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Una combinación explosiva: bajos niveles de crecimiento, política monetaria expansionista y populismo político


Escrito 29 Jul

La combinación de unos bajos niveles de crecimiento económico, una política monetaria acomodaticia y el auge del populismo político sienta la base para entender tanto los desencadenantes como las consecuencias de la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea (UE). Esta misma base se puede aplicar a los inminentes referendos de Italia y Hungría, y a las elecciones de Australia, Francia, Alemania y EE. UU.

El mensaje es claro: los mercados no pueden ignorar el riesgo de acontecimientos políticos adversos en cualquiera de estos países.

Los desencadenantes de la decisión del Reino Unido de abandonar la UE fueron numerosos y las consecuencias del referendo persisten. Los historiadores se encargarán de hacer una valoración completa de ambos. Sin embargo, por ahora el marco operativo viene dado por una combinación de crecimiento, política y populismo.

Bajos niveles de crecimiento económico. El crecimiento real del PIB del Reino Unido ha registrado una media del 2,0 % anual en los seis años posteriores a la crisis financiera, muy por debajo del 2,9 % anual de la década anterior a la crisis. El crecimiento real de los beneficios ha sido negativo de media en los años posteriores a la crisis, frente al 2,5 % anual que se registraba con anterioridad. Los niveles de confianza del consumidor también han caído durante este periodo. El crecimiento económico que se ha generado no parece haberse distribuido de forma homogénea entre las diferentes clases sociales y regiones.

Política monetaria acomodaticia. La respuesta política a los bajos niveles de crecimiento económico ha sido una relajación extraordinaria de la política monetaria por parte del Banco de Inglaterra (BoE), en forma de bajos tipos de interés y expansión cuantitativa. Esto ha servido de apoyo a la economía y ha evitado unos resultados de crecimiento peores. Sin embargo, el efecto de los estímulos proporcionados por la política monetaria se ha hecho sentir con mucha más intensidad en los precios de los activos que en la economía real. El índice de renta variable FTSE 250 (más representativo de la economía doméstica del Reino Unido que el FTSE 100) se sitúa un 34 % por encima de sus niveles máximos previos a la crisis, pero la economía en sí solamente ha crecido un 7 % durante el mismo periodo. Por otra parte, los rendimientos de los bonos británicos se sitúan en mínimos sin precedentes, lo que significa que sus precios son elevados. Este impulso de los precios de los activos ha agravado la distribución heterogénea del crecimiento después de la crisis. La política fiscal, que podría haber generado un crecimiento económico más integrador, ha adoptado un papel secundario en la reactivación de la economía.

Aumento del populismo político. En conjunto, los efectos de los bajos niveles de crecimiento y la relajación de la política monetaria han generado una sensación de descontento con el orden económico y político establecido cada vez mayor y han provocado la búsqueda de respuestas fuera del orden convencional en estos ámbitos. Un ejemplo de ello es el importante aumento del voto popular de partidos políticos distintos de los conservadores, laboristas y liberal demócratas en el Reino Unido, que ha pasado de una media del 4,9 % en el periodo de posguerra a aproximadamente el 24,8 % en las elecciones generales de 2015. El propio resultado del referéndum es la expresión más reciente de este sentimiento contra el orden establecido.

Este marco sugiere también la dirección que puede que emprenda ahora la economía británica. Mientras se negocia la nueva relación del país con la UE, es probable que las repercusiones de la incertidumbre se hagan sentir sobre una tasa de crecimiento económico ya deslucida. Sin embargo, una nueva relajación de la política monetaria y la depreciación de la libra esterlina deberían compensarlo en parte. Dado que los tipos de interés ya se sitúan en niveles bajos y que el margen para relajar la política monetaria es limitado, también se está utilizando la política fiscal para incentivar la economía. El (actual) ministro de economía, George Osborne, ha dejado de lado su mandato fiscal de alcanzar un superávit para 2019/2020 y ha anunciado sus planes de reducir el impuesto de sociedades. No cabe duda de que las expectativas de relajación de la política monetaria parecen haber favorecido al FTSE 250, que ha recuperado cuatro quintas partes del retroceso que experimentó inicialmente tras el referendo. Mientras tanto, en Escocia el malestar popular por el resultado del referendo ha provocado el regreso a la agenda de cuestiones constitucionales relacionadas con la independización del Reino Unido.

Es posible que estas fuerzas se hagan notar de nuevo en los múltiples referendos y elecciones que tendrán lugar en Europa y EE. UU. durante los próximos 18 meses: un referendo sobre la reforma constitucional en Italia, un referendo sobre las cuotas de refugiados en Hungría, la repetición de las elecciones presidenciales en Austria, todo ello en octubre; las elecciones presidenciales estadounidenses en noviembre; y las elecciones generales en los Países Bajos, Francia y Alemania en 2017. El crecimiento del PIB después de la crisis –en todo el mundo salvo en Alemania– se sitúa por debajo de las tendencias registradas con anterioridad, la relajación de la política monetaria –en detrimento del estímulo fiscal– ha sido la respuesta política elegida y los sondeos sugieren que el sentimiento populista va en aumento en todos los países.

La preocupación más urgente es Italia. El referendo trata sobre la propuesta del primer ministro, Matteo Renzi, de reducir el papel de la cámara alta del parlamento, eliminando así un obstáculo para sus esfuerzos asociados a una necesaria reforma estructural. Sin embargo, Renzi ha cometido el error táctico de vincular su propio futuro político al resultado del referendo –en caso de que no obtenga la aprobación para la reforma constitucional, es probable que dimita–. Por tanto, el referendo proporciona un caldo de cultivo para el sentimiento populista contra el orden establecido, que se ha intensificado como consecuencia de una media de crecimiento del PIB italiano negativa en los años posteriores a la crisis y de un sector bancario que soporta el peso de un enorme libro de préstamos impagados y la política de tipos de interés negativos del Banco Central Europeo. Si como consecuencia del referendo se produce la dimisión de Renzi y unas elecciones generales, existen posibilidades de que el euroescéptico Movimiento 5 Estrellas, que actualmente ocupa el segundo lugar a poca distancia del Partido Democrático de Renzi en los sondeos de opinión, forme el próximo gobierno. El riesgo de que Italia sea «la próxima pieza del dominó en caer» no se puede descartar.

El creciente éxito de los movimientos y los políticos populistas en diversas economías avanzadas no solo es la consecuencia de los bajos niveles de crecimiento económico y de una respuesta política que ha hecho más por inflar los precios de los activos que por la actividad económica real, sino también un obstáculo para el tipo de reformas estructurales que ofrecen más posibilidades de estimular el crecimiento económico mundial. Con independencia de que los políticos populistas lleguen o no al poder, es probable que su influencia se haga sentir a través de una reorientación de las prioridades políticas, evitando unas reformas económicas estructurales dolorosas pero necesarias y en favor de políticas que contentan a las audiencias nacionales. En los países del sur de Europa, esto significa ejercer presión sobre Bruselas y Berlín para que moderen los objetivos fiscales. En el norte y el este de Europa, probablemente significará mayores obstáculos en materia de inmigración. Y en EE. UU. puede que signifique un rechazo a los acuerdos de libre comercio como los que defendían las anteriores administraciones. Nada de esto sugiere que la economía mundial vaya a salir a corto plazo del hoyo en el que se encuentra; en efecto, no hace sino intensificar los riesgos bajistas, ya significativos, para el crecimiento mundial.

 

Paul Diggle

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