(Artículo elaborado por Eduardo Asenjo, analista de Investing.com)

El estado de la economía china es algo que se ha estado siguiendo más de cerca con el inicio de la guerra comercial en marzo de 2018, dando que pensar sobre cómo iba a poder reaccionar la segunda economía más grande del mundo. Con el final de 2018, su PIB cayó por debajo del mínimo alcanzado a mediados de 2016 (6,7%), llegando a los 6,5% y continúa con su trayectoria a la baja encontrándose en julio en 6,2%.

Los indicadores adelantados macroeconómicos no muestran un gran debilitamiento de la economía. Pero se puede apreciar que, desde las tensiones comerciales entre las dos grandes potencias, algunos de ellos han ido empeorando de forma continuada.

La realización de nuevos pedidos para el consumo de bienes y materiales ha sufrido una caída desde inicios de 2018. En junio de 2019 se registró un 49.600%, situándose por debajo del promedio (52.700%). Aún así se encuentra lejos de alcanzar su mínimo récord de 32.300 de noviembre de 2008 y todavía se encuentra por encima del mayor mínimo marcado en los últimos 10 años (en el entorno de 48.750). Esto nos indica que a largo plazo existe un posible empeoramiento de la economía por una disminución de las estimaciones de demanda por parte de las empresas y, por lo tanto, de crecimiento. Sin embargo, todavía se presenta cierta consistencia sin llegar a la última caída en 2016, pero de seguir con esta trayectoria podría llegar a preocupar.

Respecto al índice de nuevos pedidos de China, existe una situación similar. En este caso, el índice indica un decrecimiento de pedidos desde finales de 2017 desde el entorno de los 55,00 puntos hasta los últimos datos recogidos en julio de 49,80 puntos. Por lo que se puede ver también que se prevé una disminución de la demanda y que, de seguir por ese camino, podría indicar un mayor empeoramiento de la economía china en el futuro.

La rentabilidad del bono a 10 años chino ha bajado en gran medida desde enero de 2018 (4,63%), situándose en 3,039 y dirigiéndose hacia los próximos mínimos, que son los marcados a principios de 2009 y finales de 2006, en torno a 2,660. La bajada de los tipos de interés nos indica un empeoramiento de las estimaciones sobre el futuro de la economía.

En cuanto a los PMI, el PMI manufacturero se encuentra desde diciembre de 2018 por debajo de los 50 con ligeros repuntes en marzo y abril, pero sin llegar a consolidarse por encima de los 50. Ya lleva tres meses en los que se encuentra por debajo de 50, lo que muestra signos de un debilitamiento del sector manufacturero. En cambio, el PMI servicios gracias a una mayor estabilidad, se sigue manteniendo por encima de los 50, pero aún así se encuentra disminuyendo durante los últimos tres meses, situándose en agosto en 51,6. Por lo tanto, el PIB de China es posible que siga disminuyendo debido a una disminución de las perspectivas de compra de los grandes gestores de las empresas, sobre todo en el caso del sector manufacturero donde se tiene una visión negativa sobre la evolución del ciclo económico.

Por otra parte, la confianza de los consumidores en China aumentó a 125,9 puntos en junio desde los 123,40 de mayo. Por lo que sigue con su tendencia alcista, estando por encima del promedio de 110,24 puntos. Esto indica que los consumidores al tener buenas expectativas sobre el futuro de la economía estarán dispuestos a gastar más, lo que favorece el crecimiento de la economía.

En cuanto a los indicadores vistos, las empresas presentan una desconfianza sobre el futuro crecimiento de la economía por una visión negativa de la demanda futura. En cambio, los consumidores se encuentran más optimistas por el futuro y están dispuestos a gastar más y ahorrar menos, lo que puede dar soporte a la economía. En conclusión, estos datos muestran un debilitamiento de la economía que hace estar más atentos a la evolución de los datos macroeconómicos de China por si pasan de mínimos relevantes. Por otro lado, el aumento de la deuda en el país hace que sea una economía más inestable.