Industry 4.0 —el nombre que le damos a la cuarta Revolución Industrial— utiliza la tecnología inteligente para reforzar los procesos de fabricación, hacerlos más eficientes y adaptarlos más fácilmente a las necesidades de los clientes.

Promete la integración de la automatización, los datos, los análisis y la fabricación para posibilitar nuevos modelos de negocio y de explotación. En las ‘fábricas inteligentes’, la informática y la robótica se combinan de una manera totalmente novedosa. Los robots estarán conectados remotamente a sistemas digitales equipados con algoritmos de aprendizaje automático. Estos sistemas analizarán la información procedente de fábrica y controlarán las líneas de producción con una mínima aportación de los seres humanos.

Las líneas de producción futuras emplearán solo a una fracción de las personas que actualmente las ocupan, por lo cual el ímpetu de que la producción se realice en sitios de bajos salarios decrecerá en importancia. Posiblemente también haya una mayor necesidad de ingenieros de software, que deberán monitorizar in situ sistemas cada vez más complejos, y decrecerá la necesidad de mano de obra manual.

Por estos motivos, Industry 4.0 podría suponer una mayor inversión en producción dentro de Europa y EE.UU. En consecuencia, es posible que se invierta el traslado de la producción hacia economías de bajos salarios (como México y Bangladés) que tuvo lugar a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Inevitablemente, una revolución de esta magnitud posiblemente transformará la distribución económica, tanto entre países como entre mano de obra y capital. A largo plazo, estas podrían ser las consecuencias más significativas de Industry 4.0.

Equipo de Global Equities de Walter Scott

 

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