El déficit presupuestario y las finanzas del gobierno norteamericano se han deteriorado en los últimos años. Este deterioro es algo inusual en esta etapa del ciclo, ya que el déficit disminuye generalmente cuando el crecimiento es sólido y el desempleo es bajo.

Estados Unidos tiene una libertad fiscal sustancial que se refleja, entre otras cosas, en que emite deuda denominada únicamente en su propia divisa – la moneda de reserva mundial nada menos, sin un rival creíble en el horizonte. Además, EEUU disfruta de una política monetaria independiente, con un largo historial cumpliendo sus obligaciones de deuda, unos mercados de capitales fiables y eficientes, un gobierno estable, un estado de derecho fuerte y una economía vibrante e innovadora.

En este escenario, no esperamos un abismo fiscal a corto plazo para Estados Unidos. Sin embargo,  eso no significa que su libertad  fiscal sea ilimitada, ya que si su deuda aumenta, aumentarán  ineludiblemente los costes de los intereses de esta deuda. De hecho, estos intereses ya están empezando a aumentar, aunque, tomando como referencia el porcentaje del producto interno bruto (PIB), todavía están por debajo de lo que estaban en décadas anteriores, debido a que las tasas de interés están más bajas.

Por otra parte, según los estándares históricos, el déficit presupuestario de EEUU es moderado: alrededor del 2,5% del PIB, lo que representa una reducción de más del 6% en comparación con antes de la crisis financiera.

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