La Inversión Socialmente Responsable (ISR) está ganando cada vez más fuerza: los inversores y los gestores dan una mayor importancia a que sus operaciones cumplan con lo que se conocen como criterios ESG (Medio Ambiente, Social y Gobierno Corporativo, por las siglas en inglés de Environmental, Social and Governance). Este hecho implica que las empresas deben cumplir con una serie de criterios en estos campos para poder formar parte del universo de inversión al que destinan su capital.


En el caso particular de la renta fija, hay tres tendencias que se están volviendo cada vez más importantes y que exponemos a continuación:


Bonos verdes: esta cuestión se ha convertido en un tema muy habitual durante los últimos dos años, con bonos verdes que en ocasiones se negocian más caros que los que no lo son procediendo del mismo emisor. Empezando por los emisores supranacionales, el número de emisores se ha extendido hasta incluir servicios públicos, sector financiero, algunas compañías industriales e, incluso, bonos soberanos. Una emisión reciente en el sector energético ha vuelto a poner el foco sobre la verdadera definición de bono verde y hasta qué punto la adhesión voluntaria a los Principios de Bonos Verdes es suficiente para ayudar a crecer a este mercado. Los gestores de fondos se siguen encontrando con un gran problema: no hay sectores, emisores y volumen suficientes como para construir una cartera diversificada.


Cambio climático: la rápida ratificación del Acuerdo de París ha situado al cambio climático en la mente público. Aunque Estados Unidos termine retirándose del acuerdo, es irrelevante: el acuerdo global tiene alcance suficiente para convertir el límite de calentamiento de dos grados en uno real. Ahora los gestores y propietarios de activos tienen que ver qué hacen. Y no es una tarea sencilla. La recopilación consistente de datos de emisiones de valores de renta fija a través de los mercados de bonos es cara y complicada. Además, muchas compañías no reportan la información adecuada referente a la mayoría de emisiones. Además, la huella del carbón parece retrógrada, por lo que es necesario considerar otros indicadores. Finalmente, todavía tiene que determinarse el significado preciso de Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para una industria concreta, y más aún para compañías particulares. Sin una guía directa sobre cambio climático, los objetivos de inversión requieren un debate cercano con los propietarios últimos de los activos. Pero no hay mucho tiempo. El grupo de trabajo para Divulgación Financiera relacionada con el Clima está cerca de publicar su informe final, sobre el que creemos que en última instancia obliga a los propietarios y gestores de activos a informar de exposiciones climáticas, posiblemente a nivel de carteras individuales.


Maximización de beneficios: según una encuesta reciente a clientes institucionales realizada por State Street*, a pesar de todos los intereses de protección, está claro que los propietarios de activos no están dispuestos a sacrificar retornos. Tres cuartas partes tienen las mismas expectativas de rentabilidad para ESG que tienen con otras inversiones. Esto es extremadamente importante para diferenciar gestión basada en el riesgo y gestión basada en el valor. La primera es en sí misma un intento de obtener el resultado con mejores retornos, mientras que la segunda puede tener limitaciones de retorno. Las carteras de crédito pueden concentrarse en limitar las emisiones de gases con efecto invernadero sin sacrificar mucho retorno, pero todo depende de los requisitos exactos del propietario último del activo.


* State Street Global Advisors – Rentabilidades para el futuro. Posición de ESG en carteras de inversión


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