La guerra de divisas ha vivido una gran transformación en 2015, ha pasado a un tablero más complejo. En septiembre de 2010, el ministro de Finanzas de Brasil, Guido Mantega, advirtió que el mundo se encontraba "en medio de una guerra de divisas internacional". Los distintos países luchaban por devaluar sus divisas con el objetivo de hacer sus economías más competitivas y agarrarse al pobre crecimiento mundial. En pleno 2015, el tablero ha pasado a centrarse en la deflación.

La caída del petróleo, de los salarios y la débil demanda mundial han provocado una fuerte presión a la baja en los precios de todo el mundo, en una corriente que los economistas han acordado enmarcar dentro de un proceso de desinflación. Si bien una caída de precios puntual es una buena noticia, ya que eleva la renta disponible, un descenso prolongado puede afianzar un proceso deflacionista peligroso. "Si fallamos en la inflación, no tendremos crecimiento", alerta David Bloom, jefe de divisas de HSBC.

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