Muralla china

A finales de este mes, artículos valorados en 50.000 millones de dólares que van desde electrodomésticos, productos de electrónica, componentes de automóviles y muchos otros se verán sujetos a los aranceles de Estados unidos. Los clientes normalmente buscan nuestra opinión sobre el impacto potencial de esta escalada en las disputas.  

Los posos del té político son difíciles de leer, y nosotros no podemos alardear sobre cómo hacerlo. Pero ser un inversor de largo plazo nos ayuda a evitar tener que predecir cuál será el próximo movimiento político. 

Nos mantenemos al día del desarrollo del conflicto y de qué puede implicar para nuestras carteras. Nosotros tomamos el pulso de cómo va la economía a través de las compañías en las que invertimos. Muchas de ellas ya han anunciado los resultados del primer semestre, lo que nos da una buena oportunidad para determinar su estado de salud. 

Hemos visto una caída del mercado A de acciones de China del 25%  desde finales de enero. Más allá de las disputas comerciales, los inversores se preocupan por la desaceleración del crecimiento de la economía china y del impacto del desapalancamiento.  Las caídas de esta clase son típicas de un mercado dominado por los minoristas en el que los inversores venden primero y piensan después. 

Cuando analizamos este mercado vemos aspectos muy saludables en segmentos determinados. Hemos aprovechado la reciente volatilidad para introducir compañías de calidad en nuestras carteras regionales y chinas en las que ya habíamos puesto la vista encima, pero cuyas valoraciones se habían convertido en un factor complicado hasta ahora.

De la misma forma creamos posiciones en algunas compañías durante la corrección del mercado chino en 2015-2016. Esto nos permitió beneficiarnos del rally del mercado desde el año pasado en el que esas compañías poco seguidas rebotaron debido a sus fortalezas inherentes. Nosotros siempre tratamos de sacar ventaja de las ventas indiscriminadas que no dejan ver ninguna clase de deterioro en los fundamentales de las empresas.  Esa mala valoración nos ayuda a darnos cuenta del verdadero valor de las empresas de calidad que poseemos. 

A pesar de las turbulencias, mantenemos una perspectiva positiva sobre China en el largo plazo. Creemos que la economía seguirá creciendo bien, apoyada por un gran mercado de consumo, el aumento de la riqueza y una mayor urbanización. Miramos al futuro para entender los beneficios a largo plazo de las medidas de desendeudamiento del gobierno y los esfuerzos reformistas para corregir las debilidades domésticas estructurales. 

Muchos analistas esperan que la caída del superávit comercial y esta escalada de las disputas comerciales conduzcan a una caída del yuan y del mercado. Pero Beijing ha dado pasos para mantener su economía en un rumbo estable introduciendo recortes de impuestos a la inversión en capital y acelerando la emisión de bonos locales. Esto demuestra que el apoyo al crecimiento será una prioridad si es necesario. Esperamos ver a los políticos caminar con extremo cuidado para fomentar el crecimiento del crédito a medida que aflojan las restricciones sobre los préstamos de la banca en la sombra, el shadow lending.

Mientras que China ha anunciado que impondrá sus propias tarifas de “ojo por ojo” a productos de Estados Unidos valorados en 60.000 millones de dólares, su represalia por el comercio será limitada porque sus importaciones estadounidenses son insignificantes. En términos generales, vemos tres opciones para Beijing: restringir la actividad comercial de EE. UU. en China; devaluar el yuan; y vender bonos del Tesoro de los Estados Unidos.
Los más probables son los dos primeros. Beijing puede tomar represalias tanto formal como informalmente contra las empresas de Estados Unidos cuyas ventas dependen de China o están creciendo en este país. La correspondiente disrupción en los ingresos y la volatilidad de las acciones puede dar a Beijing algún poder de negociación. En lo referido a la depreciación, creemos que es más probable que el gobierno expanda el rango de fluctuación del yuan antes que iniciar una guerra de divisas total, ya que grandes salidas de capital pueden generar el riesgo de complicar la oferta interna de moneda, dados los esfuerzos de desapalancamiento de China. 

En realidad, gran parte del valor añadido incorporado en las exportaciones chinas hacia Estados Unidos se origina en otras economías asiáticas como Malasia, Corea del Sur y Tailandia. Ellos están mucho más abiertos a comerciar de lo que lo está China, con lo que es probable que el gran impacto de la sanciones se sienta en cualquier otro lugar de la región. En un mundo de cadenas de suministros integradas, las tarifas son una herramienta contundente con la que perseguir los objetivos de la política comercial.

Aunque los impactos negativos de esta disputa comercial no serán claramente visibles hasta finales de este año, los datos ya sugieren que las economías asiáticas ya se están viendo afectadas. El PIB de Corea del Sur se ha ralentizado en el último trimestre ya que las exportaciones y el consumo privado se han moderado. Los últimos aranceles de bienes chinos afectarán a las compañías japonesas que exportan componentes a China continental para su ensamblaje.

La naturaleza multilateral del proteccionismo comercial de los Estados Unidos, más allá de China y el efecto de aranceles sobre la confianza empresarial, los mercados financieros y las represalias de terceros países para mantener los productos dirigidos a sus propios mercados, corren el riesgo de un mayor shock potencial para el crecimiento. Seguiremos observando de cerca los eventos y comprando acciones de calidad una vez que pensemos que se han infravalorado.

Hugh Young, director de Asia Pacific, Aberdeen Standard Investments 

 

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