Hay pocas tendencias en el mundo de la inversión tan claras como el aumento de la gestión pasiva. Según los datos Morningstar, su crecimiento orgánico durante los últimos 10 años ha sido del 16,5% frente al 2% de la industria de fondos de inversión general.

Crecimiento de la gestión pasiva

Detrás de este crecimiento se esconde una forma diferente y más sencilla de entender la gestión de los ahorros y la inversión. La gestión pasiva es especialmente útil para el pequeño inversor con conocimientos financieros limitados, pocas ganas y menos tiempo para dedicarle a sus inversiones.

Qué es la inversión pasiva

Existen dos formas de invertir. La primera y tradicional es tratando de superar al mercado invirtiendo directamente en empresas o fondos con diferentes estrategias. La segunda es asumir que no se puede superar al mercado de forma continua y tratar de replicarlo. Esta es la conclusión a la que llegó John Bogle, fundador de Vanguard, tras comprobar que buena parte de los gestores de fondos no conseguía batir al mercado consistentemente a lo largo del tiempo.

Así es cómo creó su estrategia, basada en la gestión pasiva y la inversión indexada. En este sentido, se podría definir la inversión pasiva como el invertir en índices en lugar de buscar las mejores oportunidades del mercado y hacer selección.

Vicente Varó y Maite López lo resumen en el siguiente vídeo:

Diferencias entre la gestión activa y la gestión activa

¿En qué se diferencia la gestión activa y pasiva de tus ahorros? Básicamente en los productos en los que inviertes, el tiempo que le dedicas y las comisiones que pagas. Además, también supone un enfoque y estrategia de inversión distinto.

Un inversor activo utiliza sus conocimientos para buscar las mejores oportunidades de inversión en distintos activos. Su objetivo es siempre hacerlo mejor que el mercado o que su sector de referencia. Para lograrlo sigue estrategias dinámicas con diferentes productos que van desde la compra de acciones infravaloradas, inversión en bonos con descuento o crear carteras de fondos de inversión seleccionados. Del mismo modo, los hay que invierten por fundamentales, quienes lo hacen siguiendo el análisis técnico o quienes son inversores en valor (value).

Lo que les define a todos es que son activos, que analizan el mercado y toman decisiones de inversión que les llevan a operar cada cierto tiempo.

Por el contrario, el inversor pasivo tiende a comprar y esperar. En otras palabras, sigue una estrategia de inversión buy & hold. Además, opera principalmente con fondos indexados y ETFs, cuyo objetivo es replicar lo que hace el mercado o un índice concreto.

En este sentido, en un fondo de gestión activa hay un equipo gestor que se encarga de buscar oportunidades de inversión y de mover el dinero. Mientras, en un fondo de gestión pasiva, este equipo es mínimo, ya que el objetivo es replicar al índice. La consecuencia son comisiones mucho más bajas, una de las características de la inversión pasiva.

Ventajas de la inversión pasiva

¿Qué ventajas tiene ser un inversor indexado? La principal virtud es el ahorro de comisiones, aunque también tiene otros puntos fuertes como el ahorro de tiempo.

Estas son las características positivas de la gestión pasiva de tus ahorros.

Menores costes y comisiones

Las comisiones de gestión de fondos indexados y ETFs son menores que las de un fondo de gestión activa. El motivo es que al no haber detrás un equipo gestor, su gestión es mucho más sencilla. Por eso mismo, no tiene sentido que la comisión por ese concepto sea elevada.

La consecuencia es que las comisiones de gestión en un fondo activo suelen superar el 1% mientras que en un fondo pasivo tienden a situarse por debajo del 0,5%. En otras palabras, la gestión pasiva es más barata y paga menos comisiones.

Por otro lado, la gestión pasiva y la estrategia buy & hold con aportaciones periódicas implica realizar muchas menos operaciones que con la gestión activa. Esto también reduce el dinero destinado a comisiones por suscripción, reembolso y traspaso o por compra-venta en el caso de las acciones. 

Comprueba aquí el coste de cualquier fondo a largo plazo

 

Menor dedicación de tiempo

Otra de las ventajas de la inversión indexada es que requiere mucho menos tiempo que la gestión activa. Como no hace falta seguir estrategias complejas, no es necesario estar todo el tiempo encima de tu cartera.

En este sentido, hay bogleheads (seguidores de la filosofía de John Boble) que abogan por un rebalanceo semestral de la cartera de inversión. En otras palabras, que sólo tendrías que revisar tus inversiones cada seis meses. Mientras tanto, te limitarías a realizar aportaciones periódicas o dejar que los mercados hiciesen su trabajo. Al cabo de esos seis meses te tocaría ver cuál ha sido la evolución de tu cartera y si la distribución de activos sigue ajustándose a tus objetivos.

Y es que este asset allocation es la parte que más trabajo lleva a la hora de crear una cartera de inversión pasiva.

Diversificación

La inversión pasiva se estructura en torno a fondos indexados y ETFs. Al invertir en un índice, siempre va a existir cierto grado de diversficación porque estás 'comprando' varias empresas de un mismo país. A modo de ejemplo, un fondo indexado sobre el Ibex hará lo mismo que el selectivo español, que está compuesto por varias empresas de diferentes sectores.

Otra cuestión diferente es la diversificación geográfica, aunque para eso existen ETFs sobre regiones enteras y fondos indexados que replican índices más amplios como el Eurostoxx. Además, también hay índices sobre la economía mundial.

Pensada para el largo plazo

La gestión pasiva funciona para inversiones a largo plazo. A corto plazo el mercado sufre oscilaciones y es complicado prever qué puede hacer. Sin embargo, a largo plazo se impone la media del mercado, más estable y sencilla de prever. Según los datos de Weelthfront, el riesgo se reduce a la mitad si pasas de invertir a un año vista a hacerlo a 10 años.

Cómo cae el riesgo con el paso del tiempo
¿Y la rentabilidad? En teoría también es más fácil de calcular, ya que será la rentabilidad media de los mercados. En este sentido, la rentabilidad del S&P 500 a 10 años es de aproximadamente el 8%.

Desventajas de la gestión pasiva

La gestión pasiva tampoco es perfecta. De hecho, cuenta con sus propios demonios y dudas. Estos son los principales inconvenientes de la inversión pasiva e indexada.

Replicar no garantiza el éxito

Las dos bases de la gestión pasiva es que a largo plazo la bolsa siempre sube (para periodos de más de 15 años siempre ha sido así) y que el rendimiento de los fondos de gestión activa no supera de forma sistemática y sostenible el crecimiento del propio índice. De hecho, así lo atestigua un reciente ensayo de John Bogle titulado The Road Less Traveled. Según sus datos un 92,4% de los fondos de gestión activa que invierten en acciones americanas sale perdiendo respecto a los índices en periodos de 15 años. Su rendimiento medio anual es un 1,5% inferior, lo que supone ganar un 25% menos en 15 años.

Los datos están ahí, pero tampoco reflejan adecuadamente la disyuntiva entre gestión activa y pasiva. La realidad es que replicar un índice no es sinónimo de éxito porque sin una buena asignación de activos y elección de índices, también puede darse el caso de que pierdas dinero o de que, llegado el momento del rescate, el mercado esté cayendo y con él tu cartera de inversión indexada.

Sobreexposición y diversificación sesgada

Un ETF o un fondo indexado está diversificados en sí mismos, pero una buena diversificación va más allá, como ya hemos visto.

Hay índices con cierta diversificación y otros donde esta es menor. El Ibex es un buen ejemplo por el enorme peso del sector financiero en su composición. Si sólo tienes un fondo indexado o ETF sobre el Ibex estás sobreexpuesto a España y al sector financiero.

Por eso mismo, para que exista una diversificación adecuada, debes pensar en la composición de tu cartera de inversión pasiva.

Potenciales problemas de liquidez

Como explica Vicente Varó, en caso de pánico, cuando todo el mundo intenta salir al mismo tiempo, podría haber complicaciones para atender a todas las peticiones de reembolso de los fondos pasivos o de venta de ETFs. La razón sería que cada vez más personas están invertidas en los mismos productos.

A esto se añaden otros riesgos más relacionados con el proprio crecimiento de los fondos pasivos y ETFs que puedes ver en este artículo de @Fabala: mitos de la gestión indexada.

Qué es la gestión pasiva

Cómo crear una cartera de inversión pasiva

Ahora que ya sabes cómo funciona la gestión pasiva, llega el momento de ser algo más practicos y ver qué productos puedes utilizar para crear la tuya.

La inversión pasiva se apoya en dos productos parecidos pero distintos: fondos de inversión indexados y ETFs o fondos cotizados. El objetivo de ambos es replicar un índice concreto, aunque en el caso de los ETF también pueden trabajar sobre sectores concretos.

En los siguientes enlaces puedes ampliar información sobre cada uno de ellos:

- Qué es y cómo funciona un ETF

- Diferencias entre fondos indexados y ETFs

- Cómo funciona un fondo de inversión (un fondo indexado funciona igual, sólo que con una gestión pasiva de las inversiones)

Tanto ETFs como fondos indexados pueden formar parte de una cartera de inversión pasiva. A la hora de elegir entre ambos las principales diferencias son las comisiones (menores con los ETFS) y la fiscalidad (mejor en el caso de los fondos indexados). En el caso de la fiscalidad, puede ser un elemento clave, ya que los fondos indexados disfrutan de una exención fiscal en caso de reinversión. En otras palabras, si traspasas tu dinero de un fondo indexado a otro fondo (indexado o no) no pagarás impuestos en la declaración de la renta. Los ETFs no pueden aplicar esta ventaja. La traducción es que con cada cambio en la composición de la cartera Hacienda reclamará entre un 19% y un 23% del beneficio con los ETFs, pero no con los fondos indexados.

La elección del producto de inversión es importante. Los fondos indexados más buscados por los inversores pasivos son los de Vanguard, porque son también los más baratos, junto con los de Amundi o Pictet. Sin embargo, elegir un buen fondo indexado o un buen ETF no es sinónimo de éxito. La razón es que después hay que realizar un seguimiento de la cartera de inversión pasiva. En otras palabras, tendrás que revisar la composición de tu cartera y los fondos que forman parte de ella para que se ajuste a tus necesidades y al momento de mercado.

Lo que ocurre es que según vaya evolucionando tu cartera, los porcentajes que dedicas a renta fija y renta variable y también la distribución geográfica y sectorial irán cambiando. Si además realizas aportaciones periódicas automáticas mes a mes, este rebalanceo de cartera será todavía más importante.

¿Inversión pasiva o inversión activa?

¿Cuál de los dos modelos elegir? En realidad no hay por qué decantarse por uno o por otro. Inversión activa y pasiva son complementarios. Puedes contar con una gestión activa para una parte de tu cartera y dejar otra para indexados y ETFs. Esto es, por ejemplo, lo que hace Yoko con su estrategia de inversión que nos explica en este vídeo que no tiene desperdicio: