Los españoles están entre los europeos que más recurren al asesoramiento financiero para tomar decisiones sobre inversión, pero también unos de los que más han centrado esta figura en el asesor del banco. La realidad es que hay más de una figura y empresa que puede ofrecer asesoramiento de inversión en España e incluso dentro de las propias entidades financieras existen diferencias.

Qué es un asesor de banco

Dentro de una entidad financiera coexisten varios tipos de perfiles que ofrecen consejos sobre ahorro e inversión y no todos son iguales. Para empezar hay que diferenciar entre la banca personal y para particulares y la banca privada. La primera es a la que estamos acostumbrados la mayoría de españoles. Es el asesor de banco de toda la vida, al que vemos cuando llegamos a una oficina bancaria.

La segunda, la banca privada, es la que los bancos reservan para grandes capitales. Son servicios que ofrecen a los clientes con más patrimonio, habitualmente por encima de 300.000 euros. La banca patrimonial funciona de forma más parecida a un asesor financiero, ya que ofrecerá productos del banco, pero también otros de diferentes gestoras.

Además, también ofrecerá una gestión patrimonial real más allá del ámbito inversor.

Cómo funciona el asesoramiento en los bancos

Los asesores de los bancos operan de forma diferente a la de un asesor financiero tradicional. El motivo es que los bancos también son diferentes a una EAFI, por poner un ejemplo.

Un asesor de banco puede o no tener formación específica en finanzas, lo que seguro que sí tendrá son directrices del banco en cuanto a estrategias de inversión y productos más interesantes para colocar al cliente.

Al final, una oficina de banca no se diferencia tanto de una tienda al uso con sus objetivos e incentivos. Esto se traduce en venta y colocación de productos a todos los niveles frente a un asesoramiento independiente. Por eso mismo se conceden hipotecas de alto riesgo (la nueva ley hipotecaria cambia este punto), se venden sistemáticamente determinados fondos del banco o se han producido casos como el de las preferentes o la colocación en la salida a bolsa de Bankia.

 

La Mifid II y el asesor de banco

La implementación definitiva de la Mifid II en 2018 va a cambiar radicalmente la labor del asesor de banca tradicional, el que está en las oficinas y no pertenece a la banca privada.

La nueva normativa exige que todos los asesores cuenten con un mínimo de formación específica en finanzas y además diferencia entre la persona que asesora y la que informa. El primero deberá sumar 150 horas de formación por las 80 que le bastan al segundo. La traducción es que quien te atienda deberá dejar muy claro si te está aconsejando o sólo informando dónde encontrar la oferta del banco.

Sin embargo, el cambio más grande tiene que ver con la definición clara de la figura del asesor financiero independiente. Desde 2018 sólo podrán considerarse asesores financieros independientes los que cumplan las siguientes condiciones:

  • Cobran directamente a sus clientes y no pueden recibir ningún tipo de incentivo por las recomendaciones que realicen. En otras palabras, no podrán cobrar retrocesiones.
  • Está debidamente formado, por ejemplo con un título externo como los que provee EFPA.
  • Asegurar la mejor ejecución para el cliente minorista, es decir, dar el mejor precio y los menores costes asociados.

El resto de entidades debe dejar claro que su personal ofrece asesoramiento dependiente. Ahí es donde ahora se encuadran la mayoría de asesores de banco. Dentro de esta categoría se pueden diferenciar dos casos particulares:

  • Asesoramiento dependiente con oferta propia y un número limitado de productos de terceros no vinculados a la entidad. Estos productos de terceros serán los que típicamente se queden fuera de la mayoría de ofertas o en los que menos hincapié se haga.
  • Asesoramiento dependiente con retrocesiones por parte de terceros. Es decir, la entidad o el asesor cobran más por recomendar determinado tipo de productos.

Por último, también puede haber entidades que directamente no ofrezcan asesoramiento. En este caso su función pasaría por ofrecer fondos o producto de terceros y herramientas que ayuden al inversor a decidir. Estaríamos hablando de un modelo más de información y acceso a oferta de fondos que de asesoramiento.

La Mifid II va a suponer un enorme cambio en la forma de trabajar de los asesores financieros en España pero posiblemente pasará más desapercibida por el particular. Los cambios que propone ayudarán a que el inversor reciba mejor información y un asesoramiento independiente de verdad, pero teniendo en cuanta que la mayoría no distingue entre las propuestas del gestor de su banco o de una EAFI, será uno de esos beneficiosos cambios silenciosos.