo, la forma política del Estado se transforma en una  maquinaria burocrática y legislativa al servicio de la oligarquíapresente en cada ciudad, en cada región y en cada país, cuya esencia es el crecimiento y la invasión competencias del ámbito de decisión de los ciudadanos.

Después de depositar su voto cada cuatro años, la mayoría de los ciudadanos son espectadores pasivos de los juegos de las oligarquías por repartirse el poder y son meras comparsas de la redistribución por el orden político de la riqueza que genera el orden de mercado.

Tamaño del Estado

La amenaza más seria para la democracia en Europa es el tamaño del Estado que, nuevamente, está situado en niveles cercanos al  50% del PIB e, incluso, superiores; lo que imposibilita que se pueda competir internacionalmente con otras áreas económicas, quedando aprisionados los derechos individuales e intervenidos los mercados por la maraña de leyes y las redes de intereses tejidas por las oligarquías de élites extractivas de cada país.

En su obra  Derecho, Legislación y Libertad, Friedrich A. Hayek (1899-1992) señalaba un tamaño de Estado del 50% del PIB en el Reino Unido en el año 1979; razón por la cual la ex primera ministra Margaret Thatcher intentó limitar el tamaño del Estado en su país desde 1979 y hasta 1990:

La tendencia del sector público a crecer progresivamente y de manera indefinida llevó, hace aproximadamente un siglo, a formular la ley sobre el creciente gasto del gobierno. En algunos países como Gran Bretaña, este crecimiento ha alcanzado ya un punto en el que el porcentaje de la renta nacional controlado por el gobierno llega a superar el 50%. Esta es sólo una consecuencia de la tendencia intrínseca de las instituciones actuales a la expansión del mecanismo estatal; y no puede esperarse otra cosa en un sistema en el que primero se fijan las «necesidades» y luego los medios disponibles, por decisión de gente que piensa que no tiene que pagarlos directamente... Puede ser que, habiéndose echado sobre la espalda demasiadas funciones, el gobierno descuide las más importantes...

Friedrich A. Hayek,  Derecho, Legislación y Libertad (Unión Editorial, 2006), Páginas 420-421.

Si bien en España el tamaño era del 25% PIB en el año 1975 al comienzo de la transición a la democracia, ahora mismo  el Estado sobrepasa el 50% del PIB en el año 2014 si se tiene en cuenta el volumen de gasto de las administraciones públicas central, autonómicas, provinciales y locales y, también, los correspondientes entramados público empresariales junto con las miles de entidades que se alimentan de los presupuestos públicos.

Cuanto mayor es el tamaño del Estado, mayor poder tienen el orden político para intervenir con leyes y actuaciones y, por tanto, mayor perjuicio se ocasiona al funcionamiento del orden de mercado.

Si bien no se puede obviar que existe un orden político, conviene analizar que marco institucional permite minimizar la intervención del orden político sobre el orden de mercado.

Algunos autores pensamos que el tamaño del Estado es perjudicial cuando está situado en niveles superiores al 15% del PIB que era el que existía a comienzos del siglo XX y, especialmente, cuando el  marco institucional y el gasto público va más allá de garantizar la triple seguridad.

En la situación actual, sería factible reducir paulatinamente el gasto público hasta un 40% del PIB y liberalizar la economía para permitir que España pueda competir internacionalmente.  

Estado Minotauro

El « consenso socialdemócrata» imperante en los partidos políticos y de la imposición de bioideologías (eutanasia, eugenesia...) son consecuencias lógicas de un  Estado Minotauro que devora los derechos de los ciudadanos con un gasto público que representa más del 50% del PIB y alimenta un aparato burocrático-legal al servicio de las oligarquías de élites extractivas formadas por los partidos políticos, los sindicatos, las patronales empresariales y los medios de comunicación que realizan la propaganda del régimen.

El Estado Minotauro emplea cientos de excusas para la  depredación de los recursos públicoscomo, entre otras, la justicia  "social", el bien  "común", el interés  "general", la redistribución de la riqueza, la lucha contra la pobreza, el cambio climático, la educación para la ciudadanía, la memoria histórica...

Por supuesto, aquellos que critiquen el Estado Minotauro y el consenso socialdemócrata que lo sostiene, quedan excluidos socialmente por la oligarquía y catalogados como alternativos, extremistas o radicales, cuando lo único que ponen de manifiesto es el  recorte de las libertades políticas y la  imposibilidad de cálculo económico en el socialismo en un  Estado Minotauro que rebasa el 50% del PIB.

Ante un Estado Minotauro, sólo existen dos opciones. Se puede votar con los pies y emigrar o bien se puede dar la batalla ideológica para cambiar la actitud personal de la oligarquía y de los ciudadanos que dan soporte electoral a la misma, modificando su errónea percepción sobre las soluciones estatistas y exigiendo los cambios institucionales para vivir en una  sociedad más abiertacon un  Estado limitado o mínimo.

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