Las acciones tributan de dos formas en la renta. Por un lado, se pagan impuestos por los dividendos y, por otro, por la ganancia (o pérdida) que se obtiene al venderlas.

Los dividendos son la parte del beneficio que la empresa distribuye a los accionistas, tributan como rendimientos del capital mobiliario y se integran en la base imponible del ahorro por su importe íntegro. Son deducibles los gastos de administración y depósito de los valores. Tiene una retención del 19%.

La venta de una acción genera una ganancia o pérdida patrimonial, que se calcula, en general, por la diferencia entre el valor de venta y el valor de compra. Al valor de adquisición se le añaden los gastos inherentes a la compra satisfechos por el titular y del valor de transmisión se restan los gastos. La venta de acciones, exceptuando las de las sicav (Sociedades de Inversión de Capital Variable), no tiene retención.

Debemos tener en cuenta, cuando calculemos dicha ganancia o pérdida, que existe un orden determinado sobre la transmisión de las acciones. Si se poseen acciones homogéneas, es decir, emitidas por una misma sociedad, con igual valor nominal y derechos, que se han adquirido a distintos precios, a efectos del IRPF se considera que se transmiten primero las más antiguas (es el sistema FIFO, first in, first out), independientemente de que estén depositadas en distintas entidades.

Además, siempre que las acciones se hayan adquirido en fechas distintas, deberán calcularse tantas ganancias o pérdidas patrimoniales como adquisiciones en momentos distintos se hayan hecho. Así, el importe de la venta debe separarse en tantas partes como sea necesario.

En el caso de las acciones compradas antes del 31 de diciembre de 1994, existe una norma transitoria sobre cómo tributan: parte de la ganancia estará exenta hasta un precio de venta máximo de 400.000 euros.

Por otra parte, la normativa del IRPF establece que todas las pérdidas patrimoniales se pueden declarar, a excepción de una (normas antiaplicación). Cuando una persona vende con pérdidas acciones, títulos de renta fija o fondos de inversión, no puede declarar la minusvalía si ha comprado títulos homogéneos en los dos meses anteriores o los dos posteriores. En los valores no cotizados el plazo es de un año

Vamos a ver un ejemplo del impacto fiscal de una transmisión de acciones: un inversor compra 1.000 acciones a 22 euros cada una en octubre y en noviembre vuelve a adquirir títulos de la misma compañía, en concreto, otros 1.000 a 28 euros cada uno. Después vende 1.500 acciones a 30 euros cada una.

Valor de adquisición: 1.000 x 22 + 500 x 28 = 36.000 euros.

Valor de transmisión: 1.500 x 30 = 45.000 euros.

Ganancia patrimonial: 45.000 - 36.000 = 9.000 euros.

Cuota íntegra del ahorro: (6.000 x 19%) + (3.000 x 21%) = 1.770 euros.

Retención: 0 euros.

Cuota diferencial: 1.770 euros.

 

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