La tecnología 3D se está introduciendo en el sector inmobiliario con unas ventajas muy sólidas y prometedoras.

Una impresora 3D es simplemente un desarrollo posterior de la tradicional impresora de inyección de tinta, solo que, en lugar de abastecerse con cartuchos de tinta, utilizan polvo de plástico o de aluminio, siendo capaces de reproducir milímetro a milímetro la estructura diseñada previamente en el ordenador.

La tecnología 3D abre perspectivas muy atractivas para la industria de la construcción, ya que se invierte en menos tiempo y con menos material de un modo más sostenible. Ante este escenario, las previsiones también son optimistas: para 2030, en Dubái se espera que una cuarta parte de las edificaciones se construyan a partir de esta técnica de impresión.

Como era de esperar, este desarrollo tecnológico tiene también un componente empresarial, pues el bajo coste de estas viviendas hará que más personas puedan permitirse una casa. En concreto, la consultora McKinsey calcula que ya en 2025 habrá 440 millones de familias en todo el mundo que necesitarán una vivienda segura y asequible.

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