A lo largo de mi carrera he atravesado varias fases y convivido con diferentes influencias. Quizá porque mi pequeña inteligencia tiene límites muy definidos, he seguido pensando que el análisis técnico, como acercamiento conductual al mercado, era suficiente. Sigo pensándolo.

Que sea suficiente no quiere decir que sea óptimo. En realidad, el analisis técnico debería ser considerado un camino para el control del riesgo monetario. O lo que es lo mismo: las pretensiones honestas de sus usuarios, en el largo plazo, debieran ser las de conseguir menos rentabilidad que el conjunto de sus vecinos a cambio de una menor volatilidad; y rachas de pérdida menos gruesas. Nunca he perdido tanto dinero como cuando he contaminado el análisis técnico de otras ideas, que pudiendo ser excelentes son mucho más exigentes. Y lo he intentado varias veces con diferentes profesionales.

No todos tenemos el mismo pulmón financiero. Y sin embargo, cada día, vemos como, de modo grosero, se le reprocha al análisis técnico aquello para lo que no está en realidad especialmente dotado. Fue Lao Tsé quien dijo hace más de 2.500 años que los que hacen previsiones no tienen conocimiento, y que los que tienen conocimiento no hacen previsiones.Pero casa día, sobre todo al analista técnico, se le piden previsiones. Probablemente sean los analistas técnicos los auténticos responsables de tal desaguisado.

Ver nuestra actividad como markettimers en lugar de como la de moduladores de la volatilidad es el principio de una relación infructuosa a largo plazo con el análisis técnico, en tanto en cuanto que éste, en cualquiera de sus formas, no convive tan felizmente con nosotros en todos los tipos y clases de tendencias. No es lo mismo moverse en un gran mercado lateral de amplio rango, esencialmente lineal, que hacerlo en la escalada de estos últimos años en Wall Street. En el primer caso eres el rey porque vives en el país de los ciegos. Y no es lo mismo moverse en el gran mercado norteamericano que nace en 2009 que hacerlo en Europa, especialmente desde hace dos años.

Lamentablemente, al principio del camino el analista técnico no tiene herramientas para discriminar, no sabe que clase/tipo de mercado deberá enfrentar. En un mercado “fácil” el análisis técnico sobresaldrá, sobre todo si es bajista. En un mercado muy errático, fracasará. Lo que en todos los mercados puede hacer por nosotros es ayudarnos a controlar la volatilidad. Admito que lo considere un triste consuelo, es fácil olvidar el sudor frío que recorría las cabezas de la mayoría en 2008 ahora que todo pasó. Algún día, no lo espero en muchos años por una cuestión histórica ligada a las ideas de Jeremy Siegel, volverán los sudores fríos. Y allí estarán los buenos analistas técnicos con sus camisas perfectamente planchadas.

El análisis técnico es, por otro lado, pasto de la más absoluta irracionalidad debido a los analistas técnicos; que se plantan ante los gráficos sin pensar en los datos que trabajan. En general, no validan que aquello con lo que grafican tenga sentido en relación a las premisas que lo sustentan, y a la definición que podemos darle: el estudio de la ACCIÓN del mercado.

La pretensión de cualquier analista de mercado debiera ser la de estar lo menos lejos de la realidad. Y ahí el dato de precios que trabaja el analista técnico común está lejos de ser el más racional posible. Lo siento, no soy fan de la teoría del autocumplimiento, por lo que me importa un rábano que el 99 por ciento de los analistas técnicos usen datos pricereturn.

Para intentar abarcar éstas y otras discrepancias con mis “colegas”, me he atrevido a publicar un libro sobre el tema junto a Isaac de la Peña, que hemos titulado “Fundamentos del análisis técnico”. La oportunidad de hacerlo con Planeta pesó más el gran pudor que me genera desde siempre algo tan trascendente. Si me permitís, os animo a su lectura aunque sólo sea porque donamos todo nuestro beneficio en favor de Fundela; fundación que lucha contra la ELA. Os prometo que es una lectura entretenida, escéptica, capaz de reírse de uno mismo, y que os ayudará a tener una visión menos agria del análisis técnico porque os planteará desde el primer momento los límites que, humildemente, debiéramos confesar que tenemos. Pero claro, las capas y líneas mágicas venden peor que hablar de sangre, sudor, y una carrera de 40 años de inversión.