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Perspectivas: En busca de mayor inflación

Perspectivas: En busca de mayor inflación

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A medida que los pronósticos de inflación disminuyen en todo el mundo, economistas y participantes del mercado debaten sobre si los bancos centrales están aplicando políticas adecuadas para el mundo moderno. En este artículo ponderamos algunos de los cambios que podrían producirse y sus implicaciones potenciales. 

Los marcos monetarios no son estáticos, sino que evolucionan

Durante casi veinte años, las estrategias de modulación de la inflación se han considerado muy efectivas

Tras la crisis inflacionaria que caracterizó a la década de los setenta, la mayoría de los bancos centrales comenzaron a investigar modelos alternativos para evitar periodos recurrentes de inflación elevada. A finales de los ochenta, el ministro de finanzas neozelandés, Roger Douglas, inició una consulta para reformar el modo en que se establecía la política monetaria en el país, con la intención de separar el papel del banco central de la esfera gubernamental. El Banco de Reserva de Nueva Zelanda se hizo independiente en 1989 y se le asignó un solo objetivo: “Formular e implementar una política monetaria dirigida a lograr y mantener la estabilidad del nivel general de precios en la economía”. Dicha estabilidad se definió claramente como una inflación situada dentro de un rango del 0% al 2%.

Tal decisión fue emulada por Canadá en 1991 y por el Banco de Inglaterra en 1992. En Europa, el Banco Central Europeo (BCE) se constituyó en 1998 con un mandato de “estabilidad de precios”, definida por el comité de gobierno como una “inflación inferior al 2%”. La Reserva Federal estadounidense aplicó una política menos formal hasta 2012, año en que su presidente, Ben Bernanke, anunció que la entidad adoptaría un objetivo de inflación del 2%. El Banco de Japón no tardó en implementar la misma medida, en 2013.

Los bancos centrales podrían estar perdiendo la fe en la modulación de la inflación

La falta persistente de presiones inflacionarias (figura 1) ha puesto en duda el papel de las estrategias de modulación de la inflación, y podríamos hallarnos ante un nuevo punto de inflexión en el marco de política monetaria bajo el que operan los bancos centrales. La Fed se ha embarcado en una revisión de su estrategia, herramientas y prácticas de comunicación en torno a su política monetaria. Esta revisión evaluará las nuevas herramientas empleadas como respuesta a la crisis financiera global y considerará si las existentes son adecuadas para lograr y mantener el pleno empleo y la estabilidad de precios, o si este herramental debería ampliarse.

La Fed ha sido el único gran banco central en endurecer de forma significativa su política monetaria desde la crisis, pero le preocupa que el nivel neutro de los tipos de interés haya disminuido, lo cual plantea preguntas sobre la capacidad de la política monetaria para dar respaldo a la economía durante bajones económicos. Al perseguir un objetivo de inflación en un solo momento futuro, también teme haber endurecido su política con demasiada rapidez, con la expectativa de que la fortaleza económica —con el paro en su nivel más bajo de los últimos 50 años— se traduzca en una tendencia de inflación ascendente más sostenida de lo que ha sido el caso.

Las tendencias desinflacionarias se han prolongado más de lo previsto

Durante la crisis financiera global surgió una brecha de producción considerable en todo el mundo, con altos niveles de desempleo y exceso de capacidad en muchas industrias. La intensidad de la contracción condujo a un largo periodo de recuperación, durante el cual la inflación permaneció obviamente limitada. Pero a pesar de que las brechas de producción se han cerrado y que el paro está disminuyendo, la inflación no ha logrado una tracción significativa. Aunque algunos comentaristas todavía asocian los bajos niveles de inflación con la crisis, otras tendencias a largo plazo están dificultando más si cabe la pronosticación de los niveles de precios:

Cambio demográfico

En muchas economías desarrolladas se está produciendo un cambio estructural: la proporción de personas de más de 65 años de edad no deja de aumentar. Este proceso está muy avanzado en Japón, cuya población se halla en pleno proceso de compresión: se estima que pasará de 128 millones de personas en 2010 a 87 millones en 2060. El efecto inflacionario o desinflacionario de este cambio es objeto de acalorado debate, pero está claro que tendrá consecuencias, como por ejemplo un aumento de la demanda de activos generadores de renta. En un informe publicado en mayo de 2018 sobre el vínculo permanente entre demografía e inflación1, el Banco de Pagos Internacionales (BPI) determinó que la inflación es más alta cuando existe una mayor proporción de personas dependientes con edades inferiores o superiores a la edad de trabajar (es decir, menores de 20 años o mayores de 64 años). Los expertos del BPI sostienen que el nivel de inflación actualmente bajo obedece a la proporción decreciente de gente joven en las principales economías, donde el aumento de la tercera edad todavía no basta para compensarlo. En la práctica, es probable que solo podamos constatar el pleno efecto de estas tendencias a posteriori.

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