Confidencias de un especulador

Jordi Molins

Ediciones Deusto, 2014

202 págs.

http://www.amazon.es/Confidencias-De-Especulador-Sin-colecci%C3%B3n/dp/8423418979

Compré este libro un poco por casualidad. Nadie me lo había recomendado. Lo vi en la librería, le eché un vistazo y lo compré.

El subtítulo es apropiado: Un viaje al corazón de los mercados financieros.

Sin embargo, la contraportada cae en el sensacionalismo para vender: ¿Quién mueve los hilos del mundo?

Jordi Molins es licenciado en Física por la UB, tiene un posgrado y un master por INSEAD. Ha trabajado para un hedge fund radicado en Londres.

Este libro apenas tiene notas o referencias bibliográficas. No se apoya en estudios académicos. El autor se basa en su experiencia profesional y en sus propias reflexiones sobre el mundo de la economía y las finanzas para ofrecernos una serie de explicaciones y consejos sobre aquél.

El lenguaje es claro, lejos de la retórica tan frecuente. De hecho, se utilizan algunas expresiones “malsonantes”, aunque no de modo habitual.

Lo primero que quiere dejar claro Molins es que no existe una conspiración de bajistas que se dedica a hundir las deudas soberanas de países con problemas.

Explica con cierto detalle, y de modo fácilmente comprensible cómo y porqué operan los grandes fondos internacionales. La lógica de las posiciones largas y cortas, y sus riesgos respectivos.

A medida que va incluyendo capítulos, intercala anécdotas que le pasaron a él cuando viajaba a España para reunirse con el Banco de España, Ministerio de Economía o CNMV. Estos apartados no tienen desperdicio y sirven para ilustrar perfectamente hasta qué punto se era ajeno a la gran burbuja hipotecaria que estaba a punto de explotar.

Uno de los mejores, en mi opinión, es el I “Bankia”. No me resisto a transcribirlo:

Rodrigo Rato “pasaba de todo”. Hablaba como si no quisiera estar ahí, como si todos le sobrásemos. Y no es que aquélla fuera una ocasión cualquiera: era la salida de Bankia a bolsa, oficializada en Londres, en aquel salón tan bonito de la City, en una reunión a la que habían sido invitados buena parte de los grandes inversores institucionales basados en Londres.

Rato hubiera tenido que mostrar fuerza, convencimiento, empuje. Era una IPO ¡coño! Tenía que motivarnos, hacernos querer comprar las acciones como si se estuvieran acabando. Mostrarnos el camino, ser nuestro guía, darnos una equity story que vender a nuestros inversores.

Pero no, Rodrigo Rato hizo uno de los discursos menos motivadores que recuerdo. No estaba allí. No sé si tuvo un mal día o si no se lo creía. Tanto da. Aquella tarde no ganó muchos inversores.

Y todos sabíamos que la estructura de banco bueno/banco malo, Bankia/BFA, no se aguantaba.

Y todos sabíamos que BFA dependía de manera crítica de la calidad del ladrillo, y que ésta era muy baja, para las cajas que la componían.

Y todos sabíamos que Bancaja, gran parte del pastel de Bankia junto con Caja Madrid, sólo se diferenciaba de CAM, una de las peores cajas de España, en una cosa: que era un poco más grande. Ambas estaban bajo el control político del Gobierno de la Comunidad Valenciana. Ambas habían prestado enormes cantidades de dinero a los mismos megaproyectos inmobiliarios.

Y todos sabíamos que esos cientos y cientos de páginas sobre Bankia, escritas por algunos de los mejores analistas bancarios del mundo, estaban llenas de medias verdades, y carentes de una visión imparcial. Lo que faltaba en aquellos librillos resonaba de una manera más clara que la luz de un mediodía de verano en el interior de la Sagrada Familia para cualquier analista con un par de ojos bien abiertos.

Y todos sabíamos que la politización de Bankia y de BFA no cambiaría. Los equipos no se habían profesionalizado. Las participadas continuaban allí.

Bankia era un banco no invertible.

Todos lo sabíamos. Pero nadie dijo nada. Y continuaron sin que nadie se lo impidiese.

No invertimos, como nadie más que conozca.