Emergentes Turquía

2018 ha sido un año difícil para los mercados emergentes (ME) en el que el principal índice ha perdido aproximadamente un 10%1. El sentimiento negativo ha respondido a las crecientes tensiones comerciales entre EE. UU. y China, al aumento de los tipos de interés, a la apreciación del dólar y a las crisis de Turquía y Argentina. Ante esta situación, las bolsas han caído. ¿Es hora de sacar su dinero de los ME?

Si bien es cierto que los periodos de volatilidad pueden resultar bastante incómodos, creemos que es importante analizar los acontecimientos con una perspectiva de largo plazo. En ese sentido, no solo pensamos que los ME serán capaces de capear el temporal, sino que tienen potencial para generar robustas rentabilidades.

¿Qué ha provocado las correcciones?
Las turbulencias que vienen sufriendo los mercados emergentes responden a diversos factores, entre los que destaca la amenaza de una guerra comercial entre EE. UU. y China. El enfrentamiento entre los dos países ha tenido como consecuencia la imposición de sucesivos aranceles a la importación de distintos productos, una escalada que culminó a finales de septiembre, cuando el presidente Trump impuso un arancel del 10% a 200.000 millones de dólares en productos chinos. El conflicto ha lastrado el sentimiento en los mercados emergentes, sobre todo en Asia. Los inversores temen que las tensiones vayan a más y acaben desestabilizando el comercio mundial. ¿Qué probabilidades hay de que ocurra algo así?

Guerras comerciales
Aunque no lo podemos descartar por completo, nos parece muy poco probable que ocurra algo así. Para empezar, conviene poner en contexto la última tanda de aranceles. Pese al ruido que han generado, el impacto económico hasta la fecha ha sido más bien limitado (0,1% de la producción económica de China, según los últimos datos). En segundo lugar, a la hora de valorar las negociaciones hay que tener en cuenta qué persigue la administración estadounidense. La postura actual es coherente con el principal objetivo político de Trump: enfrentarse a China en términos económicos y estratégicos y recuperar empleos en el sector manufacturero nacional. Cuando el presidente considere que ha logrado sus objetivos, es posible que veamos un cambio de postura. Después de todo, y pese a las grandilocuentes declaraciones públicas de sus dirigentes, EE. UU., México y Canadá tardaron relativamente poco en alcanzar un acuerdo sobre la versión revisada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), que ahora ha pasado a denominarse Tratado Estados Unidos-México-Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés). Además, las condiciones pactadas se asemejan mucho a las del tratado anterior. Por eso no nos sorprendería que la disputa comercial entre EE. UU. y China se saldase con una «victoria» parecida, algo que a Trump le podría interesar tras los decepcionantes resultados que obtuvo el Partido Republicano en las recientes elecciones de mitad de legislatura.

Dejando de lado los aranceles, las autoridades chinas se han mostrado dispuestas a respaldar la economía del país, como demuestra la inyección de 22.000 millones de dólares en el sistema financiero a través de su facilidad de financiación a medio plazo. Esta medida se aplicó tras el levantamiento oficial del límite sobre la participación extranjera en gestoras de activos y bancos nacionales. Esperamos que los dirigentes chinos mantengan este tipo de ayudas, cuando y según sea necesario. Teniendo en cuenta el peso de China en la economía mundial, estas medidas contribuirán a la estabilidad de los mercados emergentes y, sobre todo, de Asia.

No son los mercados emergentes
Un factor quizás más importante es la fortaleza del dólar estadounidense, que se está viendo impulsado por las subidas de tipos de la Reserva Federal y la expectativa de una política monetaria más restrictiva. La apreciación de la divisa estadounidense ha perjudicado a los países con un elevado volumen de deuda denominada en dólares, como Turquía y Argentina.

En el caso de Turquía, el gobierno y el sector corporativo cometieron el error de ir acumulando grandes cantidades de deuda denominada en dólares que pensaban repagar con los ingresos obtenidos en liras turcas. La brusca depreciación de la lira, junto con la política monetaria obstinadamente acomodaticia que ha mantenido el país durante gran parte del año, hacen que ahora sea mucho más difícil repagar la deuda en dólares. Además, los prestamistas se muestran mucho más reticentes a conceder nuevos préstamos porque les preocupa el deterioro de la calidad de los activos. El clima político de Turquía y, sobre todo, las dudas con respecto a la independencia de su banco central, también han afectado a la estabilidad de los mercados.

No obstante, en nuestra opinión, Turquía y Argentina son la excepción y no la norma. Al fin y al cabo, el MSCI EM solo incluye ahora mismo a Turquía, que representa menos del 1% del índice. Por eso, las pérdidas serán mínimas. Obviamente, siempre existe la posibilidad de un contagio, como ya ocurrió durante la crisis asiática de los años noventa. Sin embargo, la mayoría de las economías de mercados emergentes son mucho más solventes a día de hoy que en la década de los noventa. Los niveles de deuda como porcentaje del PIB son relativamente bajos, con vencimientos más largos, y ahora los bancos centrales de las economías emergentes mantienen muchas más reservas en dólares. Además, un porcentaje mucho mayor de la deuda se emite en moneda local, lo que reduce el riesgo de divisa. Las instituciones fiscales y de política monetaria también han mejorado y los mercados de deuda han ganado madurez y profundidad. Por último, durante la crisis asiática, un gran número de países registraba amplios déficits por cuenta corriente que lastraban sus reservas en divisa extranjera. Ahora, la mayoría de los países no muestran unos desequilibrios tan grandes.

Un atractivo abanico de opciones
Pese a la debilidad que han mostrado últimamente los mercados emergentes, siguen ofreciendo multitud de oportunidades interesantes para los inversores en renta variable que sigan un enfoque activo
A lo largo de la última década, la mejora de las condiciones económicas ha contribuido a una notable expansión del universo de renta variable de ME. Desde 2003, el número de empresas de mercados emergentes de todo el mundo en las que invertir se ha multiplicado por cuatro. Numerosas organizaciones de ME ya superan a sus competidoras del mundo desarrollado en diversos mercados y sectores de alta especialización como electrificación, automatización, inteligencia artificial o aprendizaje automático. Además, las valoraciones de mercados emergentes muestran un descuento con respecto a los mercados desarrollados muy superior a su media histórica. Por eso, la reciente volatilidad está generando oportunidades interesantes para invertir en compañías de calidad con potencial para obtener rentabilidades superiores a largo plazo.

Así que, pese a las turbulencias que están sufriendo los ME, la clase de activo sigue representando una oportunidad atractiva para los inversores que estén dispuestos a adoptar un enfoque de largo plazo.

1 Fuente: Índice MSCI Emerging Markets, del 1/1/2018 al 13/11/2018

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