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Qué es una burbuja bursátil y cuáles son sus efectos

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De la «tulipomanía» a las «puntocom»: estas son las fases que conducen al aumento de la demanda de un producto que provoca una subida de precios y, en última instancia, enormes pérdidas financieras.

Se habla de burbuja bursátil o burbuja especulativa en fases particulares del mercado en las que se observa un aumento considerable de los precios de un producto considerado innovador o provechoso, lo cual se debe, entre otras causas, a un fuerte incremento de la demanda en un breve periodo de tiempo. Así, en el momento en que se observa un aumento extremo de los precios del producto en cuestión en los mercados financieros, y dicho aumento se considera injustificado, podríamos estar ante una burbuja especulativa. La financiera es el tipo más común de burbuja. Pero también existen otras categorías de burbujas como, por ejemplo, las burbujas inmobiliarias. 

 

Cómo se crea una burbuja especulativa y cuáles son sus causas

Durante una fase de burbuja, se produce un aumento de los precios de un determinado producto como consecuencia de una demanda cada vez más elevada por parte de los consumidores. El desencadenante de la burbuja es precisamente ese incremento de la demanda relativa a un producto, dado que se difunde la opinión de que representará una buena ocasión para obtener beneficios.

Cuanto más se generaliza esta convicción, más dispuesta está la gente a comprar ese producto. Por consiguiente, además de la demanda del producto, también aumentará su precio. Por tanto, la burbuja está estrechamente asociada al componente psicológico, por encima del racional. Y, con frecuencia, está relacionada con la introducción de productos innovadores de consumo masivo.

 

El estallido de la burbuja bursátil

Pero, cuando se acaba la euforia relativa a un determinado producto, nos encontramos con el estallido de la burbuja. Las causas están relacionadas no solo con una redimensión de la confianza en el producto: también pueden referirse al precio finalmente excesivo del producto, que hace que cada vez sea más difícil comprarlo, o incluso a la decisión por parte de los inversores de hacer negocio con los títulos valor o con los productos comprados previamente.

Un ejemplo de esto es la «burbuja de las puntocom» que estalló a mediados de los años noventa, la cual estaba vinculada al descubrimiento de las nuevas tecnologías informáticas. Según explica la Consob (Comisión Nacional para las Sociedades y la Bolsa de Italia), al igual que cualquier otra crisis surgida de una burbuja especulativa, la crisis de las «puntocom» se desarrolló siguiendo la clásica secuencia:

  1. Confianza extrema por parte de los inversores en las posibilidades que ofrece un producto/empresa.
  2. Crecimiento rápido del precio del producto.
  3. Acontecimiento que siembra la duda en las expectativas de grandes beneficios.
  4. Flujos de ventas elevados.
  5. Caída final del precio del producto.

Esta secuencia de acontecimientos se había observado en 1840 con ocasión del boom del ferrocarril, en 1920 con los automóviles y la radio, en 1950 con los transistores electrónicos y en 1980 con los ordenadores personales y las biotecnologías.

 

Efectos y consecuencias

En el momento en que se produce la fase menguante de mercado, los precios caen y el mercado vuelve a los niveles anteriores a la burbuja, es decir, a los precios anteriores, con consecuencias desastrosas para los inversores que habían comprado grandes cantidades de ese producto a precios mucho mayores.

Una de las burbujas especulativas más conocidas de la historia es la de los tulipanes, conocida como «tulipomanía».  En la primera mitad del siglo XVII, en Holanda, el precio de los tulipanes subió hasta alcanzar niveles altísimos, todo ello a causa de la especulación que generaban los futuros tulipanes. Esta flor típica de los Países Bajos se convirtió en un objeto de deseo entre los nobles dispuestos a pagar precios cada vez más elevados para hacerse con ella. Sin embargo, también en este caso, más tarde se produjo una caída del precio de las flores. Y cientos de inversores holandeses que habían invertido en el sector se arruinaron.

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