Sin repartir ni un solo céntimo como dividendo, Barón de Ley ha creado mucho más valor del que han aportado otras empresas españolas a sus accionistas en la última década con pagos en efectivo.

La política de retribución de la compañía de viñedos se ha convertido en un gran reserva centrándose únicamente en recomprar acciones propias para después amortizarlas, una mecánica con la que ha reducido el capital un 40% desde 2005.

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