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La crisis del Covid: más gasolina para el fuego del populismo

La crisis del Covid: más gasolina para el fuego del populismo

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En estos días de incertidumbre, es probable que la pandemia del coronavirus alimente aún más el relato populista y aumente el riesgo político de los inversores.

El escenario está preparado

Tras la crisis financiera de 2008, comenzaron a emerger nuevos políticos populistas que ofrecían soluciones engañosamente sencillas y a menudo extremas a cuestiones económicas y políticas complejas. Décadas de creciente desigualdad de ingresos, débil crecimiento de la productividad y una rápida liberalización social constituían un polvorín que se encendió con la crisis financiera. El Covid-19 probablemente avivará las llamas.

La evolución del populismo dependerá de la dinámica política y de las instituciones de cada país. Es probable que los mercados emergentes cuyas instituciones sean más débiles vean sus libertades civiles aún más erosionadas bajo líderes autoritarios como Orban en Hungría, Erdogan en Turquía y Bolsonaro en Brasil. Mientras tanto, China está utilizando una gestión de la crisis que ha tenido éxito en términos comparativos como un respaldo a la superioridad de su modelo político y económico.

En los mercados desarrollados, los partidos populistas empujan a los políticos de centro hacia los extremos en un intento de frenar la pérdida de votantes. Esto divide a los partidos y hace que las elecciones sean más frecuentes e impredecibles para los inversores. En los parlamentos europeos con voto proporcional, los nuevos partidos pueden ganar apoyo con bastante rapidez.  Por ejemplo, eso es lo que sucedió con Podemos en España y la Lega en Italia.

En Estados Unidos, el rígido sistema bipartidista hace que, en lugar de enfrentarse a una amenaza populista desde el exterior, los políticos con ideales populistas se infiltren en los dos partidos principales. La presidencia de Donald Trump ejemplifica esta situación por el lado de la derecha. El relativo éxito de Bernie Sanders en 2016 y 2020 lo ilustra por la izquierda. Del mismo modo, la presión del UKIP sobre el partido conservador llevó al referéndum de Brexit.

Ya habíamos identificado el populismo como una limitación al crecimiento y una fuente de volatilidad para el mercado en la próxima década. Es probable que la crisis del coronavirus acelere este proceso. Primero, alimentando la insatisfacción de los votantes. Segundo, dañando la credibilidad de los políticos de centro. Y tercero, reforzando las políticas populistas.

Las desigualdades se han hecho virales

El Coronavirus subraya las realidades de la desigualdad mundial. Los trabajadores con salarios más bajos tienen más probabilidades de verse afectados por la pérdida de puestos de trabajo, la erosión de los ahorros y eLos estudios muestran con claridad que los trabajadores de bajos ingresos y poco cualificados  tienen más probabilidades de votar a los partidos populistas que los grupos de población con mayor poder adquisitivo y con más formación. El desigual nivel de daño  económico y humano que experimentan los votantes de bajos ingresos es la incubadora perfecta para una política polarizada y populista.

Asimismo, hay que tener en cuenta que la tendencia al populismo no terminará cuando finalice la crisis sanitaria. La desigualdad de ingresos también suele aumentar cuando se produce una recuperación económica. Los ricos tienden a poseer activos financieros o negocios. Por lo tanto, sus ganancias iniciales son más abultadas en comparación con la población en general. Y la automatización y otros cambios estructurales en los mercados laborales también pueden ser más rápidos durante las primeras fases de las recuperaciones.l deterioro del acceso al crédito. Además, la desigualdad en materia de salud los hace más susceptibles al propio virus, con tasas de mortalidad más elevadas.

Políticos bajo presión
Tras proporcionar un apoyo financiero sin precedentes a los ciudadanos y a las empresas, algunos dirigentes de ciertos países han disfrutado de un impulso en su popularidad. Sin embargo, la historia sugiere que no mantendrán ese favor por mucho tiempo. Si bien la generosidad del gobierno ha ayudado en el corto plazo, lo cierto es que no cura las desavenencias en las sociedades.

A largo plazo, los daños económicos y humanos de una crisis crean problemas potenciales para los políticos. Las decisiones sobre cuándo y cómo poner fin a los confinamientos, las segundas olas de contagio y cómo eliminar gradualmente la ayuda financiera, son factores que plantean riesgos para los líderes políticos de los partidos tradicionales. Para los populistas, esto presenta oportunidades para ganar apoyos.

Para los países con partidos populistas que ya están al mando, los errores son un claro riesgo para su propia credibilidad. Por ejemplo, la campaña de reelección del presidente Trump ya se está viendo definida por la crisis. En particular, la prematura reapertura de la economía ha llevado a un aumento de las tasas de infección, lo que le ha costado apoyo de los votantes.

En términos más generales, los populistas de derecha han aprovechado la crisis para reforzar sus ideologías nacionalistas, como los controles de inmigración. En EE.UU., el presidente Trump se refiere al Covid-19 como el "virus chino". Esto ha servido para avivar la rivalidad estratégica entre los dos países. En Hungría, el líder populista Orban está aprovechando la crisis para tomar el poder, deteniendo a los disidentes y cuestionando las pruebas del coronavirus.

No es sólo la economía

El populismo no se refiere sólo a la economía. Es también una reacción a un cambio social y cultural más profundo. De manera alarmante, algunos estudios han revelado que la cifra de muertes por la gripe española a finales de la década de 1910 mostraba una correlación positiva con los votos obtenidos por los extremistas de extrema derecha en la siguiente década. También hay pruebas de que la gripe española tuvo efectos negativos duraderos en la confianza social y el crecimiento económico durante décadas. Si se echa la vista aún más atrás, los datos muestran que la Peste Negra exacerbó el antisemitismo.

Esta pandemia puede desatar potencialmente fuerzas similares. Las economías con tendencias populistas preexistentes, sistemas de votación proporcional, extrema susceptibilidad a la crisis y limitado margen de maniobra política son las más vulnerables. Italia es uno de esos países, con ramificaciones para la estabilidad de la Unión Europea en general.

El populismo conlleva claros riesgos para la legitimidad política, la transparencia económica y el futuro de la globalización. Se necesitará una política audaz y de apoyo para hacer frente a las desigualdades de ingresos, las desigualdades regionales y al temor social a nivel nacional y transnacional. Sin embargo, el riesgo de que la política no alcance esta transformación es elevado. De ahí que la fragmentación y la polarización que se desarrolló a partir de 2008 sean fuentes aún más importantes de riesgo político para los inversores en el mundo posterior al coronavirus.

Stephanie Kelly, economista política de Aberdeen Standard Investments

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