Igual que Don Quijote estaba convencido de que los treinta molinos de viento contra los que quería entablar batalla eran desaforados gigantes, a pesar de las advertencias de su escudero Sancho Panza, en el mundo de la inversión, el caso Woodford ha vuelto a despertar la inquietud sobre hasta qué punto las ideas de un gestor de fondos, sobre todo si es reconocido por su prestigio y buen hacer en el pasado, pueden considerarse fruto de su convicción, aunque sus tesis no se vayan cumpliendo con el paso del tiempo, o son simplemente errores de inversión de los que no se da cuenta porque sigue viendo gigantes en vez de molinos.