Sri Lanka

Al mencionar Sri Lanka, normalmente el té, el cricket, el mar y los safaris llegan a la mente. Estas son las percepciones más positivas del país. Pero las tensiones y la confusión política, la depreciación de la divisa y un escándalo en el mercado de bonos siguen siendo algunas de las percepciones negativas que aún tiene que sacudirse esta nación.

En su etapa inicial, la coalición de gobierno puso en marcha una subida sustancial del salario de los funcionarios que añadieron presión a la ya difícil posición fiscal del Estado. Coincidiendo con un presupuesto desastroso y en un momento en el que se suponía que el gobierno debería estar enfrentándose a la corrupción, las irregularidades en torno a una emisión de bonos costaron el puesto al antiguo gobernador del banco central, Arjuna Mahendran, y al ex ministro de finanzas, Ravi Karunanayake.

Los proyectos claves de infraestructuras del país se estancaron provocando una desaceleración en el crecimiento, incluyendo el proyecto de 15.000 millones de dólares Port City, que incluirá un distrito financiero y un proyecto residencial. Y el progreso en otros desarrollos cruciales, como la expansión del aeropuerto, ha sido lento.

Los negocios se han visto afectados por la imposición de un impuesto extraordinario sobre “súper ganancias”, tasas sobre las teleoperadoras y los bancos, así como otros impuestos sobre el azúcar y algunas otras medidas ad-hoc para incrementar los ingresos del Estado. Además, las pesquisas llevadas a cabo por la nueva División de Investigación de Crímenes Financieros también han pesado sobre el sentimiento. 

Sri Lanka sigue siendo vulnerable a algunos shocks por su alta deuda pública, las  grandes necesidades de financiación y una débil posición externa.

Estas debilidades se reflejan en una calificación crediticia de B+ para S&P y Fitch. Y parece que en el país hay una profunda sensación de que ni el gobierno de coalición ni sus líderes de forma individual van a sobrevivir a las próximas elecciones generales en 2020. 

Es comprensible que los inversores globales se muestren cautelosos al invertir en un mercado manchado por el escándalo, la incertidumbre política y una reducción de su crecimiento. Pero Sri Lanka ha hecho progresos con importantes reformas y, con independencia de cómo se produzca el cambio en el liderazgo político, se mantendrá la atención en el desarrollo de las infraestructuras. 

El programa del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha tenido éxito, con notables mejoras notables en la reforma fiscal y del precio del combustible, y una reconstrucción de las reservas de divisas. La conectividad de las carreteras está mejorando y algunos de los desarrollos inmobiliarios más significativos en torno a Colombo están a punto de completarse, lo mismo que ocurre con la reclamación de tierras para el proyecto Port City. El crecimiento real del PIB   podría rebotar hasta el 4,6% este año desde el 3,1% en 2017, con la inflación en torno al 5% en 2018.

En la inversión: política, política y política
La política rondó mucho mi mente durante una visita reciente a Colombo. En mis reuniones con los actuales y los anteriores representantes del gobierno y los directivos de las empresas, nuestras conversaciones nunca fueron mucho más allá de las perspectivas de cambio político en las próximas elecciones generales. 

Una transición en el liderazgo podría derivar en cambios políticos adversos o, incluso, en la desviación del progreso en el desarrollo de las reformas. Podría debatirse sobre si un cambio político podría resultar positivo para el crecimiento si se eliminan algunas incertidumbres que rondan la política y que han afectado, al menos parcialmente, en el sentimiento empresarial. Pero también podría tener un impacto negativo en las previsiones, especialmente por parte de las agencias de rating, si implica el desarrollo de importantes reformas fiscales, por ejemplo.

El partido del anterior presidente, Mahinda Rajapaksa, ha tenido un buen regreso, con un resultado positivo en las recientes elecciones locales en un entorno en el que la coalición de gobierno ha sufrido algunas deserciones notables. Con los cambios realizados en la Constitución, ni él ni ninguno de sus hermanos puede presentarse a la presidencia ni tampoco a las elecciones generales o a las parlamentarias, que se celebrarán al mismo tiempo, lo que tendrá importantes implicaciones para los resultados políticos. 

Es probable que la incertidumbre vaya in crescendo hasta 2019 y, como inversores de renta fija, estamos preparándonos para el ciclo caótico y complicado que tenemos por delante. Los inversores deberían ser conscientes de la necesidad de gestionar adecuadamente el riesgo durante este periodo, pero también deberían estar atentos a las oportunidades que la elevada incertidumbre podría crear. 

Creando puentes sobre los huecos de las infraestructuras
Independientemente de los resultados de las elecciones en 2020, el foco seguirá centrado en el desarrollo de infraestructuras, especialmente en la tan necesaria ampliación de las infraestructuras de transporte y logística. 

Las cifras del turismo se han cuadruplicado en la última década hasta 2,1 millones  en 2017, pero esto ha puesto presión en las infraestructuras de transporte, con el aeropuerto funcionando al doble de su capacidad. Además, el puerto de Colombo alcanzará su capacidad máxima en los próximos años. 

No ha habido ningún desarrollo de zonas industriales especializadas desde 2002, así que ha de producirse un progreso en los planes para desarrollar cinco zonas que ya han sido identificadas. Algunas partes del proyecto del proyecto Port City, principalmente el ya planificado centro internacional financiero, podría estar en pleno funcionamiento para 2023. 

Los acuerdos de Libre Comercio con China, India y Singapur están ya en marcha o se cerrarán relativamente pronto. Para facilitar el comercio, el gobierno está trabajando con el Banco Mundial para desarrollar la infraestructura que proporcionará un portal único el en el que se detallarán todos los procedimientos relevantes para importar y exportar y un sistema nacional de ventanilla única, que proporcionará un único punto para realizar transacciones entre la comunidad comercial, el sector privado y el gobierno.

Por lo tanto, si todo se ejecuta razonablemente bien, Sri Lanka podría jugar un papel más importante en áreas como el turismo, la logística y los servicios y posicionarse como un centro financiero en los próximos años. Por consiguiente, incluso teniendo en cuenta el entorno político y los riesgos electorales de 2020, seguimos siendo positivos en nuestras perspectivas para Sri Lanka en el largo plazo, gracias a las mejoras en la coordinación política, el desarrollo de infraestructuras y las ventajas de su situación geográfica estratégica. 

Riesgo vs beneficios
¿Por qué miramos al mercado de bonos de Sri Lanka a pesar de los riesgos? Si se compara con otros mercados frontera y algunos mercados principales (core) en Asia, Sri Lanka tiene un mercado relativamente líquido. Los inversores extranjeros son ahora sólo alrededor de un 5% ya que se trata de operaciones más allá del índice para la mayor parte de los inversores y que requieren una significativa cantidad de diligencias.

El mercado en moneda local está liderado principalmente por el inversor doméstico, lo que permite una menor correlación y cierta resistencia frente a algunos shocks externos que suelen tener mayor impacto en los mercados emergentes. 

En los niveles en los que el mercado ha cotizado en los últimos años, el inversor ha sido recompensado más que adecuadamente por el riesgo tomado. Y por eso, incluso teniendo en cuenta alguna depreciación de la divisa por anticipado, Sri Lanka ha ofrecido algunos de los retornos más importantes en la región.
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   “El Banco Mundial en Sri Lanka”, 12/04/2018
2  Tendencias de crecimiento del turismo, 1970-2017, Autoridad de desarrollo del turismo de Sri Lanka 

 

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