Tal como presagiamos a principios de año, el repunte de los mercados de renta variable se concretó como contrapunto al pánico registrado a finales de 2018, alimentado por el giro de 180 grados de la Fed¹ con respecto a sus objetivos de normalización de su política monetaria² . Naturalmente, cabe plantearse si existen grandes probabilidades de que este repunte se mantenga a lo largo de los próximos meses.

La desaceleración económica sigue su curso y los puntos de vulnerabilidad continúan estando presentes

Desde el sinfín de incertidumbres políticas de Europa a Estados Unidos hasta la problemática del sobreendeudamiento en un contexto nuevo de debilitamiento del crecimiento, los mercados podrían hallar sobrados motivos para justificar un regreso a la prudencia este año. Estos importantes retos para la confianza y, por ende, para el crecimiento, entrarán, a lo largo de los próximos meses en sus fases decisivas. Constituyen, por tanto, una fuente de preocupación a corto plazo. 

Sin embargo, esta realidad poco atractiva se ve aumentada, o en todo caso mitigada, por un panorama central objetivamente apaciguado con respecto al año pasado. No en vano, los mercados han tomado nota de la ralentización económica que está teniendo lugar, al igual que los bancos centrales, que han dejado atrás su compromiso de normalización monetaria a marchas forzadas.

La confluencia entre el ciclo económico y la política monetaria constituyó el telón de fondo de los mercados en 2018, pero ya no es el caso este año

Ahora, reina más bien la atonía, que favorece unos mercados veleidosos, en una recuperación lenta y delicada tras la colisión de 2018. A principios de 2019, se perfila un aterrizaje global más o menos suave de las economías mundiales, atemperado por unas políticas monetarias que han visto neutralizados sus objetivos de endurecimiento.

«En esta fase de ralentización, la dispersión de las rentabilidades entre los distintos valores podría constituir un notable catalizador de la rentabilidad, al contrario que en 2018»

En este contexto y habida cuenta de los niveles actuales, las perspectivas para los índices de renta variable corren el riesgo de brillar por su mediocridad. En cambio, en esta fase de ralentización, la dispersión de las rentabilidades entre los distintos valores podría constituir notable un catalizador de rentabilidad, al contrario que en 2018, cuando el análisis sobre la dirección de los índices demostró ser mucho más decisivo para la rentabilidad. 

En particular, la renta variable de empresas con una valoración todavía razonable y capaces de defender sus márgenes e impulsar su crecimiento debería poder anotarse una prima de calidad considerable en una situación económica que, según nuestras previsiones, será peor este año. Una consideración similar sobre la prioridad que se debe otorgar a la selección de títulos este año en lugar de a realizar grandes apuestas direccionales se aplica a los mercados de renta fija, en particular, en el caso de la deuda corporativa.

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¹La Fed es el banco central de Estados Unidos. Esta institución se encarga de definir la política monetaria estadounidense y tiene por objetivo el pleno empleo, la estabilidad de los precios y el control de los tipos de interés a largo plazo.
²La política monetaria hace referencia al conjunto de medidas emprendidas por un banco central para influir en la actividad económica, principalmente a través de la oferta de dinero en circulación y de los tipos de interés.
 
* Fuente: Bloomberg, 28/02/2019
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