No, no puedo inhibirme ante la amable invitación de @mariatejero. Recuerdo -y ya han pasado muchos años- cuando mi madre me daba dinero para que fuera a comprarme algo de ropa y regresaba, con cierto sentimiento de culpa, con algún libro bajo el brazo y sin trapos que colgar en el armario.  Ciertamente un libro es un gran premio y tal posible recompensa me ayuda a dejar de lado mi proverbial pereza para lanzarme tras la zanahoria que cuelga del palo.

Y que puedo yo contarles sobre fondos si no tengo ni la más remota idea de lo que significan las betas, las alphas, los ratios de Sharpe, el tracking error, ni sé cómo interpretar la mayor pérdida mensual o anual (no lo pongo en inglés para no cometer faltas ortográficas).

Tantos años como inversor para acabar reconociendo que no tengo grandes conocimientos sobre el tema y encima con el compromiso de contarles algo con qué justificar mi atrevimiento. 

Lo primero que busco, en un fondo de inversión, es el apartado de comisiones, y ustedes me dirán que por qué no miro primero las rentabilidades, teniendo en cuenta que las cifras que dan los fondos son netas, es decir, limpias de gastos y de "performances".  Muy buena pregunta, reconozco que no tengo contestación para ella. Es cuestión de vicios adquiridos y de manías. No me hagan mucho caso, pues.

De entrada descarto aquellos fondos que presentan una comisión de gestión cercana al 2%, o más alta, y que además se atreven a cobrar otra comisión sobre los resultados muy próxima a las dos cifras, o incluso más altas. No, no me importa pagar a quien se lo merece, no me importa pagar si los intereses del inversor y del gestor están alineados,  pero me parece, como mínimo, ciertamente atrevido cobrar si doy beneficios y recaudar también, y mucho, si ofrezco sólo pérdidas. 

En segundo lugar miro el gráfico histórico o, sin más, el track record.  Si hay rentabilidades anualizadas a 15 años mucho mejor, pero no me opongo a invertir en fondos de reciente constitución si quien los gestiona me ofrece una gran confianza.  Para mí no tiene gran valor la gráfica comparando el fondo con su índice de referencia o con otros fondos similares. La elección del Benchmark puede ser errónea y llevarnos a engaño.

En tercer lugar miro la cartera, tratando de adivinar por qué el fondo ha dado tan buenos o malos resultados en determinados años.  Las cifras no sirven para nada si no están justificadas por un proceso inversor coherente y disciplinado.  Si un fondo ha dado el doble de rentabilidad ese año (descartemos que no está apalancado) pero tienen un sesgo por un determinado sector o área geográfica de moda, es muy probable que si persiste en su estrategia inicial ( y que tan buenos resultados le ha dado), por la simple reversión a la media, tenga malos resultados en los siguientes años.

Cuando tengo identificado ese fondo ideal trato, en último extremo, de averiguar quién lo gestiona, cuáles son sus criterios y su filosofía inversora, si son bottom-up (fundamentados en el valor de los activos) o top-down (basados más en la macro).

Debo confesar que me atraen los fondos caídos en desgracia a pesar de tener un fantástico y disciplinado proceso inversor,  y que trato de evitar la inversión en los fondos calientes que están muy de moda. ¿Por qué? Por la irremisible reversión a la media.  También me encantan aquellos fondos que por su escaso volumen gestionado pueden invertir en pequeñas compañías sin mover el precio de la cotización con sus órdenes.

Liquidez de la cartera, volatilidad, riesgo divisa, gestión de la liquidez..., son decenas de parámetros los que deberíamos evaluar antes de decidirnos a invertir. Sin duda mucho más difícil que elegir el nuevo modelo de televisor.

Que tengan ustedes el mejor de los aciertos posibles.