A fuerza de comercializarlo como un producto seguro y conservador, los PIAS han terminado por estar revestidos de un aura de producto cuasigarantizado, cuando su realidad es bien diferente y pueden ser mucho más flexibles. 

Los PIAS están pensados para fomentar el ahorro a largo plazo con un modelo de aportaciones lo más sistemático posible. En otras palabras, un lugar al que destinar lo que ahorras todos los meses para generar un capital que te ayude al jubilarte. Precisamente por eso su fiscalidad es más positiva si se rescata como renta periódica.

 

 Lo que ha ocurrido es que la mayoría de aseguradoras y entidades financieras han puesto énfasis en las modalidades garantizadas de los PIAS, que básicamente se limitaban a invertir en bonos para asegurar una rentabilidad mínima y dejaban que el peso comercial recayese en las ventajas fiscales del producto. La tendencia ha cambiado en el último y ahora cada vez son más las entidades que sacan a la luz y publicitan sus PIAS más arriesgados. El funcionamiento de estos PIAS es relativamente sencillo, el ahorro mensual del usuario va a parar a una cesta de fondos en teoría bien diversificada y ajustada al perfil de riesgo del PIAS. Si es más arriesgado habrá más renta variable y si es moderado, el reparto será más equilibrado. 

 

La mayoría de entidades trabajan por lo menos con tres o cuatro perfiles de PIAS que van desde el garantizado (cuidado, porque la garantía es la solvencia de la propia entidad aseguradora), hasta el dinámico o agresivo pasando por las categorías de “equilibrio”, “crecimiento” o cualquier otro nombre que le ocurra al departamento de marketing. Al final el nombre es lo de menos, lo importante es que van desde emisiones de renta fija a una fecha de vencimiento hasta la inversión de todos los ahorros en renta variable. 

 

¿Cuál es la rentabilidad de los PIAS?

 

 La rentabilidad de los PIAS también está en función del perfil de la cartera, exactamente igual que en un fondo de inversión o en un plan de pensiones. 

 

La cesta agresiva del PIAS Estrategia 5 de Aegon, por ejemplo, acumula un 8,77% en 2017 y cerró 2016 con un 5,92%. En Finizens la rentabilidad de 2016 para su cartera más agresiva fue del 9,22% y el promedio desde 2007 es del 6,79%. Como es lógico, no todos los gestores son igual de hábiles y los hay que pueden obtener rentabilidades menores. Es el caso de Banco Mediolanum, cuyo PIAS Europensión Vida / Futuro Extra PIAS, Cesta Variable II, gana un 4,45% en 2017, pero se dejó un 6,17% en 2016, por ejemplo. 

 

En la sección de fondos puedes encontrar los fondos más seguidos por los usuarios y ver sus rentabilidades, pero si lo prefieres con esta píldora puedes dar con el fondo que tú quieras.

 

 

Y si lo que prefieres es un plan de pensiones por similitud, con esta píldora tendrás esa misma información. 

 

Recuerda antes de contratar el PIAS revisar el apartado de “Gastos de gestión de la póliza y costes de la cobertura” para saber cuánto va a cobrar la aseguradora por gestionar el PIAS, ya que de otra forma puedes acabar pagando las comisiones de los propios fondos en los que invierte el PIAS (los carga el PIAS directamente en su gestión), los propios de la gestión del PIAS y lo que te cobre el mediador que lleva el producto. Si te descuidas, puedes terminar pagando más del 60% de la prima del seguro (recuerda que el PIAS es un seguro) por gastos de admistración. 

 

Del mismo modo, nunca te dejes llevar por la palabra “rentabilidad garantizada” sin preguntar antes a qué parte de la prima se aplica. Y es que algunas de esas rentabilidades se refieren al Interés Técnico Garantizado, que sólo se aplica a una parte de la prima. Imaginemos un PIAS con un 5% garantizado pero que sólo se aplica al 50% de la prima, la rentabilidad real garantizada será del 2,5%, la mitad.