Mercados

Los indicadores agregados monetarios solían causar furor en Estados Unidos. La Reserva Federal (FED) comenzó a recoger esos datos en la década de 1940 y se impuso objetivos para el crecimiento de la masa monetaria desde finales de 1970. En cualquier caso, en las últimas décadas estas estadísticas han dejado de estar tan de moda. Desde finales de 1980 y 1990, la relación entre el crecimiento de  la M1 y la M2 y las medidas de actividad económica como el PIB y el gasto de los consumidores se debilitó (Ver gráfico 2). Como respuesta, la FED eliminó sus objetivos de crecimiento de masa monetaria en el año 2000 y dejó de recoger datos de M3 en 2006. Debido a esta situación, ¿deberíamos tomar muy en cuenta la caída de estos indicadores agregados en los últimos trimestres? Posiblemente no, especialmente porque algunos de estos indicadores podrían, de hecho, actuar como distorsionadores en el periodo post-crisis.

La expansión del balance de la FED en la década siguiente representó un aumento radical de la base de masa monetaria, que se llegó a cuadriplicar después de 2008. Parte de este incremento refleja un aumento en las reservas del banco central, las distorsiones de algunos agregados de la masa monetaria más generales han sido mucho más pequeñas (ver gráfico 3). En cualquier caso, la M1 y la M2 todavía crecieron a ritmos del 14% y el 8%, respectivamente, en medio de la crisis de 2009, lo que sugiere algún efecto sobre esas medidas.

Dejando a un lado las estadísticas monetarias, podemos mirar a las tendencias en el crédito para buscar signos de salud económica. En este frente, hay pocos motivos para alarmarse. Los créditos comerciales e industriales se han incrementado un 4,7% en tasa anualizada en los últimos seis meses, lo que sugiere que estamos en un entorno optimista de las condiciones del crédito. Por el lado del consumidor, tanto los créditos hipotecarios como al consumo se han mantenido estables en un respetable 2,4% y 4,9% en tasa anualizada en el mismo periodo. El crecimiento actual, mientras tanto, permanece robusto. De hecho, el gasto de los consumidores parece estar experimentando un buen rebote desde la caída temporal del primer trimestre y el estrechamiento del déficit comercial sugiere que el comercio va a impactar positivamente en el segundo trimestre. Por eso, vemos pocas razones para creer que hay una recesión en camino. 

 

Gráficos para el artículo


Uno de los temores que ha girado en torno al quantitative easing (QE) cuando comenzó la primera vez fue el enorme aumento de la base de masa monetaria que se iba a canalizar rápidamente a la economía, creando un crecimiento desenfrenado e inflación. Este, claramente, no ha sido el caso, lo que refleja en términos técnicos una caída en la velocidad en la que el dinero penetra en la economía. En cualquier caso, el entonces presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, alertó en 2009 que esta expansión debería retirarse cuando los mercados de crédito y la economía comenzaran a recuperarse. Una década después, la FED está en ese proceso. Continúa acelerando de forma mecánica la reducción de activos que compra bajo el programa del QE mientras que usa los tipos de interés a corto plazo como herramienta principal para desarrollar su política monetaria.

Desde este lado, la FED subió en junio tipos por segunda vez este año, tal y como se esperaba. El Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC en sus siglas en inglés), también actualizó sus previsiones para los tipos de interés, y la media estima ahora dos subidas más en 2018 y tres más en 2019. Si se analiza en profundidad, esto ha sido posible porque uno de sus miembros ha pasado a ser más hawkish en lugar de más favorable a mantener laxa la política de monetaria. En cualquier caso, la media del comité en los últimos seis meses ha pasado a ser más proclive a más subidas de tipos y más aceleradas. Esperamos que esta evolución continúe a medida que el estímulo fiscal comporte un riesgo de sobrecalentamiento de la economía y seguimos esperando dos subidas más este año, cuatro en 2019 y una en 2020.  

James McCann, Economista senior global 
  

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