Muchas veces cuando comentamos aspectos de la economía termina saliendo un aspecto reprobable; la corrupción. Que vendría a ser un intercambio: por un favor un regalo. Cuando afecta a políticos, funcionarios y administración en general es punible, y como en la antigua Roma, en los negocios particulares se hacía la vista gorda, allá cada uno con su dinero mientras no incurra en delito.

La corrupción viene existiendo desde hace mucho tiempo, quizás sea connatural a la especie humana, no sé, pero siempre se ha ido engrasando las ruedas de la administración. En la antigua Roma los potentados eran seguidos por una larga fila de “clientes” a los cuales les ayudaba el jerarca, y estos prácticamente actuaban como guardaespaldas “sui generis”. Incluso se recurría ya al típico “enchufe” para conseguir un trabajo. La corrupción ya estaba mal vista, especialmente de los políticos, que debían rendir cuentas al final del mandato de su patrimonio y si se había enriquecido debía retornarlo todo. Además estaba penado con el exilio y el suicidio, pero con todo y con eso, para los romanos lo más importante era mantener el honor, y solo el suicidio permitía mantenerlo.

En España las novelas picarescas reflejan perfectamente la época medieval y su final, en la que para conseguir “prebendas” se derrochaban ingentes cantidades de dinero, practicas que hoy todavía creo que todavía se ven con simpatía y hasta parece que forman parte de nuestro bagaje cultural. Prueba de ello es que aun usamos expresiones “siempre ha sido así” o bien de que se nombra al que pone mejor sonrisa en vez de al más competente.

Hoy en día con la democracia y el estado de derecho y la consecuente transparencia se debería haberse erradicado esta lacra, pero parece imposible. Incluso a pesar de la resonancia social que tiene cuando es algún político el que incurre en corrupción, parece que no les pasamos factura en el momento de votar  ¿Por qué? Quizás sea porque nosotros mismo estamos inmersos en ella, pues quien no conoce a alguien que no se vanagloria de haber dejado de pagar un impuesto sino en su totalidad si parcialmente. O quizás porque sabemos como dijo Adam Smith, el máximo teórico del liberalismo, que “el vulgarmente llamado estadista o político es un sujeto cuyas decisiones están condicionadas por intereses personales”