La propagación de los smartphones en el universo emergente ha potenciado la educación y acelerado los flujos de noticias. Además, ha permitido a determinadas industrias eludir el desarrollo de infraestructura tradicional occidental y está influyendo en los flujos de capital. Colm McDonagh, director de deuda de mercados emergentes en Insight Investment, describe cómo el teléfono inteligente está cambiando la dinámica de las economías emergentes.

Durante un reciente viaje de trabajo a China, la aplicación WeChat fue una descarga esencial para los miembros del equipo de renta fija de mercados emergentes (RFME) de Insight Investment. Colm McDonagh, su director, afirma que cada vez más gente paga mediante su teléfono en lugar de en efectivo o con tarjeta de crédito en el universo emergente. Su expectativa es que esta tendencia va a acelerarse, y menciona la previsión de que un 85% de los pagos electrónicos en China se realizarán por teléfono móvil en 2019. 

La escala de esta tendencia coloca al gigante asiático por delante de la mayoría de los mercados occidentales. McDonagh destaca que las transacciones electrónicas en China totalizaron 12,77 billones de dólares desde enero a octubre de 2017. Para poner esta cifra en contexto, en el sistema occidental PayPal se realizaron operaciones 451.000 millones de dólares durante un periodo de tiempo similar. 

“Esto tiene muchas implicaciones que apenas hemos empezado a comprender. Esta desintermediación se está produciendo con una rapidez excepcional. Creo que los negocios P2P (entre pares) son bastante importantes; de hecho, las industrias tradicionales han dejado de construirse. En nuestros propios mercados, los bancos están cerrando sucursales en el marco de la digitalización. En muchos países emergentes, no necesitan construir sucursales en cada ciudad porque ya no es tan importante contar con un activo físico. De repente, sectores enteros que hemos desarrollado en Occidente ya no son aplicables del mismo modo en los emergentes”, comenta. 

Por ejemplo, estos mercados están prescindiendo de la red de telefonía fija existente en las economías occidentales, lo cual permite mayores niveles de crecimiento y de acceso a educación. McDonagh destaca que en muchos mercados emergentes ha sido sumamente difícil construir redes físicas de telefonía fija, debido a las enormes distancias y a lo accidentado que puede ser el terreno. Además cita como ejemplo una compañía telefónica en Filipinas llamada PLDT. “En las Filipinas, el terreno es difícil (islas, montañas, e incluso volcanes), pero esta empresa tuvo éxito porque se concentró en el desarrollo de capacidad de telefonía móvil”, explica. 

“En ciertas partes de África, hasta hace poco, si uno quería realizar una llamada telefónica tenía que viajar hasta 12 horas hasta la línea terrestre más cercana, cuya fiabilidad era incluso mediocre. Hoy en día, es posible realizar operaciones online con un teléfono móvil en toda África, desde compraventa de ganado hasta servicios financieros. Esto no podría haber sucedido de haber sido necesario instalar una cantidad ingente de línea fija en todo el continente; en lugar de ello, uno puede construir más torres de telefonía móvil de forma más sencilla. De este modo, la rentabilidad de este tipo de negocios es excepcionalmente elevada”. 

Los smartphones también han conducido a una mayor equiparación en el intercambio de información entre economías emergentes, donde los cursos por internet han mejorado el acceso a la educación. Asimismo, han acelerado el acceso al ciclo de noticias de 24 horas, lo cual a su vez afecta a la política y a la volatilidad del mercado, afirma McDonagh: 

“¿Cuándo se trata de mero ruido, y cuándo de información genuinamente útil? Creo que es importante intentar diferenciar entre ambos, porque debemos reconocer que la cantidad de ruido hoy en día ha aumentado de forma considerable.” 

Si combinamos esto con la mayor capacidad de transferir dinero a través de teléfonos móviles, podría conducir a un mayor cambio en los flujos de capital. La inmediatez permite a la gente hacer pagos con mayor rapidez como respuesta a acontecimientos particulares, o debido a opiniones concretas sobre política o desarrollos, añade.

La tan loada tendencia de urbanización en los mercados emergentes también está potenciando el uso de smartphones. “Se produce una aglomeración de personas, de ideas. Veremos una aceleración de todo tipo de negocios y servicios a través de teléfonos inteligentes. Pese a vivir en grandes ciudades, el modo en que conecta la gente es mucho más digital que físico.” 

¿Cómo se traduce todo esto en oportunidades de inversión en mercados emergentes? McDonagh afirma que los impactos son variados, y que no han hecho más que empezar: “Significa que los inversores están cambiando su planteamiento a la hora de invertir en el universo emergente. En lugar de considerar invertir en deuda pública de mercados emergentes, la verdadera pregunta es ¿en qué modalidad? ¿Debo invertir en mercados emergentes con calificación A o BBB? ¿O bien en mercados de calidad B o en situación precaria? También altera el modo en que los inversores asignan sus carteras por clases de activo. ¿Prefieren deuda denominada en divisa local o en divisa fuerte? 

“Estamos convencidos de que los inversores deberán ser un poco más rápidos y flexibles en adelante, ya que adoptar una postura estructural a largo plazo ya no siempre tiene sentido. Creo que ha llegado el fin de la beta (aunque seguramente acabará volviendo algún día).” 

McDonagh afirma que los inversores tendrán que definir de forma más específica qué exposiciones van a adoptar, y ser conscientes de cuáles serán los motores de volatilidad a partir de ahora.

“La arquitectura financiera está cambiando ante nuestros propios ojos, y pienso que los inversores deberán invertir de forma más selectiva, quizá con horizontes ocasionalmente más cortos (de dos a tres meses, no de días). Desde la perspectiva de un gestor de cartera, debo decir que esta transición representa un momento absolutamente fascinante en el que invertir en mercados emergentes”, concluye. 

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