Nuestro Economista Jefe,  Steven Bell, evalúa las perspectivas de las economías y los mercados para el año que ahora empieza.

Al empezar el año, el mundo parece un lugar muy diferente, con la reflación como tema de actualidad. La victoria de Trump se considera, en general, el motor de cambio fundamental: desde luego que cambia las perspectivas, debido a sus compromisos con la expansión fiscal y su actitud con respecto al comercio.

Sin embargo, un análisis más profundo sugiere que los cambios ya estaban produciéndose y, en retrospectiva, parece que el alcance del «estancamiento secular» se había exagerado. En efecto, diversos indicadores clave apuntan a que la economía mundial llevaba sanando desde hace un tiempo. Un indicador clave, el índice PMI manufacturero mundial de JP Morgan, repuntó el pasado mes de mayo, poniendo fin a varios años de ralentización.

La política monetaria ha desempeñado un papel eficaz en este proceso de sanación, pero parece haber alcanzado sus límites, pues los tipos negativos han tenido efectos decepcionantes en Europa y Japón. Las autoridades fiscales deben recoger el testigo y parece que Trump está dispuesto a continuar por dicha senda. Falta por ver si otros países seguirán sus pasos.

Antes de fijarnos con más detenimiento en EE. UU., parece razonable comprobar la salud de China, la otra potencia económica global. El proceso de sanación también resulta visible en aquel país. El respaldo estatal al mercado inmobiliario y el incremento de la inversión pública se evidencian en la mejora de los datos del PMI chino. Y lo que es más importante, la inversión privada también ha empezado a invertir su tendencia. En 2017, las autoridades parecen dispuestas a seguir actuando, al menos hasta el pleno de octubre, y esperamos que la trayectoria ascendente de la economía continúe, una evolución cíclica positiva que debería generalizarse por toda la región.

¿Potenciará la política fiscal estadounidense las rentabilidades? 

En Estados Unidos, el desempleo es muy bajo y el excedente de capacidad es muy limitado. Por consiguiente, no es probable que la expansión fiscal en ese país proporcione muchos más puestos de trabajo, pero sí que provoque un repunte de la inflación, las importaciones y los tipos de interés. Esta evolución será un factor determinante sobre las rentabilidades de la inversión a lo largo de 2017.

Con la previsión de rebajas fiscales y un aumento del gasto de en torno al 2 % del PIB, las medidas fiscales de Trump suponen un cambio significativo, sobre todo si tenemos en cuenta la situación actual de la economía estadounidense. Efectivamente, la economía estadounidense ya está relativamente saneada. Los consumidores parecen gozar de buena salud financiera y los bajos niveles de deuda y un crecimiento de la renta razonable respaldan el gasto. En una situación igualmente buena se encuentran las empresas: el crecimiento del beneficio por acción de las compañías del S&P 500 pasó a ser positivo antes de la victoria de Trump y se espera que haya seguido mejorando en el cuarto trimestre de 2016. Por otro lado, los márgenes se están contrayendo, una evolución a la que normalmente le ha seguido una recesión. Sin embargo, ante las tendencias generales de sanación, vemos pocas perspectivas de que esto ocurra finalmente en 2017.

El Reino Unido y Europa

Tras el resultado del referéndum sobre el brexit, muchos, entre los que me incluyo, esperábamos que la economía británica entrase en recesión. Aunque esto no ha sucedido, desde luego que la libra esterlina ha sufrido una caída espectacular y la economía británica se ha ralentizado significativamente. Los datos del empleo han sido flojos y la inversión está disminuyendo, lo que no sorprende si tenemos en cuenta los niveles de incertidumbre.

En cambio, Europa parece evolucionar de forma sorprendentemente positiva, aunque en parte se debe a que el consenso era excesivamente pesimista. Esto supone un gran respaldo para el Reino Unido. De hecho, en el índice de sorpresas económicas de Citigroup, Europa es la región más sólida del mundo.

Repercusiones para los mercados de inversión

Con la subida de los tipos de interés estadounidenses y la fortaleza del dólar, a los mercados les costará avanzar y si bien la renta variable es nuestra clase de activos preferida, la mejora de los datos económicos podría provocar un repunte de los bonos y una caída de las acciones en algún momento determinado. En el plano sectorial, parece que las tendencias recientes van a mantenerse, con un mejor comportamiento de los sectores con una orientación cíclica y dificultades para los valores equivalentes a bonos. Las perspectivas de los mercados emergentes siguen siendo difíciles, ya que la fortaleza del dólar pesa más que las ventajas del mayor crecimiento. No obstante, 2017 podría ser el año en que la renta variable europea despunte finalmente, dejando atrás un lustro de decepciones.

 

Los puntos de vista y opiniones expresados, a los que ha llegado BMO Global Asset Management, no deberán interpretarse como una recomendación o incitación de compra o de venta de ninguno de los productos que se puedan mencionar. Las rentabilidades pasadas no deben considerarse una indicación de las rentabilidades futuras. El valor de las inversiones y los ingresos provenientes de las mismas pueden disminuir al igual que aumentar como consecuencia de oscilaciones de los mercados bursátiles o las divisas, y los inversores podrían no recuperar el importe invertido originalmente.