Séptimo Mandamiento: Proteger las inversiones de las emociones y de los sesgos de comportamiento.

“No compres con optimismo, sino con aritmética.” Benjamin Graham

Si es cierto que a la gente le gusta invertir en base a intuiciones, a corazonadas o al último comentario leído u oído, en realidad invertir eficazmente requiere una gran disciplina.  

Para proteger las inversiones de las emociones que pueda tener un gestor humano, y de sus posibles reacciones excesivas frente al flujo de noticias, muchas veces indiscernibles, y frente a las subidas y bajadas del día a día, es importante basar la gestión en el rigor científico, en procesos, y en una sistemática.

La frialdad y la objetividad de los datos y de las matemáticas nos marcan una disciplina a seguir y un marco de optimización de cartera solido en el cual apoyarnos. Utilizamos varios modelos y algoritmos para definir nuestras estrategias de inversión. Se basan esencialmente en datos: datos históricos de rendimientos pasados, de volatilidad (riesgo), de correlación (propensión que puedan tener distintos activos/mercados de moverse juntos o al revés de divergir en movimientos de corto plazo), de curvas de tipos de interés de las distintas divisas, spread de créditos, inflación, crecimiento PIB, beneficios de empresas, políticas de dividendo etc... Estos datos son un apoyo indispensable para invertir de manera racional y rigorosa. 

Pero el robot/modelo no anda por libre, ¡hay un piloto, humano! Este pilotaje se hace desde nuestro comité de inversión, compuesto por profesionales del mundo de la inversión, de la banca, de finanzas y de economía. Nosotros configuramos el modelo: marcamos expectativas de rendimientos futuros que van acompañadas de grados de convicción, e imponemos limitaciones en algunos activos. Esto nos permite balancear los datos históricos, o estadísticos, con nuestra visión del mercado. Luego, nuestro modelo es capaz de optimizar el binomio rentabilidad/riesgo de las carteras dadas las limitaciones y los parámetros que le imponemos.