Aunque la idea de aunar los fondos de varios ahorradores y ponerlos en manos de gestores especializados no es nueva  -los estudiosos de la materia señalan que los investment trust británicos, establecidos sobre 1860, fueron las primeras instituciones de inversión colectiva asimilables a las que se conocen en la actualidad- es sorprendente cómo muchos ahorradores e inversores siguen sin tener claras las características, ventajas e implicaciones de este vehículo de ahorro e inversión tan común en el panorama financiero mundial y nacional.

¿Has dicho común? Sí. Aunque no lo creas, en España, y a cierre de agosto de 2017, había 398.000 millones de euros invertidos en fondos de inversión y más de 9 millones de partícipes (aproximadamente el 20% de la población española). Seguramente seas tú uno de ellos y no tengas claras muchas cosas acerca de su funcionamiento. O peor, quizás seas tú uno de ellos y no lo sepas. Eso sí que sería una mala señal.

Empezando por el principio, un fondo de inversión es una institución de inversión colectiva (IIC) , es decir, un instrumento de ahorro que reúne a un gran número de personas que quieren invertir su dinero. Estas personas son denominadas partícipes. El fondo pone en común el dinero de los partícipes y es una entidad gestora la se ocupa de invertirlo cobrando unas comisiones por ello.

Todo el dinero aportado por los partícipes conforma el patrimonio del fondo. Así, cada partícipe es propietario de una parte del patrimonio del fondo en proporción al valor de sus aportaciones. Los aumentos o disminuciones del valor del patrimonio se atribuyen proporcionalmente a los partícipes. El patrimonio del fondo se divide en unidades mínimas de inversión llamadas participaciones.