Las emociones están siempre ahí y pueden guiar muchos aspectos de nuestra vida. A veces lo hacen para bien, pero en otras ocasiones pueden no ser tan buenas consejeras. ¿En qué aspectos? Por ejemplo, en todo lo relativo a nuestras finanzas, sobre todo, si te dejas llevar por los llamados “gastos emocionales”, que pueden llegar a arruinar tu presupuesto sin que apenas te des cuenta.

¿Qué son los gastos emocionales?

Son situaciones comunes por las que seguramente has pasado en alguna ocasión. Puede ser un mal momento anímico en el que una pequeña compra parece que te hace sentir mejor. O un momento de euforia que celebras dándote un capricho. En ocasiones, es la idea de aprovechar al máximo las rebajas sin darte cuenta de que acabas comprando cosas innecesarias. O puede ocurrir que recibas un dinero inesperado y lo dediques a un viaje que no tenías previsto en vez de al ahorro (a tu fondo de emergencia o plan para la jubilación, por ejemplo).

Los gastos emocionales son aquellos que aportan una recompensa inmediata y una satisfacción pasajera pero que no son estrictamente necesarios (a veces ni siquiera son elevados, pero van sumando).

Y para la mayoría de nosotros es fácil dejarse llevar porque las personas tendemos a dar mayor importancia y valor a las actividades placenteras cercanas en el tiempo. Queremos sentirnos bien ahora, no más tarde.

Siguiendo con el ejemplo que hemos visto, la recompensa inmediata de relajarse en un viaje es algo agradable, positivo, que nos hace sentir bien en un plazo corto de tiempo. Sin embargo, cuando pensamos en la jubilación lo vemos como algo lejano (mucho más lejos que los próximos meses) y tendemos a justificar no ahorrar con la excusa de que podemos hacer un esfuerzo y ponernos al día más adelante.

Hay que considerar que si no gestionas de forma adecuada ese tipo de gastos, puedes arruinar tu presupuesto, lo que te puede llevar a ajustar otros gastos importantes y replantear tus obligaciones financieras.

¿Se pueden evitar los gastos emocionales?

Lo más importante es identificar esas emociones que nos pueden hacer gastar sin control. Una vez estén claras, siempre será más fácil gestionar los impulsos que, en un momento dado, nos llevan a gastos injustificados e innecesarios. Estos consejos te pueden ayudar:

Antes de comprar, afronta tus deudas y ahorra

Para no arruinar tu presupuesto, esfuérzate en hacer uno que sea realista y en seguirlo de la forma más estricta posible. Pon en primer lugar las deudas y gastos imprescindibles. Luego, dedica una parte al ahorro. Si lo haces con aportaciones automáticas a algún fondo, será más cómodo (te contamos cómo en La fórmula de ahorro de «pagarte a ti primero»).

Con la parte que quede, puedes darte esos caprichos, pero ya lo harás desde una buena base financiera y sin comprometer tus finanzas. Y así disfrutarás de un beneficio añadido: la tranquilidad de que no estarás gastando de más.

Resiste las tentaciones

A veces la publicidad no lo pone nada fácil, pero no pasa nada porque esperes un día para comprar eso que te ha llamado tanto la atención. Quizá pasado el primer impulso te des cuenta de que realmente no lo necesitas.

Dedica un tiempo a plantearte si realmente merece la pena o si te lo puedes permitir dentro de tu presupuesto. Plantea ventajas e inconvenientes y decide con calma. Hazlo, sobre todo, si se trata de un gasto de cierta envergadura.

Piensa en el futuro

La idea de que hoy puedes afrontar algún gasto extra puede ser engañosa, sobre todo si te lleva a endeudarte. Pagar sin intereses o a largo plazo compras importantes puede comprometer tus finanzas dentro de unos meses.

Quizá acabes de estrenar trabajo y ya estés pensando en comprar un coche. O tal vez has pensado en invertir la paga extra en el último modelo de televisión. Pero siempre pueden sobrevenir situaciones inesperadas que hagan que afrontar esos pagos sea muy complicado.

A veces es más aconsejable esperar y ahorrar para disponer de un pequeño fondo. Alcanzar tus objetivos no está reñido con una buena salud financiera. La espera seguro que merece la pena.

Ayúdate de profesionales

Como vimos cuando analizamos los Tipos de personalidades respecto al dinero, a la hora de gestionar las finanzas o evitar las tentaciones, todos no nos comportamos de la misma forma.

Si te resulta difícil controlar tus gastos, solicita ayuda. Un buen asesor financiero te ayudará a administrar mejor tus finanzas y a elaborar un presupuesto que se adapte a ti y que te permita alcanzar tus objetivos financieros.

En cuestiones de dinero, dejarte llevar por las emociones más que por una buena planificación puede hacer que cometas errores que más adelante te costará salvar. Nunca pierdas de vista tus objetivos financieros, así te será más sencillo identificar y evitar los gastos emocionales.

Si quieres comenzar ahora a mejorar tus finanzas personales, puedes obtener tu pasaporte financiero de forma gratuita y online para conocer tu situación financiera actual y recomendaciones de futuro personalizadas.

Solo necesitas unos minutos para conocer tu capacidad de ahorro, un escenario de jubilación, posibles riesgos y recomendaciones para alcanzar otros objetivos a corto y medio plazo, como el siguiente ejemplo con objetivo de ahorro para «cambiar de coche en 18 meses»:

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