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La semana pasada estuvo marcada por las actas de los bancos centrales, la "resaca" del Brexit y los nuevos datos de empleo. Así,  tras unas actas de los bancos centrales que tras el Brexit parecen quedarse obsoletas, pero de la que podemos sacar algunas conclusiones, a matizar tras el dato de empleo. El referéndum británico que centró las preocupaciones de ambos bancos centrales, invitando a la prudencia desde la FED y con reconocimiento de una incertidumbre de difícil valoración en el BCE. ¿Qué pensarán ahora, particularmente la FED, una vez que este riesgo se ha materializado? ¿Pesará más el factor internacional que los datos?

Actas que mostraron a una Reserva Federal pendiente del empleo, con optimismo cauto sobre las perspectivas económicas, pero preocupación creciente sobre el escaso dinamismo de la inversión más allá de la debilidad en sectores puntuales (minería y petróleo). Y esto último es compartido también en Europa, donde los datos industriales siguen siendo flojos, aunque las encuestas, en una y otra zona, apuntan a mejora para los próximos meses. En la semana, los datos finales de pedidos de bienes duraderos en EE UU, y la producción industrial- pedidos de fábrica alemanes decepcionaron. Subidas de tipos condicionadas en EE UU. Paciencia y necesaria confirmación desde los datos, pero muchos miembros de la FED apuntaron a la importancia de no retrasar en exceso la próxima subida…

Y, así, toda la atención puesta en los datos del mercado laboral, con una creación de empleos no agrícola muy por encima de lo esperado (287k vs. 180k est.), incluso eliminando el efecto de la huelga de Verizon (28k empleos) y una revisión neta de las últimas cifras (6k puestos menos) que no neutraliza la potente cifra de junio. Dato que tuvo también sus “menos”, con una tasa de paro al alza (4,9% vs. 4,8% est.), parcialmente explicable desde el ligero repunte de la participación de la fuerza laboral.