(Artículo elaborado por Laura Sánchez, editora jefe de Investing.com)

Que levante la mano quien no esté desconcertado por los tejemanejes que vienen mostrando Estados Unidos y China día sí día también, ya sea vía Twitter, declaraciones a la prensa o rumores varios. Y que levante la mano quien tenga claro cómo actuar ahora mismo en los mercados, teniendo en cuenta el caos del que ya está considerado como el principal riesgo macroeconómico: la guerra comercial.

Nada más y nada menos que 18 meses. Es el tiempo que llevan, oficialmente, Estados Unidos y China enzarzados en una guerra que no tiene visos de solucionarse, al menos a corto plazo.

Y digo “oficialmente” porque es el tiempo que llevan ambos gigantes con su ofensiva arancelaria. Pero la “guerra real” viene de atrás, de muy atrás. El libro Cuando China despierte… el mundo temblará, escrito por el político francés Alain Peyrefitte en 1977, lleva como título la famosa frase que Napoleón Bonaparte pronunció hace más de 200 años y que, ya por aquel entonces, anticipaba lo que hoy es una realidad: la soberanía mundial del gigante asiático en sectores tan importantes como la inteligencia artificial, la tecnología o los vehículos autónomos.

Y va a más. Un informe del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés) apunta que China contaba en 2016 con 4,7 millones de graduados en el campo de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, mientras que Estados Unidos solo tenía 568.000. Y de eso han pasado casi cuatro años.

En la actualidad, fabricantes como Alibaba (NYSE:BABA) o Tencent (HK:0700) pisan los pies a Microsoft (NASDAQ:MSFT), Amazon (NASDAQ:AMZN), Apple (NASDAQ:AAPL), Alphabet (NASDAQ:GOOGL) y Facebook (NASDAQ:FB) en capitalización bursátil.

Si de momento Estados Unidos mantiene el reinado bursátil tecnológico, ya ha perdido la primera posición en riqueza mundial. Según el último informe anual de Credit Suisse (SIX:CSGN), China supera al país norteamericano en el ranking del 10% mundial de personas más ricas del planeta.

El gigante asiático también ha superado a Estados Unidos en el listado de las 15 mayores compañías de industria militar y de defensa del mundo: seis son chinas, frente a cinco norteamericanas, según el diario Defense News, que realiza este ranking cada año.

La guerra por la soberanía mundial entre ambos gigantes sigue creciendo. En 1992 China se coló en la décima posición del ranking de las economías más grandes del mundo (que se mide por la fortaleza del PIB), cuando EE.UU. era líder indiscutible.

En 2010, el gigante asiático arrebataba la segunda posición a Japón. Desde ese año, pisa los pies a Estados Unidos, que se mantiene como primera potencia mundial con una economía de 21,3 billones de dólares frente a China, con 15,64 billones.

Ambos gigantes mantienen una lucha que se extiende a todos los niveles y a todos los sectores. Hay quien dice que la entrada de Huawei en la ‘lista negra’ de Estados Unidos no tiene nada que ver con ‘asuntos de seguridad nacional’, como la Administración Trump defiende.

Mientras Estados Unidos sigue presionando en la eterna guerra arancelaria, China sigue blindándose para minimizar los posibles impactos comerciales. Las continuas medidas llevadas a cabo en los últimos meses por el Banco Central chino son una prueba de cómo el país asiático quiere reforzar su economía, más allá de los requerimientos comerciales del norteamericano.

Mientras los mercados financieros piden a gritos un acuerdo comercial, y los analistas no cesan de recomendar un acuerdo “por el bien de ambas partes”, la ‘batalla’ entre China y Estados Unidos va más allá de lo comercial.

Mientras Trump intenta ganar tiempo para salir airoso de su impeachment y asegurarse un nuevo reinado en la Casa Blanca en las elecciones de noviembre de 2020, China también quiere ganar tiempo. ¿Y si Trump no es reelegido?

Así, cada uno se encarga de dar una ‘patada hacia adelante’ en el momento oportuno. Un día parece que las conversaciones avanzan, y otro día no, para mayor confusión de los mercados.

Mientras, ambos seguirán su batalla abierta en todos los frentes concernientes a la economía, en una guerra que durará siempre: la guerra por dominar el mundo.