Los ETF han ido posicionándose como una alternativa a la inversión tradicional. La gestión pasiva, tan implantada en Estados Unidos, llega poco a poco a España con este producto de inversión y otros como los fondos indexados.

Un ETF es el acrónimo de Exchange Trade Fund, que se ha traducido al castellano como fondo cotizado. Este producto mezcla dos mundos diferentes: el de los fondos de inversión y el de las acciones. De forma muy resumida podría definirse como un fondo de inversión que se compra y se vende como una acción en lugar de suscribirse y reembolsarse con participaciones como un fondo al uso.

Qué es un ETF

Desde un punto de vista técnico, los fondos cotizados siguen siendo fondos de inversión. Así lo indica la CNMV, que los encuadra dentro de las instituciones de inversión colectiva.

En realidad, un ETF es una cesta de activos financieros y valores cotizados, como también lo es un fondo. A partir de ahí, el objetivo de los ETF es replicar los movimientos de un índice, que puede ser de renta fija, renta variable, divisas, materias primas... Al principio estos índices eran los propios del mercado, pero con el tiempo se han ido creando ETF que ahora actúan como referencia para sectores enteros.

A diferencia de un fondo de inversión tradicional, los ETF funcionan como acciones. Su comportamiento no es el de un fondo tradicional si no el de un valor. La principal consecuencia es que un fondo cotizado puede comprarse y venderse en cualquier momento, algo que no sucede con el resto de fondos. Con un fondo de inversión el valor de mercado se determina al cierre del día, mientras que con un ETF se calcula en tiempo real. 

Los ETFs también están definidos por sus comisiones. La comisión de gestión de los fondos cotizados suele ser menor que las de un fondo normal. El motivo es que al usar un sistema de gestión pasiva la figura del gestor no es tan importante y, por lo tanto, no hay necesidad de engrosar esta comisión.

 

Qué es la gestión pasiva

La gestión pasiva está siendo una de las tendencias de inversión más fuertes desde 2016. Sólo ese año ya captó el 86% del dinero nuevo que se invirtió en fondos y en 2017 ha mejorado las cifras. Según datos de State Street Global Advisors, el pasado año se hizo con 464.000 millones de euros netos, un 60% más.

La gestión pasiva consiste en seguir estrategias y usar técnicas de inversión donde la figura del gestor del fondo se minimiza. Para entenderlo mejor, nada como enfrentarlo a la gestión activa, la que todavía domina el mercado y la más tradicional. Lo que diferencia a la gestión pasiva de la gestión activa es el papel de gestor. En la segunda, este gestor es más dinámico y aplica estrategias de inversión activas, moviendo el dinero para intentar obtener benefcios. Esto se traduce en unos mayores costes operativos (el fondo tiene que pagar comisiones por operativa) y en un equipo de gestión más amplio que analice el mercado y busque oportunidades.

Por el contrario, en un fondo de gestión pasiva el equipo gestor se limitará a imitar la composición de un índice para replicar su comportamiento o, en su defecto, creará un nuevo índice para un determinado sector o activo (ETF de empresas tecnológicas, ETF sobre el oro...). El resultado es que se harán muchas menos operaciones y la figura del gestor será casi testimonial. Por eso sus comisiones de gestión serán menores.

Nuestro compañero Kaloxa disecciona la gestión pasiva frente a la gestión activa, sus ventajas y riesgos.

Diferencias con los fondos indexados

Los fondos cotizados no son la única herramienta de gestión pasiva. Los fondos indexados son otra alternativa que muchas veces se confunde con la primera. La realidad es que ETFs y fondos indexados son diferentes pese a tratarse de dos caras de una misma moneda.

En ambos casos el objetivo es replicar un determinado índice, pero la forma de hacerlo es diferente y también la operativa. Estas son las diferencias.

  • Un ETF funciona como una acción y, por lo tanto, se puede comprar y vender en cualquier momento. Un fondo índice funciona como un fondo de inversión tradicional, que puede suscribirse y reembolsarse una vez al día.
  • Un ETF debe estar invertido al 100% mientras que un fondo índice debe guardar un porcentaje de liquidez obligatorio.
  • La réplica de los fondos cotizados suele ser más exacta que la de un fondo índice.
  • Las comisiones de gestión los ETF suelen ser menores, aunque también habrá que pagar después comisiones por compra-venta.
  • La fiscalidad es diferente. Un fondo indexado está sujeto a la fiscalidad de los fondos de inversión, mientras que la fiscalidad de los ETF españoles será la propia de las acciones (otra cuestión diferente son los ETFs extranjeros). 
  • Compras mensuales frente a aportaciones mensuales. Para invertir en un fondo cotizado tendrás que comprar ese fondo mes a mes, aumentando así tu posición en el mismo. Con un fondo indexado también puedes realizar aportaciones periódicas, que servirán para comprar participaciones.

Al final fondos cotizados y fondos indexados son parecidos pero muy diferentes.

Características de los ETF

¿Cuáles son las principales características de un fondo cotizado? En los apartados anteriores ya hemos visto algunas de ellas como el hecho de que un ETF funciona como una acción y no tanto como un fondo o que su gestión es pasiva y no activa. Sin embargo, hay más que tienen que ver con su operativa.

  • Transparencia. Al ser activo cotizado, es posible conocer su valor en todo momento.
  • Flexibilidad. Un ETF se puede comprar en cualquier momento y la compra se hará efectiva según su cotización en ese instante, no habrá que esperar hasta el final la sesión ni habrá ventanas de salida como ocurre con determinados fondos.
  • Liquidez. Un ETF se puede comprar y vender el cualquier momento, como una acción. Son 100% líquidos.
  • Diversificación. Un fondo cotizado es un instrumento ya diversificado en sí mismo. Al invertir en una cesta de valores siempre existirá cierto grado de diversificación. Y es que con un ETF puedes 'comprar' un índice entero sin tener que invertir en cada una de sus acciones.
  • Comisiones. Las comisiones de gestión de los ETF son más bajas que las de un fondo tradicional, aunque como con toda acción, habrá que sumar las comisiones de compra-venta si te dedicas a hacer una operativa muy activa con estos fondos.

Tipos de ETF

Todos los ETF buscan replicar índices, pero eso no quiere decir que exista un solo tipo de fondo cotizado. En realidad existe más de un formato en función del índice que trate de imitar y las características del propio fondo. Estos son algunos ejemplos:

  • ETF de índices de renta variable. Los hay de todos los colores desde ETF sobre Ibex 35 hasta ETF sobre Dow Jones. Su objetivo será comportarse igual que el índice de referencia.
  • ETF de índices de renta fija. Se crean sobre obligaciones o bonos, tanto públicos como privados. Así puede haber ETF sobre deuda soberana emergente, europea, asiática...
  • ETF monetario. Su objetivo es replicar deuda estatal a corto plazo con máxima califiación y activos monetarios del mercado interbancario.
  • ETF de materias primas. Los hay sobre el petróleo, gas, oro, plata... Es una alternativa para invertir en oro.
  • ETF sectoriales. Replican índices creados por casas de análisis sobre diferentes sectores. Pueden ser tecnológicos, de sector automoción e incluso de sectores mineros, para complementar los de materias primas, por ejemplo.
  • ETF regionales. Estos fondos cotizados recogen activos de un área geográfica concreta y servirían para estar invertido en una región o país. Lo hacen replicando índices de renta fija o variable de estas áreas.
  • ETFs globales. Son los que se centran en índices mundiales de renta fija o ernta variable como el MSCIWorldIndex o el ACWorldIndex, por ejemplo.
  • ETFs inversos. Básicamente apuestan a la baja para ponerse corto, de manera que ganan dinero cuando el índice baja.

Ventajas de los ETFs

El principal punto a favor de los fondos cotizados es que se trata de un instrumento de inversión barato porque cobra menos comisiones y tiene menos costes de operación.

Además, al estar cotizado puedes comprar al precio que desees. Será tan fácil como emitir una orden de compara a un precio concreto. Del mismo modo, puedes comprar en cualquier momento, sin esperas y sabiendo cuánto pagarás.

Por supuesto, ofrece una mayor diversificación que la inversión en bolsa, pero no mayor que la que dan otros fondos de inversión.

Por último, los fondos cotizados permiten seguir las tendencias generales del mercado a coste reducido y adaptarse rápidamente a cualquier cambio. Y es que con un solo producto puedes estar invertido en todo un sector o región, por ejemplo.

Inconvenientes de los ETF

Los fondos cotizados también tienen sus desventajas generales y frente a los fondos de inversión. El primero es que pueden existir costes adicionales al sumarse comisiones de compra-venta y de custodia.

Además, su fiscalidad es menos ventajosa cuando se trata de ETFs españoles.

Fiscalidad de los ETF

Al invertir nunca debes olvidarte de Hacienda. Dependiendo en qué inviertas pagarás más o menos impuestos. En el caso de la tributación de los ETF la duda reside en si pagan impuestos como acciones o como fondos de inversión. Es decir, si pueden aprovecharse de la exención fiscal por reinversión de los fondos. Y es que si vendes un fondo pero reinviertes el dinero en otro, no tendrás que tributar en la declaración de la renta.

Por defecto, Hacienda venía aplicando a los ETF la normativa que aplica en las acciones. Es decir, sin la ventaja de la exención por reinversión. Así, tendrás que pagar impuestos en la renta cada vez que compres o ventas un fondo cotizado, sin importar lo que después hagas con ese dinero. Sin embargo, un resolución de la Dirección General de Tributos ha cambiado el panorama, diferenciando entre ETF nacionales y extranjeros.

Para los nacionales aplicará la fiscalidad de las acciones y para los extranjeros, la propia de los fondos. Aquí puedes ver cómo tributan los ETFs extranjeros. No obstante, algunos han dejado de estar disponibles en las plataformas españolas.

En cualquier caso, cuando llegue la hora de pagar, los fondos cotizados se incluirán dentro de las rentas del ahorro en el IRPF como ganancia o pérdida patrimonial. Esto quiere decir que se aplicarán los siguientes porcentajes sobre la ganancias que obtengas:

  • 19% para ganancias hasta 6.000 euros.
  • 21% para ganancias entre 6.000 y 50.000 euros.
  • 23% para ganancias que superen los 50.000 euros.

¿Merece la pena invertir en ETF?

Los ETF son una buena forma de hacer crecer tus ahorros a coste limitado y que puedes compaginar con inversiones en fondos concretos o en bolsa, por ejemplo.