Autor: Pablo González /Gestor de Anattea Gestión SGIIC

 

Calidad (unos buenos ingredientes), cantidad (en la justa medida) y sobre todo…descorrelación (la salsa secreta).

A la hora de valorar si una inversión o activo es interesante para nuestra cartera, vamos a tener que analizar tres aspectos en la toma de decisión: la calidad, la cantidad y la correlación. Siendo esta última determinante para evitar la peligrosa “diversificación ingenua”.

La calidad. 
¿Cómo podemos medir la calidad de un activo para poder compararla con el resto de las oportunidades de inversión? 
Una forma es medir el exceso de retorno del activo (rentabilidad- tasa libre de riesgo) versus la volatilidad (desviación estándar) que hemos tenido que asumir para alcanzar ese retorno. Este es uno de los ratios más utilizados en la industria para comparar fondos de inversión y se conoce como Ratio de Sharpe (RS).
La rentabilidad por si sola no nos sirve para conocer la calidad de un activo, dado que se podría haber incurrido en un riesgo excesivo para alcanzarla no siendo apropiado para el grado de aversión al riesgo del inversor. Un RS anualizado de 1 o mayor indica una inversión de calidad excelente. Para tener una referencia podemos tomar el RS del SPY (ETF que replica al SP500 desde 1993) y que tiene un RS anualizado histórico de 0.54, por tanto, a partir de este valor se podría considerar un activo de calidad alta.
Para desarrollar de una manera más intuitiva este texto vamos a introducir dos activos. El activo A con una rentabilidad del 5% y una volatilidad también del 5% y un activo B con una rentabilidad del 10% y una volatilidad del 20%. Actualmente con la tasa libre de riesgo en la Unión Europea en el 0% nos facilita los cálculos. De manera que el activo A tendrá un RS de 1 y el activo B un RS de 0.5. Sí solo nos hubiéramos basado en la rentabilidad hubiéramos elegido el activo B pero al calcular su RS vemos claramente que el activo A es de mayor “calidad”
Como es lógico cuanto mayor sea la calidad de nuestros ingredientes mayor será la calidad de nuestra cartera.

La cantidad. 
Fundamental poder añadir picante a la receta sin cargarse el plato. Y esto se consigue con la cantidad. Como principio general, “cuanta menos calidad tenga un activo menos cantidad debes invertir en él”.  
La cantidad nos permite no tener que renunciar a ningún activo o inversión, aunque sea de mala calidad, simplemente lo que tenemos que hacer es “equiponderar nuestra cartera por la volatilidad de sus activos”. Esto que puede sonar complicado en realidad es muy sencillo de hacer. 
Vamos a verlo con el ejemplo de los Activos A y B para que sea más intuitivo. De momento, y hasta que hablemos de la correlación vamos a suponer que el activo A y el activo B están perfectamente correlacionados, es decir, tienen una correlación de 1. 
La primera cartera la hacemos sin tener en cuenta la “calidad” de sus componentes, y ponemos el mismo peso en ambos activos. (No voy a poner ninguna fórmula matemática, habrá que hacer un acto de fe. Si alguien las quiere que me las pida).

Pero claro, de esta manera el peso del activo B en la volatilidad de la cartera es mayor dado que tiene una volatilidad de 4:1 frente al Activo A. Así que, si queremos que ambas aporten la misma volatilidad a la cartera, tendremos que “equiponderarlas por volatilidad” teniendo 4 veces más peso el activo A que el B, con lo que quedaría:


De esta manera al aportar la misma volatilidad a la cartera ambos activos vemos como el RS mejora en un 25% aumentando la calidad de la cartera que es el objetivo perseguido. 

La correlación. 
Sin duda lo que hace que la diversificación sea eficiente, como demostró Markowitz y le valió un premio Nobel. La correlación es el sabor de la receta, la sal con sal sabe a sal. Si añades activos altamente correlacionados a tu cartera no vas a conseguir una diversificación eficiente sino” ingenua”, por muchos activos que te empeñes en añadir. En cambio, con que sólo añadas 1 activo descorrelacionado ¡el “sabor” cambia!
Vemos lo que pasa si el activo A y el activo B tienen una correlación de 0:

El Ratio de Sharpe se sitúa en 1.06 superando el RS del mejor activo. Por lo que la “calidad” de la cartera mejora en un 77% con respecto a la cartera inicial, ¡parece magia!.

Conclusión

Es de vital importancia, como queda demostrado con este sencillo ejemplo, que: 1. selecciones activos por su calidad, 2. ajustes su peso en función de su volatilidad y que 3. busques siempre activos descorrelacionados que mejoren de una manera drástica la calidad de tu cartera. Sobre estos tres factores vas a tener un control absoluto, por desgracia, la rentabilidad no la vas a poder controlar en el corto plazo, pero si tu control del riesgo es el adecuado obtendrás los frutos en el largo plazo. No sirve de nada correr muy rápido si al final no llegas a la meta.

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