invertir_primeros_ahorros_finectIndependiente, joven y con los primeros ahorros estables en tu cuenta bancaria. Esta descripción es una de la que más se repite entre las personas que se empiezan a interesar por el mundo financiero. Son, sobre todo, millenials que empezaron hace pocos años su vida laboral y cuentan con independencia suficiente y conocimientos básicos como para saber que si no ponen a trabajar su dinero la inflación se lo acabará comiendo. Hay otros perfiles, por supuesto, pero son menos. 

Aunque la mayoría de estas personas parte de un patrimonio limitado, como son sus primeros ingresos, también cuentan con una gran ventaja. Y es que debido a su edad la capacidad de ahorro que pueden tener a largo plazo, por pequeña que sea, es muy superior a la de otros inversores más mayores. El problema es que si no cuentan con los conocimientos suficientes, una estrategia adecuada o la ayuda de algún asesor financiero que los oriente para rentabilizar su dinero pueden acabar sin sacarle ningún partido. 

Por este motivo, son muchos los que piensan que con cantidades pequeñas no pueden hacer prácticamente nada. Sin embargo, si nos focalizamos en el ahorro y nos comprometemos a aportar determinadas cantidades de manera periódica, tendremos acceso a un gran abanico de posibilidades en los mercados financieros dependiendo de cuál sea nuestra finalidad. Veamos por dónde empezar a invertir estas pequeñas cantidades de dinero

¿Qué hacer con mis ahorros?

Si estás pensando en rentabilizar tus ahorros a largo plazo lo más conveniente será empezar a invertir cuanto antes, ya que la volatilidad del mercado a corto plazo tendrá un impacto relativo para tu dinero. Lo más recomendable, si estás empezando, es invertir una determinada cantidad de dinero e ir haciendo pequeñas aportaciones periódicas que nos aseguren tener cierta rentabilidad en el futuro y capear la inflación. Además, siempre puedes ir incrementando estas cantidades en determinados productos con el paso del tiempo. 

Supongamos que partimos de una cantidad inicial de 1.000 euros. Sin conseguimos ahorrar 300 euros de manera constante durante diez años, tendremos, durante los primeros doce meses, 4.600 euros y en 2029 habremos construido un ahorro de 37.000 euros. Con este punto de partida estaremos ante dos opciones:

  1. Dejar el dinero en una cuenta bancaria que nos de un 0% de interés. Con ello, perderíamos valor adquisitivo si planteamos un escenario en el que la inflación suba en torno al 2% cada año. Esto nos dejaría con un total de 30.232 euros.
  2. Invertir ese dinero. Con ella, la inflación también nos afectaría, pero si llevamos a cabo las estrategias adecuadas y obtenemos una rentabilidad media anual de entre el 7% y el 8% podríamos llegar a acumular un valor real de unos 46.000 euros (más de 56.000 euros sin descontar la inflación). Es decir, al cabo de diez años habríamos obtenido unas ganancias de en torno a los 10.000 euros.

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¿Cómo empezar a invertir dinero?

Una vez hayamos decidido la cantidad que queremos invertir, cómo queremos rentabilizarla y los plazos y aportaciones periódicas que haremos, tendremos que buscar dónde invertir los ahorros, es decir, el producto en el que vamos a canalizar dicho ahorro. 

1. Fondos de inversión

Una de las opciones más interesantes pueden ser los fondos de inversión, que nos permitirán acceder a activos y mercados que no siempre están a nuestro alcance. Se trata de productos que pueden ser contratados por inversores experimentados y también por aquellos que está empezando, pues están gestionados por expertos en la materia. Los fondos de inversión son una buena manera de tener una cartera compuesta por diferentes activos de distintas zonas geográficas y sectores, ya que su funcionamiento está basado en la inversión colectiva, es decir, agrupa el capital de muchos ahorradores y lo diversifica. 

Existen diferentes tipos de fondos que se adaptan a cada perfil inversor. Podemos encontrar desde productos para perfiles más conservadores (fondos monetarios o garantizados) hasta para los más arriesgados, que son los fondos que invierten en acciones de renta variable. Además, los fondos tienen otra ventaja para quienes empiezan a invertir a través de ellos. Y es que son activos líquidos que se pueden liquidar en pocos días en caso de necesitar el efectivo. Este es un punto importante para los inversores menos experimentados y con menos ahorros, ya que si en un momento dado se presenta un imprevisto y necesitan el dinero podrán rescatarlo de manera rápida. Además, también suelen tener flexibilidad a la hora de comprar participaciones, pues los límites mínimos de inversión suelen ser reducidos. 

 

Dependiendo del tipo de fondo que elijas podrás obtener una mayor o menor rentabilidad. A nivel global y aunque siempre es conveniente fijarse en el largo plazo, en lo que va de año los fondos de inversión registran una rentabilidad media del 5,55%, según Inverco. Los productos con los que se obtienen mejores resultados son los de renta variable, que, a lo largo de 2019, obtienen una rentabilidad cercana al 20% en los mejores casos. Si quieres consultar cuáles son los mejores fondos de 2019 puedes hacerlo en este post

Eso sí, si es la primera vez que inviertes en este tipo de productos, lo mejor será que lo consultes con un asesor financiero para que te oriente. Si debido a los costes o a tu patrimonio inicial esta opción no te compensa, también pueden ser interesantes los roboadvisors. Esto últimos son gestores automatizados que se apoyan en algoritmos para invertir en fondos (generalmente indexados) y dar servicio a inversores con patrimonios más pequeños.

2. Renta variable

Si estás dispuesto a asumir un mayor riesgo sobre tus inversiones, la mejor forma de obtener una mayor rentabilidad es a través de la renta variable. Invirtiendo directamente en acciones de bolsa se suele obtener un rendimiento muy superior al de cualquier otro activo. No obstante, este mercado suele experimentar una mayor volatilidad, por lo que será preciso diversificar y mantener la calma en caso de que se produzcan caídas bruscas. Lo recomendable es que, si no estás acostumbrado a invertir en bolsa, no inviertas todo tu dinero a la vez y en un solo activo. Hazlo con aportaciones periódicas, invirtiendo pequeñas cantidades de dinero, a largo plazo y diversifica. 

3. Crowdfunding

Se trata de una de las fórmulas más recientes en el mundo de la inversión. A través de crowfunding puedes invertir en acciones de empresas emergentes o start-ups que no cotizan en bolsa ni en otros mercados regulados. Este modelo te permite apoyar a emprendedores y hacer crecer sus negocios. No obstante, aunque te puede reportar grandes beneficios si sale bien, también es una de las opciones más arriesgadas, ya que algunos de los nuevos negocios que surgen a diario acaban en quiebra. 

En la actualidad existen diferentes plataformas a través de las que puedes invertir en crowdfunding. Algunas de la más conocidas son Kickstarter, Lánzanos, Crowdcube o Indiegogo, por ejemplo. 

4. Planes individuales de ahorro sistemático (PIAS)

Si lo que buscas es rentabilizar tus ingresos para tener un buen colchón cuando llegue la hora de la jubilación, otra de las opciones más atractivas pueden ser los PIAS o Planes Individuales de Ahorro Sistemático. Se trata de seguros individuales de ahorro a largo plazo que permiten completar la pensión tras la jubilación y que, a diferencia de los planes de pensiones, no es preciso esperar a los 65 años para disponer de ellos, por lo que tienen mayor liquidez. 

Uno de los principales requisitos que exigen estos productos para estar exentos de impuestos es que las aportaciones no puedan superar los 8.000 euros anuales ni los 240.000 en toda la vida del plan, por lo que se trata de un producto adecuado para pequeños ahorradores. Eso sí, a diferencia de los planes de pensiones, las aportaciones a estos planes no desgravan fiscalmente. 

5. Y si no quieres riesgo...deuda pública

Si lo que quieres es empezar a mover tus primeros ahorros casi "sobre seguro" también puedes valorar la posibilidad de invertir en deuda pública, aunque estarás sacrificando la rentabilidad que te pueden ofrecer otros productos. La compra de títulos de deuda pública consiste en la adquisición de deuda del gobierno de un determinado país. Es decir, le prestamos un dinero que luego nos devuelve con unos intereses.

Aunque el riesgo de este tipo de inversiones es mucho más reducido, lo cierto es que las rentabilidades también lo son. Por ejemplo, la rentabilidad del bono español a 10 años se ha venido situando en las últimas semanas alrededor del 0,3%. Por ello, si partimos de un patrimonio pequeño, una rentabilidad de este tipo no resulta tan interesante si la comparamos con otros productos de inversión. 
 

¿Cuánto puedo ganar invirtiendo a largo plazo?: