Mucho se ha escrito sobre las bondades de permanecer invertido siempre en mercado y no salir cada vez que hay descensos puntuales vigorosos. La lógica es que, si uno sale después de las caídas, se puede perder las subidas más verticales, las que se producen justo después de que el mercado toca suelo, que explican buena parte de las rentabilidades a largo plazo. Eso es así, en el acumulado de los últimos 40 años, si hubieras estado siempre invertido habrías ganado el doble que perdiéndote los 10 mejores días de mercado.

Ahora bien... ¿Y si en vez de perdernos los mejores 10 días hubiésemos conseguido evitar las 10 peores sesiones? ¿Cuál sería el impacto? A mí por lo menos me sorprendió conocer la enorme diferencia que supondría, cuando vi este gráfico que me mostró Nick Clay, de BNY Mellon, durante la entrevista que le hice la semana pasada.

Acertando en esa misión imposible habríamos ganado más del doble en el acumulado de estos 40 años que con la estrategia de mantenernos siempre invertidos y habríamos multiplicado por 5 la ganancia respecto a perdernos los 10 mejores días de mercado. 

Además, los partidarios de intentar adelantarse a las bajadas también pueden esgrimir esta otra valiosa lección de las matemáticas... La que indica que porcentualmente para recuperar una caída del 50% hay que subir un 100%.

¿Hay que pensar entonces en una estrategia que nos permita evitar los 10 peores días de cada mercado? Sí, igual que estaría bien tener una estrategia que nos ayude a acertar cada año el número que va a salir premiado con el Gordo de la lotería... El único problema es que es imposible.

Pero, como reflexión, sí me ha parecido interesante traer este gráfico para tener la otra cara de la moneda y no sólo la visión buy & hold (comprar y mantener).