Douglas Reed, estratega global y economista del equipo de renta variable asiática y de mercados emergentes de Newton, parte de BNY Mellon 
 
"Independientemente de quién gane las elecciones, tendrá que poner remedio de forma urgente al déficit fiscal de Brasil. Pese a que el déficit primario - la diferencia entre los gastos del estado y la recaudación de impuestos - ha mejorado en los últimos dos años, pasando de representar el 2,7% del PIB al 1,4% actual, el déficit general – que es lo mismo pero deduce los pagos de intereses de la deuda gubernamental existente - sigue siendo muy alta (7,3%) y el nivel total de deuda sobre el PIB se ha disparado, pasando del 62% del PIB en 2014 hasta el 84% que marcó a finales del año pasado.

Uno de los principales motivos por los que la suerte de Brasil cambió en 2016 fue el anuncio y la posterior aprobación de medidas legislativas, incluida una modificación de la Constitución, para limitar el gasto público y evitar que el gasto gubernamental (excluido el coste de los intereses) aumentase en términos reales a lo largo de la siguiente década. Para poder hacer efectiva esta medida, es necesario acometer una profunda reforma del costoso sistema de pensiones actual. La administración Temer presentó una propuesta de reforma en febrero que fue bloqueada por el Congreso, probablemente porque la cuestión goza de muy poca popularidad entre las bases de muchos partidos y estamos en año electoral.
 
Los mercados estarán por tanto muy atentos al resultado electoral. Jair Bolsonaro se considera el candidato más afín al mercado porque ha declarado que se dejará asesorar por el economista Paulo Guedes, formado en la Universidad Chicago. Fernando Haddad es lógicamente el candidato por el que se decantan los más preocupados por la austeridad, ya que se ha mostrado públicamente contrario a limitar el gasto público. La eliminación de este límite probablemente se interpretaría como algo negativo, incluso aunque se aumentasen los impuestos para intentar reducir el déficit.
 
En cualquier caso, y aunque el nuevo gobierno adopte un enfoque prudente para reparar las finanzas del país, Brasil tendrá que afrontar años de dura austeridad fiscal para equilibrar su presupuesto, lo que probablemente lastrará el consumo y nos lleva a pensar que la escasa tasa de crecimiento que registra el país perdurará en el tiempo".

 

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