Tal día como hoy, pero hace un año, ocurrió lo que nadie esperaba. El que fuera el banco más rentable en España se quedó sin liquidez y… sin comprador. En la noche del 6 al 7 de junio de 2017, Banco Popular fue intervenido por el Fondo de Reestructuración Bancaria (FROB) bajo el mando de la JUR -su equivalente europeo-, del Banco de España y del Banco Central Europeo (BCE). Acto seguido, Santander lo compró por 1 euro.  

Aquella noche, sus entonces gestores -encabezados por Emilio Saracho- pidieron ayuda y admitieron ante los reguladores que no serían capaces de aguantar un día más después de la retirada masiva de depósitos del banco. De enero a junio, según los datos de la patronal AEB, la entidad asistió a la fuga de más de 18.000 millones de euros, una cuarta parte de la base de capital que cimenta cualquier banco. Cuándo, cómo y dónde comenzó el pánico es otra historia todavía por resolver.

La ampliación con pies de barro

 

Pero la caída del Popular comenzó mucho antes. En concreto, un año antes de la intervención. En junio de 2016, el banco entonces dirigido por Ángel Ron, su presidente durante doce años, cerró una ampliación de capital de 2.500 millones de euros, su segunda macroemisión después de la realizada en 2012 por el mismo importe. Aquella operación destinada a calmar los ánimos en torno a la entidad y al apuntalamiento de solvencia terminó fallando.

¿En qué falló? La entidad comenzó a dar créditos blandos entre su clientela y empleados que se situaron entre 400 y 600 millones de euros, en algunos casos, pignorando las propias acciones como garantía de los préstamos. Saracho, poco después de su llegada al banco en 2017, tuvo que reformular las cuentas del Popular por este motivo.

Sin embargo, el ‘road show’ de aquella ampliación hizo tanto ruido en el mercado que despertó a los tiburones bajistas (ver gráfico) que se habían retirado del accionariado del banco meses atrás. La señal de debilidad de Popular al vender acciones usando financiación blanda se convirtió en una sirena que alertó a los grandes institucionales. Después, el verdadero estado del balance de la entidad pronto puso sobre la mesa la necesidad de volver a ampliar capital.

El festín bajista en un 'crash'

 

Algunos de los de ‘hedge funds’ más poderosos del mundo comenzaron a reaparecer o reforzarse en su apuesta bajista en el Popular. Según los registros de la CNMV, las posiciones cortas -que se benefician de la caída del valor- crecieron hasta superar el 12% del capital del banco, máximos históricos y tanto o más que los principales accionistas estables de la entidad como la Sindicatura o Allianz, entre otros.

Algunos de ellos, como los fondos de Blackrock, comenzaron a prestar sus acciones a los ‘hedge fund’ para que operasen a la baja. Cuando los algoritmos de algunos de estos inversores hicieron 'pop' ya no hubo 'stop'. Entre ellos, AQR, las tres letras de Applied Quantitative Research (Investigación Cuantitativa Aplicada), un fondo fundado por dos exempleados de Goldman Sachs (Cliff Asness y David Kabiller) repleto de matemáticos y financieros agresivos.

Este hedge fund, el segundo mayor del mundo tras Bridgewater Associates (Ray Dalio), fue quizá el que más dinero hizo con el Popular. Su posición corta llegó hasta el 3,5% del banco en 2017 pero comenzó a construirse en 2014 con la cotización (ajustada) por encima de los 4 euros. En esos tres años, la cotización del Popular experimentó un desplome del 90%, es decir, perdió 9 de cada 10 euros de capitalización.

Con esa misma caída se puso las botas AQR. También lo hicieron otros fondos de su especie como Marshall Wace o Citadel completaban entonces una presión incesante para uno de los principales bancos españoles. Desde los máximos de 2007 hasta poco antes de su quiebra diez años después, Banco Popular llegó a perder más de 16.000 millones de valor en bolsa, ajustando la cotización a las sucesivas emisiones de acciones que realizó. Todo un crash que acabó de la peor manera.

¿Qué fondos tienen una acción?: