Se avecina la gran cita electoral en Alemania cuya fecha es el próximo 26 de septiembre y tiene en vilo a todo el continente, no en vano hablamos de la primera economía de Europa. Pero además llega en un momento clave discutiendo el Banco Central Europeo acerca del tapering (retirada progresiva de los estímulos) y las próximas subidas de tipos de interés dentro de un contexto en el que la entidad lanzó un mensaje peculiar en el sentido de que anunció la desaceleración del ritmo de su programa de compra de bonos, pero a la vez dijo que está recalibrando sus herramientas. 

Estos comicios  presentan dos peculiaridades:

- Ya no estará Angela Merkel (no se presenta) tras década y media en el poder, de manera que tendremos un nuevo canciller.

- Existe incertidumbre acerca del resultado de las elecciones y sobre todo de los posibles pactos postelectorales.

Por el momento, y atendiendo a las encuestas y sondeos, es el partido SPD (socialdemócratas) el que ostenta una ventaja en lo referente a apoyos, pero no serían suficientes para poder gobernar, con lo que al no tener la mayoría requerida entrarían en escena los pactos y negociaciones. Y aquí es donde está el meollo de la cuestión, ya que tendría varias opciones:

* Seguir con la CDU.

* Aliarse con los Verdes.

* Unirse a Die Linke (comunistas) y a los ecologistas.

Y es que el líder del SPD, Olaf Scholz, ha dejado claro en el debate que se televisó en el país que no descarta unirse con los comunistas de Die Linke y ello a buen seguro no contaría con el beneplácito de los mercados.

En principio, el SPD está a favor de incrementar la inversión pública y relajar las reglas fiscales. Por su parte, el FDP (liberales) estima que hay que reducir la deuda pública.

Sobre los Verdes, decir que la pandemia obligó a Alemania a dar marcha atrás en la restricción fiscal observada durante mucho tiempo, y la atención se centra ahora en qué pensarán los Verdes. El partido promete aumentos del gasto y la reforma de un freno de la deuda que limite el nuevo endeudamiento a sólo el 0,35% del PIB. En general, en todos los partidos, tal vez con la excepción de los liberales, hay una tendencia a dar al gobierno un poco más de margen fiscal.

Respecto al futuro de su industria automovilística que ya se encuentra en una carrera contrarreloj para cumplir los objetivos de emisiones nacionales y de la UE, todos los partidos principales apoyan la transición a los vehículos eléctricos, pero difieren en cuanto a la forma de conseguirlo.

Sea como fuere, el hecho de que ningún partido obtenga la mayoría necesaria para gobernar en solitario y que haya que asistir a sucesivas reuniones y negociaciones nos llevaría a no ver un gobierno hasta 2022.

En lo referente a la reacción de los mercados y quienes pueden salir favorecidos o perjudicados, podríamos decir que en el caso de un acuerdo entre el SPD y los Verdes sería bien visto por el euro porque un gasto y un endeudamiento estructuralmente mayor elevarían los rendimientos de los bonos y, al mejorar potencialmente las perspectivas de crecimiento económico, también la divisa comunitaria. Por sectores, las empresas de energía eólica y solar deberían beneficiarse junto con el sector automovilístico.

Respecto a compañías, salen ganando Siemens Gamesa (MC:SGREN),  Infineon (DE:IFXGn), Knorr-Bremse (DE:KBX), Vestas (CSE:VWS), Volkswagen (DE:VOWG_p) y Wacker Chemie (DE:WCHG).

En el otro lado de la balanza, como perjudicados estarían Covestro (DE:1COV), Deutsche Wohnen (DE:DWNG), Flughafen Zurich (SIX:FHZN), Johnson Matthey (LON:JMAT), Lufthansa (DE:LHAG), Rheinmetall (DE:RHMG), Sandvick, RWE (DE:RWEG_p) y Vonovia (DE:VNAn). No sería bien visto por las eléctricas (podrían anticipar el proceso de descarbonización) e inmobiliarias (por las medidas que quieren implementar para regular los precios del alquiler de viviendas).

(Artículo redactado por Ismael de la Cruz para Investing.com. Para preguntas al autor, busque este mismo artículo en la web original).